Pablo Cordonet, humorista
“Vivimos en un mundo que ya se comió el futuro en el peor de los sentidos”
El comediante estará nuevamente en San Juan para presentar su nuevo espectáculo “Vengo de los 80’s”. Es un viaje en el tiempo, para reencontrarse con una época que marcó a toda una generación de argentinos. En diálogo con Plataforma GAIA, postuló varios conceptos primordiales que fundamentan su propuesta.
Raúl Caliva I 06-06-2026
Si el mundo estaba sumido en una Guerra Fría, algo dividido entre dos concepciones ideológicas diferentes y antagónicas entre sí durante el decenio de 1980 a 1990, Argentina no podía escapar a ese estado caótico que fue aquella época. Una etapa contradictoria, de fuertes rupturas y de grandes transiciones. Desde vaticinar que el siglo XX llegaba a su fin y que la historia terminaría en un invierno nuclear, hasta la masiva invasión del pop en el entretenimiento, lo cotidiano y lo cultural.
Entre la dolorosa salida de la Dictadura Cívico-Militar de 1976 -después de la tragedia vivida con la Guerra de Malvinas- hasta la recuperación de la democracia y el florecer de múltiples expresiones artísticas que configuraron las bases para este tiempo contemporáneo, en los años ’80, se condensa todas esas situaciones y sigue hasta el día de hoy, generando todo tipo de reinterpretaciones, evocaciones, revisiones y retrospectivas.
En otras palabras, una época bastante difícil de comprender, pero que sí despierta no solo nostalgia, también curiosidad y de afecto en una generación que sirvió de “puente” entre el mundo analógico y el mundo digital.
Creo que somos una generación muy anecdótica. Cuando la gente se encuentra en esa rosca de su propio pasado, ahí empieza a producirse la magia.
De ese cúmulo de recuerdos, objetos, sonidos, voces y otras cosas más, se valió Pablo Cordonet para construir un relato humorístico sobre qué significó vivir esos alocados años ’80. De esta manera, el actor, músico y comediante, se para en el escenario para decir bien fuerte y con convicción “Vengo de los 80’s”.
Su nuevo espectáculo de stand up, representa un viaje en el tiempo para reencontrar al público con esa esencia, con aquella “época en la que todo tenía otro sentido” y que, a la vez, parecía que todo lo nuevo que aparecía en ese momento, era “el futuro”.
El mismo artista lo define como “el mapa sentimental de toda una generación”. En este mapa, hay desde viejos amores, objetos preciados, una buena dosis de inocencia y esas promesas de un futuro totalmente incierto y desconcertante.
En el marco de una gira nacional, Pablo actuará este sábado en San Juan y el domingo en Mendoza para despuntar una narrativa que hará conmover y reír sin parar. Tras haber tenido una grata experiencia en sus anteriores presentaciones en Sala Z, con “Multiverso”, ahora Pablo busca asegurarse esta plaza local para afianzar su propuesta unipersonal que combina humor costumbrista, teatro y música.
En una conversación distendida y abierta con Plataforma GAIA, Pablo se preguntó: “¿qué hubiera pasado si nuestra vida no hubiera empezado en los ’80. Donde todo empezaba desde un lugar tecnológico, artístico, fue un comienzo, de algo nuevo. A partir de eso empecé a limpiar un poco más las ideas. Fui buscando lo absurdo, porque en esos años, había cosas que nos parecían muy graves y resulta que hoy ya son estupideces. Viéndolo a la distancia, toda esa época nos resulta pintoresco”, formuló el humorista.
El juego en el barrio nos dio la pertenencia a la tribu, a la barra. Todo eso hizo tener una vida distinta a la actual y en ese sentido fue mucho más disfrutable.
Por supuesto que, en todo show de stand up, la conexión con las experiencias personales para construir un relato humorístico, no debe faltar.
