La intervención crítica de Guillermo Saccomano en la Feria del Libro

Verdades a puño escritas con birome

Tensiones y realidades de una industria editorial en crisis. Su discurso de apertura sigue dando mucho por debatir sobre el rol del escritor y la sociedad. Las contradicciones e injusticias que puso de manifiesto, en el corazón del predio de La Rural, constituyen un hecho inédito en la historia de la feria.

Oriol Texidor

Texto y fotos: Raúl Caliva

Un salón con un fino y lujoso decorado,  confortable y espacioso, fue el lugar que reunió alrededor de 800 personas, entre ellas , autoridades políticas nacionales, cuerpo diplomático, escritores, editores y referentes de la industria editorial como invitados. El escenario estaba armado y la cinta celeste y blanca extendida lista para ser cortada.

Presentados los oradores por la locutora, Ariel Granica, el presidente de la Fundación del Libro, fue el primero en hablar. Hizo un extenso repaso de todo lo acontecido desde la edición de 2019 de la Feria Internacional del Libro y del estado de situación actual del sector. Luego pasó Enrique Avogrado, el ministro de cultura de CABA y Tristán Bauer, ministro de Cultura de la Nación, también ambos con modestas y correctas posturas para celebrar el regreso del evento cultural más importante de Latinoamérica, después de dos años de ser interrumpida por la pandemia. Por su parte, la representante por La Habana (la ciudad invitada de honor 2022), Tatiana Viera Hernández hizo un encendido discurso en defensa de la fraternidad cultural entre Cuba y Argentina y por supuesto, fue previsible que denunciara el bloqueo económico norteamericano que sigue sufriendo la isla desde hace décadas.

Hasta ahí, la gala de inauguración -en la cual Plataforma GAIA estuvo presente- venía marchando sobre los carriles normales del protocolo y de las definiciones positivas respecto a la “fiesta de la palabra” o sobre el apoyo a la cultura desde el Estado. Sin embargo, cuando tomó el micrófono el escritor Guillermo Saccomanno, que fue contratado (él mismo lo anunció) para dar el discurso inaugural, se desató un vendaval de palabras, potentes y cargadas de verdades: “A algunos no les va a gustar…”, anticipó al comienzo de su intervención.

Con poder de fuego. El escritor Saccomanno, con audacia, elevó un discurso provocador y de fuertes críticas en el corazón simbólico del poder económico concentrado y a los representantes de la industria del libro.

El autor de ‘El oficinista’, ‘Cámara Gesell’ y ‘Amor invertido’, entre otras novelas exitosas, hizo una fuerte crítica hacia las condiciones sociales y materiales que tiene la producción editorial argentina y apuntó crudamente, sin tapujos, sobre la situación de desventaja que tienen los escritores ante un mercado híperconcentrado y de la lógica mercantil que tiene la propia feria. Además, atacó a los oligopolios del papel que son quienes tienen el poder para elevar los costos de producción; la debilidad política que está teniendo el Estado actualmente ante los factores del poder real y cuestionó, por si fuera poco, que la feria le siga pagando el alquiler al predio de la Sociedad Rural, nada menos que un símbolo de la oligarquía terrateniente argentina.

Entre los presentes que estaban ubicados en las primeras filas, se ubicaban escritores de renombre como Silvia Schujer, Enzo Maqueira, María Inés Krimer, Gustavo Nielsen, Canela, Ana María Shua, Alicia Genovese, el ex director de la feria Oche Califa y el periodista Carlos Ulanovsky. Lejos de sonrojarse, el auditorio se mostró efervescente y aplaudió cada misil que lanzaba el protagonista a sus blancos predilectos.

Sin dudas, su intervención fue histórica y de honestidad intelectual pura. Ese discurso, que lo tenía titulado como ‘Un oficio terrestre’ -escrito a mano con birome negra- le puso nombre y apellido a muchos conflictos y tensiones que existen desde hace bastante tiempo en torno al debate cultural que se evade -o se niega- muchas veces en este tipo de ámbitos institucionales. Al atestiguar semejante acto de valentía, resultó hasta un hecho inédito que, en el corazón del mercado literario, un artista consagrado y reconocido se haya manifestado con un claro posicionamiento político y social ante la realidad cultural de un país que tiene en pugna la distribución de la riqueza y varias otras cuentas pendientes.

