Mauricio Dayub

“Me gusta el teatro que hace imaginar la historia al espectador”

En ‘El Equilibrista’, el actor trasforma las historias de su propio árbol familiar en una obra artística, poética, divertida, sensible y muy conmovedora, que logra conectar con la vida de cada persona, sin importar el lugar en el que se encuentre. La inmigración, el desarraigo, la memoria y la identidad están en el corazón de esta propuesta con la que llegará por segunda vez a San Juan.

Fogón

Por Romina Maina I 05.06.2026

“Mis abuelos que son los protagonistas de la historia jamás imaginaron que su propia vida iba a espejar la de tantos”, dice Mauricio Dayub a pocos días de subirse al escenario del Teatro Sarmiento con la multipremiada obra ‘El Equilibrista’.

La historia está inspirada en un viaje que el propio actor hizo a Italia donde pudo visitar la casa familiar. En ese lugar, rodeado de recuerdos, pudo conectar con sus propias raíces. Toda esta experiencia cimentó la estructura de una obra que ya transita su octava temporada superando las 900 funciones con gran éxito en Argentina y en el exterior.

La pieza aborda distintos temas –la identidad, los vínculos, el desarraigo– todos ellos, atravesados por la inmigración de sus abuelos que cruzaron el océano Atlántico hacia Argentina en la búsqueda de un futuro de mayor prosperidad.

“Mi abuelo tocaba el acordeón junto a una caja que decía ‘Frágil’. Una caja similar a la que mi padre usaba para guardar las obras de arte, que remataba. Mi abuela soñaba con cajas que no abría. Un día le conté que yo también soñaba con una. Me aconsejó que no la abriera. Cuando me animé, la abrí, y entendí a mi papá. Luego abrí otra, y comprendí a mis tíos. Hasta que, en la última, me encontré a mí. Mi abuelo había atravesado el mar con su acordeón, oculto en esa caja que decía ‘Frágil’. El mismo mar que tuve que atravesar yo, para saber de dónde venía. Ahora entiendo por qué”.

Así, se presenta el argumento de esta obra dirigida por César Brie que fue co-escrita por Patricio Abadi, Mariano Saba y el propio Dayub y estrenada en 2018 en su propia sala del Teatro Chacarerean de Palermo en 2018.

Desde entonces, ‘El Equilibrista’ ha cosechado importantes premios y reconocimientos. Entre ellos, el Premio ACE de Oro 2019, el máximo galardón otorgado por la Asociación de Cronistas del Espectáculo, a Mejor Actor en Unipersonal y Mejor Dirección. También recibió el Estrella de Mar de Oro y ganó en los rubros Mejor Espectáculo Unipersonal, Actuación Protagónica Masculina de Drama y/o Comedia Dramática y Mejor iluminación por sus temporadas en Mar del Plata; Premio Konex 2021; Premio «José María Vilches» y dos Premios «Trinidad Guevara».

El eco donde toca la obra esencialmente pareciera ser el mismo que es la familia, pero depende mucho del tipo de inmigración que haya tenido el país.

Recientemente ‘El Equilibrista’ estuvo de gira en República Dominicana antes de retornar a la Argentina para cumplir con fechas programadas en distintas provincias, entre las que se encuentra San Juan. En una charla telefónica con Plataforma GAIA, el artista habló de cómo esta obra impacta en cada lugar que visita y de qué manera, la esencia de la historia captura algo profundamente universal en los espectadores.

“En cada ciudad pasa algo extraordinario, porque el eco donde toca la obra esencialmente pareciera ser el mismo que es la familia. Pero depende mucho del tipo de inmigración que haya tenido el país”, cuenta Dayub. Para ejemplificarlo, recordó su paso por Miami e Israel donde el contacto con el público le hizo advertir cómo la historia de sus antepasados trasciende su propia vida personal para transformarse en un hecho histórico y colectivo:

“Allá nos pasó que los inmigrantes eran los espectadores que habían venido a ver la obra porque habían emigrado de Ecuador, Colombia, Venezuela o de la Habana. La emoción era mucho más profunda, porque eran ellos los abuelos en ese caso y estaban viviendo la inmigración en ese momento, por lo tanto, los tocaba de modo absolutamente distinto. En el hall yo notaba que los abrazos y también las palabras eran diferentes. En Israel, por ejemplo, muchos eran argentinos y para ellos revisar una historia tan personal, tan propia después de años de haberse ido era absolutamente conmovedor”.