“Tengo 47 años y arranqué mi vida en 1978. Recuerdo cómo era mi casa de barrio, cómo eran nuestros juguetes, nuestras salidas, nuestras madres, nuestros hermanos, nuestros padres, las fiestas que existían. A medida que avanzo, el público va desbloqueando recuerdos con una canción, con un juguete o con una película y desde ese instante, empezamos todos a divertirnos. Creo que somos una generación muy anecdótica. Cuando la gente se encuentra en esa rosca de su propio pasado, ahí empieza a producirse la magia desde un lugar referencial, de mi parte, pero también desde un lugar común, que me parece que una de las cosas más importantes es cuando pones en valor cualquier discurso, cualquier monólogo, cualquier texto humorístico: la empatía con el público”, sostuvo Cordonet desde el lugar donde se para para encarar el show.
Sin embargo, el comediante va más allá y define, desde su perspectiva, lo que caracterizó esta década tan particular y todavía cercana para los que tengan un poco más de 40 abriles. “Me parece los 80’s trajeron una idea renovadora de lo que iba a ser el mundo o de lo que podría venir al mundo hasta ese entonces. Sobre todo, en las clases medias bajas de Argentina. Nos acercó la posibilidad de recrearnos y de abandonar el monocromo del tiempo pasado. Nos creímos que fue el comienzo del final de siglo, que tuvo tantas guerras y tantos cambios violentos, que nos había dado cierta esperanza que eso algún día terminaría. Justamente, la idea vino, primero con un gran triunfo del movimiento tecnológico”, comentó el artista.
A lo que, fue profundizando en su argumento: “Empezaron las telecomunicaciones de otra manera, la televisión cambió del blanco y negro por el color. La música la teníamos encima en el cuerpo con el walkman. En el país, ni más ni menos que el final de una dictadura y el comienzo de una vida distinta a partir de una nueva democracia. Eran tal los cambios, que los 80’s fue el inicio de algo totalmente nuevo. Un gran comienzo”.
Se murieron muchas utopías, porque vivimos en un mundo que ya se comió el futuro en el peor de los sentidos
Pero no todo era color de rosa y tan mágico como se prometía, puesto que varias ilusiones y utopías, fueron rompiéndose en las décadas siguientes. “Sí, las cosas empezaron a fallar al poco tiempo. Se murieron muchas utopías, porque vivimos en un mundo que ya se comió el futuro en el peor de los sentidos. Si bien en esos años, se empezaba a tener, por ejemplo, cierta idea de la robótica y esto de que la máquina podría hacer sufrir al hombre, hoy ya la cosa paso a que lo humano, se está perdiendo”, afirmó Cordonet.
En este sentido, Pablo explicó lo fundamental de esta etapa, era que se vivía más en comunidad y lo hace partiendo de su propia vivencia en el barrio en que le tocó criarse: “Cuando nos tocaba jugar de chicos, lo hacíamos siempre con otros. Realmente necesitábamos de otro para vivir y hacer las cosas. El mundo se construía en grupo, en conjunto. Una de las pérdidas más grandes que tenemos, es justamente eso, el final del colectivismo, el sentido de generar felicidad con los demás”.
Recuerdos desbloqueados
Por tal motivo, los efectos de la pandemia de COVID, como ha sido el aislamiento sanitario, evidenciaron que algo de toda esa experiencia se rompió y que todavía en el presente, cuesta reparar. “Con tener una computadora, en conexión con Internet, resultó un arma de doble filo. Podrías estar conectado con todo el mundo, pero a mí entender, todo eso fue falso, porque creo que no hay mayor estado de aislamiento que la estamos viviendo ahora”, dijo y lo resume así: “prevalece ahora la idea de ‘yo me arreglo, yo puedo. Si no llego, pues a otra cosa’. Bueno, nosotros teníamos otra idea, el juego en el barrio nos dio la pertenencia, a la tribu, a la barra. A los que les gustaba el fútbol, a lo que les gustaba algo más artístico, a los que les gustaba andar en bicicleta. Todo eso hizo tener una vida distinta a la actual y en ese sentido fue mucho más disfrutable. La interacción humana era lo primordial”, reflexionó.
Por todo esto, es que este espectáculo trata de rescatar esa aura, ese espíritu de época al escenario actual y poder, incluso, llegar a otras generaciones más jóvenes que sientan curiosidad y puedan comprender.