 

«La falta de papel se debe a la menor producción de las dos empresas productoras de papel para hacer libros. Una es Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural, escenario en el que hoy estamos. La otra empresa es Celulosa Argentina. Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers”

Munición gruesa

Entre muchos aspectos, Saccomanno empezó a disparar munición gruesa por la cuestión del papel, que ante la inflación y los desequilibrios generado por la pandemia, se vio encarecido su acceso, pero por otro lado, acusó sobre la enorme concentración en pocos dueños, de la producción de insumos para la producción de libros: “para las editoriales pequeñas y medianas se torna muy difícil planificar la edición e impresión de libros. La falta de papel se debe a la menor producción de las dos empresas productoras de papel para hacer libros. Una es Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural, escenario en el que hoy estamos. La otra empresa es Celulosa Argentina. Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers”.

Su insatisfacción ante este panorama, desde su punto de vista de autor continuó: “Los oligopolios […] han destinado su producción a papel para embalar o para cajas, y no tanto al papel de uso editorial. Para hacer un libro de unas 160 páginas, con una tirada de 2.000 mil ejemplares, se necesitan entre papel interior y papel de tapa más de 150.000 pesos de inversión. Un editor independiente proponía como solución la intervención del Estado […] imprimir un libro de 290 páginas cuesta tres cuartos de un millón de pesos, aproximadamente más de 700.000 pesos. Además, vaya detalle, no son pocos los autores que pagan una parte de la edición con tal de ver publicada su obra”.

No dudó tampoco en expresar lo que siente y piensa de la Feria del Libro, que al mismo tiempo de haber sido invitado y contratado para dar su discurso, Saccomanno se quedó en el acto de apertura y blanqueó las contradicciones existentes en torno a ella: “La Feria siempre me generó tensión. Y no sólo porque uno se topa con un injuriante pabellón Martínez de Hoz, que homenajea al esclavista y saqueador de tierras indígenas, antepasado del tristemente célebre economista de la última dictadura. Decir Feria implica decir comercio. Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura, aunque la misma se adjudique este rol. En todo caso, es representativa de una manera de entender la cultura como comercio en la que el autor, que es el actor principal del libro, como creador, cobra apenas el 10% del precio de tapa de un ejemplar”

 

Bajo la lupa. Más allá de las actividades culturales que genera la Feria del Libro, Saccomanno, apuntó a su carácter comercial y que el escritor, el trabajador intelectural, es el más débil eslabón de una cadena, donde el grueso de las ganancias quedan en otras manos.

De manera contundente, dio una definición sobre la literatura que él lee y sobre la que le interesa trabajar, aquella que “no baja línea” : “me limito a narrar hechos y describir. Procuro una narración realista que puede ilustrar los porqués de mi tensión en esta Feria y preguntarme cuánto en ella, más allá de las presentaciones de libros, mesas redondas y debates, es su real interés en la literatura, su significación. A esta Feria, queda claro, le importan más los libros que más se venden, que, como es sabido, suelen ser complacientes con la visión quietista del poder. Conviene quizá que lo aclare: la literatura que me interesa – trátese de ensayo, poesía, narrativa -, ilumina, perturba, incomoda y subvierte”. Sin embargo, no deja de soslayar que, ante las crisis económicas, que fueron golpeando a la industria editorial, tampoco escapa de un contexto más grave aún: resulta, que se hace insoportable que Argentina tenga el 40% de su población en situación de pobreza. «De qué forma puede pretenderse a que un niño aprenda a leer o asimile el hábito de la lectura y del conocimiento, cuando ni siquiera previamente no ha asimilado alimento alguno».

“¿Es una paradoja o responde a una lógica del sistema que esta Feria se realice en la Rural, que se le pague un alquiler sideral a la institución que fue instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros?»

En otro párrafo de su discurso, le dedicó especial atención a una incomodidad que siempre estuvo presente y sobre la que pocos escritores se expresan: “¿es una paradoja o responde a una lógica del sistema que esta Feria se realice en la Rural, que se le pague un alquiler sideral a la institución que fue instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros?  […] Si la Feria le paga una fortuna a la Rural, esto justifica la cuantiosa cifra del alquiler de los predios de los expositores. De modo que quien visita esta Feria, debe contemplar que al costo de la entrada debe sumarle el precio del libro. Alguna vez esta Feria tuvo como lema propiciar la relación del autor con el lector. La sombra del dinero enturbia, como vemos, la naturaleza de esa conexión”.

Por último, finalizó su exposición reafirmando su condición de escritor, que para él es un oficio irrenunciable: “La vida es breve, uno escribe contra la fugacidad. Escribir es el intento muchas veces frustrado de capturar instantes de belleza, registrarlos para que sobrevivan a pesar de la finitud. Se escribe en soledad, pero no ajeno a las contradicciones de lo social. Hace falta una gran tolerancia al fracaso para este oficio. “Escribo porque sufro”, dice John Berger. Y lo dice “con la esperanza entre los dientes”. Y esta es una verdad que no se transa […] con la conciencia de que este discurso pronto será olvido”.