 

El teatro se mostraba a través de la pantalla en muchos casos, y a mí el teatro que me gusta hacer es el que hace imaginar la historia al espectador.

 

En la obra, el actor interpreta a varios personajes para transportar al público a un viaje tan emocionante como divertido. Así, le da cuerpo y voz a un referí que no puede pitar correctamente porque está enamorado; un bañero que está a punto de jubilarse; un chico enamorado, al que le acaban de romper el corazón; un skater y hasta un rematador, entre otros.

Todos ellos, conservan la esencia de sus propios familiares (padres, tíos, abuelos, incluso, él mismo) pero la historia se toma ciertas licencias ficcionales para darle un giro dramático. Sobre esta decisión explica Dayub: “Esto lo hace muy pintoresco porque los personajes son entre sí muy distintos, entonces cambia todo lo que rodea la escena. Algunos, ayudados por el vestuario, las pelucas y otros simplemente sugeridos a través de la gestualidad. Yo quería homenajear a esos grandes actores que admiraba cuando era chico como Buster Keaton y Chaplin que no solo actuaban, construían roles, cantaban y bailaban, sino que tocaban instrumentos, todo ese oficio completo que a mí me parecía que el teatro estaba perdiendo un poco y lo quise revalorizar”.

En esa búsqueda, despliega sobre el escenario una serie de elementos que se transforman a los ojos del espectador en otra cosa, como si se tratara de un cuento: “El teatro se mostraba a través de la pantalla en muchos casos, y a mí el teatro que me gusta hacer es el que hace imaginar la historia al espectador. Para eso utilizamos la figura de la literatura que es la metonimia que te muestra una parte para hacer comprender el todo, por eso los objetos son evocativos. La abuela, por ejemplo, no entra como un personaje, entra solo su vestido. El perro del guardavida no aparece, es solo la cola y así ocurre con muchos de los objetos de manera que sea un teatro más implícito, que el espectador lo pueda ir construyendo con su memoria, con sus emociones y que lo haga un poquito hacia delante de la butaca y no recostado atrás muy cómodo recibiendo toda la información que viene del escenario”.

De hecho, la obra misma también crece función a función afinando el pulso de lo que ocurre en escena. En este aspecto, Dayub resalta el lugar del público en ese ida y vuelta que convierte al teatro en un hecho vivo en permanente evolución.

“Casi siempre que hacemos un espectáculo después de 20 o 30 funciones uno sabe qué era lo que quería compartir porque el público es el que le va dando forma a cada situación. Yo descubrí que el corazón de ‘El Equilibrista’ era ese segmento que yo había vivido en Italia y que eso potenciaba el resto del espectáculo. Lo fui construyendo en función de eso, pero porque me lo fue marcando el espectador. Si uno tiene oficio y sabe escuchar o sabe percibir al público advierte cuál es el real significado de lo que uno hizo. Muchas veces uno pone una situación para generar intriga o humor y advierte haciéndola que lo que se genera es puente hacia otra cosa más importante, entonces uno le da el valor que tiene ese momento”.

A mí no me interesa la nostalgia. Me interesa ir al pasado, pero por lo que hemos logrado transformar de eso, no para quedarme recordando.

Lejos de recortar su universo personal para distanciarlo de lo autobiográfico, la obra incorporó a lo largo de los años matices que nacieron del diálogo con el público y la sugerencia de colegas que la enriquecieron

“No tuve que quitar, tuve que agregar. Por ejemplo, hay un truco que Rada me regaló cuando vino a ver mi espectáculo. Es un pañuelo con el que yo me despido de mi familia italiana y al mismo tiempo que viajo para la Argentina el pañuelo se va solo hacia un lado y yo me voy hacia el otro, como que se divide la familia italiana de la familia argentina. Eso lo puse a posteriori. Otro espectador me dijo ‘cuando el árbitro le hace respiración boca a boca a la mamá para mi le debería hacer respiración Boca – River y me pareció extraordinario, cosas así he agregado que le han dado un significado más afinado”, expresa el actor.

