Pablo Molinari, humorista
“En Argentina jamás podés aburrirte”
El comediante y locutor regresa al escenario sanjuanino con su unipersonal “Demasiado”. Su propuesta se sostiene en la “sobrepensación” y en cómo vivimos pasados de “rosca”, sin parar. La tecnología, las manías, pedirle cosas ridículas a la IA, la sobreinformación y una realidad argentina que va a la velocidad de una montaña rusa, son algunos de los tópicos que atraviesan el show e interpelan a la platea.
Raúl Caliva I 05-08-2026
Quienes tengan el nivel de paciencia estallado, que les cuesta convivir con vecinos difíciles, que tengan a la inteligencia artificial sobregirada contestando preguntas absurdas para cada complicación y con la sensación de tener el cerebro saturado de “pestañas abiertas”, podrán encontrar el lugar ideal para hacer catarsis de una realidad que atropella sin respiro. Este próximo sábado 8 de agosto las puertas de Sala Z se abren para liberarse a carcajadas con el show de Pablo Molinari.
“Demasiado” es el nombre de una propuesta divertida que recorre aquellas situaciones cotidianas con reflexiones innecesarias, anécdotas con finales sin sentido y un humor enfocado en desmenuzar cada detalle por más ridículo que parezca.
El comediante y creador de contenidos Pablo Molinari, conocido por sus videos donde analiza con humor situaciones absurdas de la sociedad moderna, sigue de gira con su unipersonal y esta vez, pisará nuevamente suelo sanjuanino para que aquellos que estén “pasados de rosca”, no crean que son los únicos.
Una hora y pico de observaciones obsesivas, reflexiones innecesarias y preguntas sin respuesta. Con el humor quirúrgico que lo caracteriza, Pablo abordará tópicos como la tecnología, el uso excesivo de la IA, la sobreinformación, las manías, la falta de tiempo, las obsesiones y esa necesidad de tener un momento para apretar el botón de pausa.
Molinari lo llama algo así como estar en un estado de “sobrepensación”, en este sentido, logra sintetizar varios temas recurrentes que no lo dejan dormir y lo pondrá sobre el escenario para tener ese ida y vuelta con la platea que él tanto disfruta en sus actuaciones.
Molinari es uno de los comediantes más destacados de la nueva generación de humoristas de stand up con más de 1 millón de seguidores en sus redes sociales donde publica periódicamente videos y gráficos de humor sobre temas de la vida diaria.
Se considera como un «dejador serial» de carreras duras, aunque lleva con infinita pasión el ser «nerd de alma». Hizo un quiebre al abandonar la ingeniería para pasarse a la locución profesional, después llegó a la formación teatral, la improvisación y el clown, hasta que abrazó definitivamente el stand up.
Dueño de un humor inteligente, es el creador de los segmentos “Perdón Centennials” y “#Datazo” en su canal de YouTube donde cuenta con más de 250 mil suscriptores. Grabó para Comedy Central Latinoamérica, y fue nominado 2 años consecutivos por los premios Estrella de Mar como “Mejor Unipersonal de Humor” y “Mejor Show de Stand Up”. Participó también como comediante en «Bendita TV», «Hora de Reír», «Ciudad Emergente» y representó al país en cuatro ocasiones en el «Festival Internacional de Stand Up Comedy» en Costa Rica.
En entrevista con Plataforma GAIA, Pablo abrió las puertas de su laboratorio creativo para contar cómo fue edificando este espectáculo humorístico.
El stand up tiene eso mágico que, en el arranque, hablo de mí, pero de a poco, nos damos cuenta que, al relatar son las mismas situaciones que vive la mayoría de la gente. Ese efecto no deja de sorprenderme.
“Cuando me pongo a escribir, siempre tengo alguna cosita para dejar como mensaje. Lo primero que busco es que sea gracioso, ese es mi objetivo. Como los shows de stand-up son un poco difíciles de titular, al momento, de ponerle un nombre, hago el camino inverso, ver qué es lo que unifica. ‘Demasiado’ tiene que ver con ese cúmulo de cosas que vengo sintiendo de estar sobresaturado de información, de estar todo el tiempo acelerado. De cómo me veo superado por las circunstancias”, dijo el humorista al iniciar la charla.
– En este estado de aceleración y saturación donde cada uno está centrado en sus problemas ¿el telón, las luces y la puesta en escena logran poner en común una suerte de descarga colectiva?
– Así es, el stand up tiene eso mágico que, en el arranque, hablo de mí, pero de a poco, nos damos cuenta que, al relatar son las mismas situaciones que vive la mayoría de la gente. Ese efecto no deja de sorprenderme. Porque todos tenemos vidas distintas, en ciudades distantes y sin nada que ver aparentemente. Sin embargo, hablo de temas que no solo me afectan a mí, sino a muchos. El comediante hace que la experiencia personal logre ese “a mí también me pasa”.