 

“La vida es breve, uno escribe contra la fugacidad. Escribir es el intento muchas veces frustrado de capturar instantes de belleza, registrarlos para que sobrevivan a pesar de la finitud. Se escribe en soledad, pero no ajeno a las contradicciones de lo social».

Un símbolo de injusticia. Entre los cuestionamientos que hizo el autor de ‘Cámara Gesell’, dio un tiro certero a la conciencia y al sentido común: ¿Por qué se sigue haciendo la Feria del Libro en un lugar cuyos dueños apoyaron dictaduras que reprimieron a artistas argentinos y quemó libros?

Cuestionar al Poder en su casa

Previsiblemente, al día siguiente, su intervención crítica en este contexto de apertura de la Feria del Libro, generó un aluvión de reacciones, de parte de escritores y autores, unos a favor y otros en contra. Los intentos de descalificación y de bajarle el precio a su relato de “infantilizado”, vinieron de parte de escritores que se sienten muy cómodos ideológicamente en las páginas de Clarín y La Nación, corporaciones socias y afines ligadas justamente a la Sociedad Rural. Nada nuevo bajo el sol.

Otros en cambio, lo reivindicaron, como es el caso de Claudia Piñero, al decir “ocupó el lugar de escritor que a veces dejamos pasar por temor o por pereza”, comentó en Infobae.

Pero el punto central, fue que, con su discurso, aportó mucho para debatir, para pensar y para sacudir el polvo a viejas estanterías y esquemas que fueron naturalizándose con el tiempo. Y lo hizo desde la sinceridad en describir una realidad que merece y necesita de una discusión más elevada y más crítica, que por estos días, hay mucha carencia.

A Saccomanno, no le preocupan las críticas de aquellos escribas y voceros que fielmente representan ese poder concentrado hegemónico y cultural que está presente en los grandes medios. Plantarse a denunciar que, la feria como evento cultural y comercial, le siga pagando el alquiler a una Sociedad Rural, que promovió y se benefició de las dictaduras que persiguieron y asesinaron a escritores y enviaron a quemar libros, se lo puede ver como un acto de liberación. Y por qué no decirlo, en el lugar más indicado.

Al mismo tiempo, demuestra lo urgente de discutir abiertamente al Poder, poniendo las cosas en su lugar, con las justas palabras. Por eso, sostuvo Saccomanno que, como escritor no puede vivir aislado de una sociedad que sostiene y tolera injusticias y desigualdades. Tampoco puede quedarse en la torre de marfil y no decir nada, cuando (el 1% más rico de la población tiene el 82% de la riqueza generada en el mundo y en el país, sólo el 10% concentra el 68% de la riqueza total mientras que el 50% más pobre sólo accede a un 3,5%) solo algunos pocos tienen el derecho de vivir facinerosamente en su abundancia. Si el resto de los mortales, debe esperar que las migajas caigan en esa falsa copa del derrame, tal como el pensamiento único quiere convencer que es el único modelo a seguir y que impone aceptarlo con la boca callada, Saccomanno en cambio, desde su lugar como trabajador de la cultura, les puso real sentido a las palabras que eligió para su discurso inaugural, con su birome negra en la mano, y que oportunamente seguirán resonando por mucho tiempo más.

Sobre Guillermo Saccomanno: un escritor que provoca.

Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1948 en el barrio de Mataderos. Considera que la labor del escritor, debe ser esencialmente una tarea de escuchar y comprender. En 1972 se inició como guionista de historietas, oficio que lo llevaría a colaborar con los grandes dibujantes argentinos como Alberto, Enrique y Patricia Breccia, Leopoldo Durañona, Arturo del Castillo y Francisco Solano López, tanto para  publicaciones nacionales y europeas. Con el guionista Carlos Trillo compiló la Historia de la Historieta Argentina. Además, es guionista de la series El Condenado, una saga protagonizada por un fugitivo de la cárcel de la Isla del Diablo; y la otra, Leopoldo, una historia fantástica que transcurre en Buenos Aires. También escribió el guion de 24 horas (Algo está por explotar), película dirigida por Luis Barone.Su primer libro de poemas fue ‘Partida de caza’, y se consagró con ‘Prohibido escupir sangre’, su primera novela en 1984. A partir de entonces, desarrolló una abundante obra narrativa. En su recorrido literario, recibió premios importantes como el Primer Premio Municipal de Cuento, el Premio Konex, el Premio Nacional de Novela, Premio Seix Barral de Narrativa Breve, Premio Club de los XIII, Premio Rodolfo Walsh y dos veces el premio Dashiell Hammett. Actualmente es columinsta de Página 12 y de su suplemento Radar, donde publica comentarios de libros y artículos sobre poesía. 

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