“Para mí fue una gran pérdida, pero lo bueno es que algunos como yo estamos tratando de rescatarlo para que nuestros hijos lo capten. Es difícil, porque el mundo te está diciendo todo el tiempo: ‘vos creátelo, que solo te arreglás’, pero es una trampa, porque no se hace nada solo en el mundo de la nada”.
Cuando ocurre en escena, ese instante de “Desbloqueo de recuerdos”, Pablo sostuvo que “los jóvenes de hoy claro que entienden el mensaje de esta obra, sienten mucha curiosidad, quizás ahora más a partir de esta serie Stranger Things, donde reflejó mucho esa cultura ochentosa, de un grupo de pibes que usaban una bandejita de aluminio y una lapicera, te hacían una antena para comunicarse con los amigos de E.T. Había algo ahí artesanal, lúdico que funciona muy bien y planeo el espectáculo desde un lugar absolutamente divertido. Y funciona en todos los niveles, a los que nacieron en el mismo tiempo que yo, a los que no han vivido y van aprendiendo y a los están más atrás, que siendo padres lo vivieron con sus hijos”.
Internet, resultó un arma de doble filo. Podrías estar conectado con todo el mundo, pero a mí entender, todo eso fue falso, porque creo que no hay mayor estado de aislamiento que la estamos viviendo ahora.
La generación analógica
Entrando en una nueva fase histórica, con una dinámica de la vida digital en expansión y el auge de la inteligencia artificial, en todos los ámbitos sociales y actividades humanas, paradójicamente, hay pequeños momentos de “refugio” donde se les da un valor especial a las tecnologías ochentosas. Lo vintage o lo retro suena con más frecuencia en ciertos círculos y grupos de interés, que si bien, puede verse minoritario, tiene alta intensidad en quienes lo expresan y experimentan.
Desde el retorno del uso de soporte físico para escuchar música en discos compactos, vinilos o cassettes, como también suceden en las películas u otros materiales culturales en DVD o los libros impresos. Aunque parezcan piezas de museo, la experiencia de lo analógico no murió del todo.
“Me acuerdo cuando mi viejo me mostraba su disco de vinilo de todas las bandas que escuchaba, los discos de The Beatles, esas cosas, por más que no le interese a alguien, o que diga que el presente es solo hoy y que el pasado no sirve de nada. No hay que engañarse. La historia siempre es necesaria. Honrar la historia de nuestros padres, nuestros abuelos, nuestro país, nuestro barrio, es un sentimiento que quizás te agarre cuando ya sos grande, pero lo tenés adentro toda la vida”, manifestó Pablo.
Al respecto dijo también: “cuando buscás tu origen, cómo te criaste, que sos consciente de dónde venís, todo tiene más sentido. Empieza a cobrar importancia la vivencia de tus viejos, la vivencia de tus abuelos, lo que le pasó a tu barrio y lo que le pasó a tu país. Es cierto, a veces estudiar la historia, con la manera que nos dieron en la escuela, nos rompió un poco las pelotas y decís, ‘para qué leer tanto’ y en estos momentos de crisis, no hay nada mejor que volver a la historia”.
Como el comediante, no se queda callado, hay otro motivo que más lo moviliza también: “en esta crisis tan grande de identidad que estamos teniendo, uno no puede dejar de sentirse argentino. El mudo te dice ‘vos sos ciudadano del mundo’ y no, las pelotas, soy argentino y quiero la historia de Argentina y yo soy parte de esa historia”, sintetizó.
No hay que engañarse. La historia siempre es necesaria. Honrar la historia de nuestros padres, nuestros abuelos, nuestro país, nuestro barrio, es un sentimiento que quizás te agarre cuando ya sos grande, pero lo tenés adentro toda la vida.
Para agendar
Vengo de los 80’s. con Pablo Cordonet estará el sábado 6 de junio a las 21 hs. en Sala Z (Pedro Echagüe 451 oeste). También, el domingo 7 de junio, en El Círculo Teatro (Olegario Andrade 510 segundo piso – Mendoza). Las entradas están en $30.000 y pueden adquirirse de manera anticipada por Passline y por EntradaWeb.