– ¿Qué es lo que más aspirás a lograr en cada presentación?
– Lo bueno del stand up, es que tracciona el aquí y ahora. A diferencia de la comedia clásica, donde hay una cuarta pared, si el personaje logra que el público se sienta representado, resulta fantástico. Pero el proceso es distinto en este caso. En este género se depende mucho de la reacción inmediata de la gente. Por eso, cada función sale diferente. Es muy loco porque en tiempos de tanta realidad virtual, tanta red social y la conexión a distancia, este tipo de humor logra juntarnos en un mismo punto y no se puede repetir. En el fondo, existe algo más artesanal, algo que, en esencia, remite a una tradición antigua que tenemos los seres humanos. Y es lo más bonito me parece, que nos podemos reunir en esa suerte de reducto de resistencia, llamado teatro, ante tanta parafernalia digital.
– ¿Algo así como el encuentro humano alrededor del fuego, para escuchar y contar historias?
– Sí, exacto, completamente. Muchas veces pasa que hay medios que cada tanto, salen con alguna nota titulando “el boom del stand up” y cosas, así como “una moda efímera”, “lo pasajero”, “el género que se instala para quedarse”. En realidad, lo venimos desarrollando durante décadas aquí en Argentina, quizás con una diferencia del estilo estadounidense, pero la esencia es la misma: juntarnos en un lugar, contar historias y alrededor de un fuego, puede ser alrededor de la parrilla mientras tiramos la carne a asarse y tomarnos unos vinos. Creo que no hay nada tan evolucionado que eso, es más, puede ser hasta primitivo. No sé, diría mejor, algo medio argento, reírnos de nosotros mismos.
Lo más bonito, me parece, es que nos podemos reunir en esa suerte de reducto de resistencia, llamado teatro, ante tanta parafernalia digital.
– Ahora, para que funcione bien, también hay que ser gracioso y saber serlo ¿verdad?
– Creo que, hay algo de eso y en parte, algo debe ser aprendido. Uno escribe las cosas y subís al escenario con tus chistes y si la pegás, tiene un costado buenísimo. Sos un genio, cómo hacés que toda la gente se ría de las idioteces que se te ocurrieron en casa. Encima te pagan por eso, espectacular, fantástico. Ahora, cuando te va mal, es terrible el sufrimiento, no tenés a quién echarle la culpa, porque ese chiste malo, lo escribiste vos. Por eso, hay algo de crueldad en este ambiente. Si no estás dispuesto a aceptar que cada tanto, te puede ir mal y que la gente no se ría, será difícil sobrellevarlo. Por eso digo que el stand up ayuda a ser resiliente. Sé que puede estar de moda esa palabra, pero si no tenés la suficiente fuerza de voluntad para seguir adelante, se te hace muy difícil. Es algo que vi en muchos comediantes muy talentosos que conozco, pero que se quedaron en el camino. Además de ser gracioso, se requiere seguir insistiendo en chocarte la cabeza contra la pared, varias veces.
– ¿Te da terror como comediante que te toque una noche en la que nadie se ría? y si te llega a pasar ¿cómo salís de esa situación?
– Me gusta mucho reírme de mí mismo y de cosas absurdas que hacemos los seres humanos en general. Cuando estás en modo observación, de agarrar cualquier cosa de la vida cotidiana y analizarla, te das cuenta los tremendos idiotas que somos los humanos y ahí es cuando la comedia está a dos pasitos. Terror, ya no siento, porque ya me pasó varias veces. Tuve funciones muy malas en eventos o lugares que no son teatros que me llamaron para estar y tenía que hacer como si fuera a solucionar el momento con una varita mágica. Ahí me doy cuenta que nadie quiere o tiene ganas de reírse, es una variable que puede pasar y es parte de este trabajo. Lo que pasa que cuantas más veces subís al escenario, más recursos te van saliendo para poder dar vuelta determinadas situaciones negativas. Sí es cierto que en la previa de la función me pongo nervioso porque quiero que salga todo bien.
– ¿Cuáles son las mejores condiciones que podés disfrutar?
– En contextos de teatro, todo está dado para que la función salga bien. Se supone que una persona pagó una entrada, que eligió verme, que se preparó, se bañó y se vistió para verme, con ganas de reírse, con un voto de confianza, entre tantas otras opciones posibles. Ahí, no hay lugar para la mala onda, se supone. Después, hay lugares donde caigo y bueno, cuando veo que un chiste no engancha, entonces se pueden optar varios caminos. A veces, me toca ir a un show privado y el lugar no está bien preparado, ni las luces o la ambientación acompañan porque, quizás la gente no está cómoda por otros factores. Con la experiencia, uno va adquiriendo ciertas mañitas que ayudan a detectar las señales para cambiar y adaptarse.
– Terminó el Mundial más rápido que un suspiro. Una final algo triste, pero en el medio, quedaron cientos de teorías conspirativas. ¿Te enganchaste en alguna?