En una época de pantallas y artificios tecnológicos, el uso de elementos simples pero muy simbólicos, adquieren para Dayub una potencia distinta a través de la capacidad de imaginar devolviéndole así el carácter humano al teatro: “Yo digo que quisiera ayudar a arreglar el mundo, pero con las herramientas que venden en la ferretería. Pero me da la sensación que lo que está pasando se aleja de mi deseo. Escribí en la contratapa del programa de mano ‘Cuando llegué a ser adulto me di cuenta de que estaba en un problema. No me gusta la resignación, los cumplidos, los bancos ni los remedios. Me gusta la euforia, la expectativa, la posibilidad, en eso ando, por eso este espectáculo’. Yo lo escribí pensando un poco en revalorizar lo artesanal porque sentía que también el teatro se estaba adulterando”, reflexiona.

 

Un puente hacia la propia identidad

Aunque la obra viaja hacia los orígenes, no busca instalarse en la añoranza del ayer. Al contario, el pasado se convierte en un puente vital que conecta los recuerdos con el presente y activa la memoria para proyectar el futuro. “Un espectador me dijo que es una obra nostálgica sin nostalgia y me gustó mucho porque a mí no me interesa la nostalgia. Me interesa ir al pasado, a la infancia, pero por lo que hemos logrado transformar de eso, no para quedarme recordando. Ni siquiera la tristeza. Si hay algo que no me gusta es que se sintetice diciendo que es una obra nostálgica”, dice el actor.

Para él, “la emoción de ‘El equilibrista’ es renovadora, y además lo que tiene es mucho humor. Es una emoción feliz diría yo, porque es de reconocimiento personal, de advertir la propia historia, de darle valor a lo que nos legó la sangre, de advertir la finitud de la vida para vivir con el ímpetu que necesitamos, a saber y valorar más de dónde realmente venimos, pero no recordándola con nostalgia, al revés para que volvamos a ser auténticos como cuando éramos chicos, hay algo de eso que me gusta rescatar y cuando el espectador lo advierte, me encanta”, señala.

 

La emoción de ‘El equilibrista’ es renovadora.

Este año ‘El equilibrista’ sigue a pleno con una gira que incluye fechas hasta fines de noviembre en todo el país y también en Chile y España. Además, desde su debut no ha dejado de crecer y se expande en formato libro. La obra fue editada recientemente por el sello editorial Orsai y se encuentra disponible tanto de manera online como en el hall de los teatros donde Dayub hace función.

Su buen momento profesional no le impide, sin embargo, tener una mirada atenta y crítica sobre la realidad que lo rodea. Antes del cierre de la entrevista, Dayub manifestó su preocupación por el ajuste en cultura y en otros sectores sociales clave: “Vivo este tiempo como un retroceso. No lo vivo bien porque en vez de hablar de cómo podemos mejorar lo que tenemos estamos revisando si la cultura vale o no vale, si es necesario que tengamos cine nacional o no. Ya tendríamos que estar todos de acuerdo en que es lo importante de la cultura, llegando cada vez a más ciudadanos. Quisiera que por la edad que tengo y los 40 años de democracia que llevamos que podamos dar un paso hacia adelante en cosas básicas como educación, cultura, salud. El mundo ha perdido el rumbo, los intereses partidarios y personales están por encima de las mayorías. En ese político que nos va a salvar a todos no creo más”.

Para agendar

‘El Equilibrista’, de Mauricio Dayub se presentará el domingo 7 de junio en el Teatro Sarmiento de San Juan a las 20 hs. El valor de las entradas es de $45.000 (Gradas / Pullman); $47.000 y $50.000 (Platea Baja) y pueden adquirirse en boletería del teatro o de manera online a través de entradaweb.com.ar

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