Augusto «Gringui» Herrera, músico

“Como artistas debemos conectarnos con la gente”

Su guitarra estuvo al servicio de los mejores exponentes de la música popular argentina. Sin embargo, su talento trasciende más allá del rol de ser “el primer violero” en grandes bandas. Su toque mágico combinado con el arte de componer y su experiencia en todo tipo de propuestas y épocas, lo han convertido en un músico versátil y virtuoso. El artista charló a fondo con Plataforma GAIA sobre este revivir de Los Abuelos de la Nada.

 

Federico Strifezzo

Raúl Caliva I 15-04-2026

Como no está quieto nunca, además de trabajar con Alejandro Lerner y Andrés Calamaro, Augusto “Gringui” Herrera emprendió junto a Gato Azul Peralta (hijo de Miguel Abuelo) el retorno de Los Abuelos de la Nada a los escenarios. Juntos están realizando la gira “Costumbres Argentinas” que recorrer el país, logrando recitales que combina la nostalgia de los grandes éxitos de los 80 y un sonido y puesta llena de frescura y modernidad. 

En este sentido, el próximo martes 21 de abril, será el turno para tocar en el Teatro Sarmiento, marcando así un reencuentro muy esperado con aquellas generaciones que vibraron con intensidad las melodías de ese sonido fresco y rebelde que tuvo Los Abuelos en los albores de la primavera democrática en Argentina.

Además de Gato Azul y “Gringui”, esta nueva versión de Los Abuelos de la Nada, cuenta en sus filas a Andrés Jorge (en saxo), Martín García Reynoso, Gustavo Luciani, Gabriela Marinescu, Julio Morales y Sergio Pérez.

El show no solo se apoya en éxitos como “Mil horas”, “Lunes por la madrugada” o “Himno de mi corazón” y, además, han incorporado material inédito del recordado y legendario cantautor Miguel Abuelo. El grupo presenta temas como “Daniela” (una pieza póstuma vinculada a la historia de Miguel Cantilo) y otras canciones del álbum “Los Abuelos de la Nada y Amigos”.

El concepto de la gira 2026 enfatiza el sonido “pop-rock” elegante que definió a la banda, pero permitiendo que Gato Azul aporte su propio estilo vocal, que recuerda inevitablemente al de su padre. A pocos días del recital “Gringui” habló con Plataforma GAIA acerca de esta nueva etapa del grupo, el legado de Miguel Abuelo y su mirada sobre el rumbo que está teniendo el rock argentino en el presente.

– ¿Podés recordar cuánto tiempo pasó que Los Abuelos de la Nada no tocaban en San Juan? ¿Esta vez será especial para vos?
– Te digo la verdad, no me pidas datos precisos de eso porque no, mi memoria no me ayuda, pero estamos encantados de volver a San Juan, de festejar con la gente este show maravilloso que estamos haciendo, que la gente lo disfruta mucho, estuvimos en Punta del Este, en Mar de Plata, en un montón de lugares como Córdoba. Este presente con la banda nos da muchas satisfacciones, así que sí como vos decís, nos pone muy bien regresar.

– ¿Cómo se dieron las circunstancias de esta reactivación musical de la banda? ¿Qué los motivó estar de vuelta?
– Bueno, recibí un llamado Gato Azul hace menos de 2 años. Él me planteó si yo quería formar parte de una nueva etapa y de me encantó la idea. Nos pusimos en campaña a armar la banda de nuevo. Me llenó de alegría de formar parte una vez más de esta gran banda y con toda la responsabilidad que eso implica también. Ahora está sonando muy bien, qué decirte, esto es legendario. Por eso hacemos las cosas en consecuencia para que todo salga perfecto y todo el respeto del mundo y las ganas de ir para adelante.

– ¿Qué cosas te hizo revincularte de aquella época?
– Con Los Abuelos estuve desde el primer disco como compositor. Puedo decir que he vivido toda esa historia de cerca. Hay muchas canciones de aquella época que siguen sonando y nos han dado muchas satisfacciones. Lo siento con mucha ilusión y demás, recorrer el país donde la gente pueda disfrutarlo, más no se puede pedir. En aquel tiempo había que inventar todo. Eran años difíciles también porque estábamos atravesados por una dictadura. Costaba mucho hacer música en todo sentido. Pero nosotros teníamos una convicción muy grande. Cuando nos poníamos a componer con Andrés Calamaro, lo hacíamos en su casa, después pasábamos al estudio de grabación para hacer los demos. Cada paso fue con mucho esfuerzo y vocación. 