– Lo que me pasa (risas) es que no les creo nada, pero me divierte leerlas. Igual admito que la final fue algo rara, sin embargo, las teorías conspirativas, el problema que tienen, es que para que sean creíbles, requieren de mucha gente y factores involucrados. Son muy poco probables. Es curioso, como después de todo eso, nos comimos un “hate” (odio) tremendo en las redes sociales. Es lo que tienen, las redes se alimentan de todo eso, como los canales de televisión. Se va midiendo qué noticia tiene más rating y si mide mucho, se le da una manija intensa, si no mide, chau, vamos con otra. Si se pone de moda, consumir y ponerse a odiar a Argentina, vamos todos por ahí.
En Argentina jamás podés aburrirte. Parece que vivimos en una montaña rusa que nos revolea para todos lados.
– De hecho, no es algo nuevo lo que sucede, siendo vos una persona encargada de estudiar cuanta teoría famosa hubo viralizada en la historia.
– Sí y hasta hay teorías conspirativas muy falopas, que son fantásticas y dan mucha risa. Pero, todas tienen el mismo problema, se necesita muchas cosas involucradas para sostener una verdad falsa tanto tiempo. Ahora, lo interesante, es la cantidad de gente que la compra y lo cree.
– ¿Por qué crees que atraen tanto?
– Porque generan esa cosa de misterio, de sentir la pertenencia de estar en un grupo selecto de los que “conocen la verdad” y es algo muy tentador. Las redes han amplificado mucho eso de “te voy a contar un secreto que nadie debe saber o que muchos quieren que no te enteres”. En YouTube, está inundado de videos así. “Las empresas no quieren que sepas tal cosa” y después que terminaste de verlo, te das cuenta que es una mier… pero el título engancha y resulta tentador.
– El problema es que se lo usa mucho para manipular y distraer de los problemas verdaderamente importantes.
– De eso, ni hablar. Por supuesto, la teoría conspirativa como cortina de humo es efectiva y está a la orden del día. También sucede, porque nadie chequea nada hoy. Si algo es mentira, cala onda la mentira y después, por más que la refutes con datos objetivos y verdaderos, te cuesta el doble de esfuerzo.
– Frente a un discurso político que se volvió tan grotesco ¿te parece que el humor político está agotado?
– No, para nada, de hecho, no paran de generarse chistes nuevos a partir de todo lo que se escucha y ve cada día. Al hacer mis primeras armas como comediante, fui explorando todos los estilos. Intenté escribir chistes políticos, pero me di cuenta que soy malísimo y no me salen bien. Pero hay muchos cuadros que lo hacen excelente, como Fede Simonetti, Ricardo Bisignano, Martín Pugliese. Creo que no se agota, porque nuestros políticos son una fuente infinita y estrafalaria de darte material. La realidad resulta más graciosa de lo que puedas llegar a escribir, porque eso sí, en Argentina jamás podés aburrirte, porque las cosas que pasan aquí, en Suiza no pasan. Parece que vivimos en una montaña rusa que nos revolea para todos lados. Todos los días pasan cosas tremendas y ¿cómo le explicás a un extranjero las vivencias, las sensaciones y los sentimientos que ocurren aquí en todo un año? Vivimos aceleradísimos, si un año nuestro, es para ellos una década. Aunque no soy un especialista en el mundo político o la actualidad, es muy laborioso escribir chistes políticos y estar al día.
– En el multiverso Molinari, ¿cómo hacés para clonarte y estar en varios frentes a la vez?
– Estaría muy bueno poder clonarme así tendría más tiempo. En este multiverso Molinari, hay una agenda armada como si fuera un Tetris y como diría Massa, no me entra un quilombo más. En mi versión en YouTube, debo ser más cuidadoso para seguirle las reglas. Qué palabras decir y qué no. En el teatro, no hay tanto filtro, es el Molinari más auténtico y libre que se muestra. En la versión casera, soy un bicho raro, que le gusta saber de un montón de cosas, pero que, en profundidad, no sabe ninguna, pero siempre pasado de rosca todo el tiempo. (Habla entre risas). Muchas veces me preguntan qué hago en mi canal de YouTube y me cuesta definir lo que hago. Pero en esto de hacer cosas creativas, lo que más me funciona es la constancia. Se trata de buscar una voz que sea genuina ante uno mismo.
Hay algo de crueldad en este ambiente. Si no estás dispuesto a aceptar que cada tanto, te puede ir mal y que la gente no se ría, será difícil sobrellevarlo.
Para agendar
Demasiado. Con Pablo Molinario. Sábado 8 de agosto, 21 hs. Sala Z (Pedro Echagüe 451 oeste). Entradas generales a $29.000. Tickets en boletería de Sala Z (de lunes a viernes de 9 hs. a 13 hs.) y en Passline.