– Cuando no tenían tantas facilidades técnicas como las que existen ahora. ¿cómo fueron trabajando la música de manera casi artesanal?
– Vos justo lo dijiste. Todo lo que hacíamos era artesanal y a pulmón. En aquel tiempo, se generaban cosas muy lindas, aunque hoy se use mucho la máquina, se pierde un poquitito el saber de la humanidad en una persona que está tocando. Entonces, en ese sentido, me parece que afloraba un arte vivo, a pesar de no tener tantos adelantos técnicos, pero que lográbamos un proceso de adaptación y de conocimiento muy bueno por todas las cosas que se fueron sumando después. Pero la diferencia era que, en ese momento, había un gran movimiento del que éramos parte que se generó también cuando entramos a la Guerra de Malvinas. Entonces, las radios dejaron de poner música extranjera y ahí fue que surgieron un montón de bandas, como Virus, Los Abuelos y muchas otras, que terminamos sin quererlo, ser parte de un movimiento muy fuerte que hizo historia. Pero lo contradictorio era que teníamos pocos lugares para ir a tocar. Aun así, fuimos construyendo esta ciudad de rock & roll, entre todos. El resultado estuvo bueno.

 

 

Todo lo que hacíamos era artesanal y a pulmón. En aquel tiempo, se generaban cosas muy lindas, aunque hoy se use mucho la máquina, se pierde un poquitito el saber de la humanidad en una persona que está tocando.

– Trabajar en esa “cocina” con Miguel Abuelo, ¿cómo se ordenaban y qué huella les dejó marcada en lo personal?
– En el grupo éramos varios los que teníamos un carácter e impronta propia. Pero Miguel, era el especial. El creativo y un corazón importante de toda esa conjunción. Lo que nos dejó fue ese halo de creatividad y el recuerdo de tener una actitud tan fuerte en el escenario que era maravillosa y única. Y nos dejó también, mucha música y amor. La gente lo vivió mucho a eso en vivo y hoy puede traer de nuevo para celebrar este show con las melodías que ya se quedaron para siempre. Temas como “Mil horas”, “Lunes por la madrugada”, “Fabio Zerpa tenía razón”, “Himno de mi corazón”, son clásicos que no morirán jamás. Sé que Gato Azul tiene mucho material de Miguel que ha escrito y que no se conoce todavía. Entonces, estamos en el punto de poder plasmarlas algún día, todo a su tiempo, sin presiones. Hicimos hace poco una versión nueva de “Mariposas de madera”, quedó muy buena. Miguel era algo fuera de lo común, muy alegre, muy picarón, vivaz y por supuesto, con mucha sensibilidad.

– De ser guitarrista y compositor, con tanta experiencia acumulada ¿Cómo maduraste a lo largo de los años?
– Mirá, el tema de componer musicalmente, me inicié con el querido Andrés fue, lo que permitió la esencia de las canciones de Los Abuelos. Por suerte, a muchos le gustaron. Después, este recorrido como guitarrista me permitió tocar con un montón de gente talentosa con el cual comparto lazos de amistad muy bellos. Con Fito Páez, con Nito Mestre, León Gieco y tantos otros que, gracias a Dios, estuve enriquecido de confianza porque respondí a la fe y expectativas que me dieron para participar en cada proyecto. En ese sentido, me siento muy bien, sé que crecí y no dejo de tener ganas de crear cosas nuevas. Soy un agradecido de la vida porque tuve todas las posibilidades de desarrollarme como músico profesional.

– Fuiste testigo de profundos cambios en la música argentina ¿Cómo ves el lugar que está teniendo hoy el rock argentino y en general, la manera en que se produce música?
– El mundo de la música hoy es muy diferente a como era antes, pero bueno, me parece que hay gente que es muy talentosa y que está intentando hacer su camino. Como le decimos nosotros, teniendo a las canciones como estandarte. Las armas con las que hoy se cuenta para producir y crear, son un montón, ahora los chicos pueden ponerse un estudio de grabación en casa. Pero me parece que lo esencial, es que, para crear cosas nuevas hay que conmover, porque esa canción es la que queda en la gente, en el inconsciente colectivo, para asimilarlas, para quererlas. De eso se trata un poco, como artistas debemos conectarnos con la gente y que la gente también pueda vivir el mismo “feeling” que vivimos nosotros.

– ¿Qué reacciones notas cuando hay jóvenes generaciones que se acercan a escucharlos en los recitales?
– Es muy llamativo para nosotros, la cantidad de jovencitos que conocen los temas tan bien y disfrutan del show junto a los padres. Creo que Los Abuelos transfiere a las generaciones de muy corta edad, una energía que disfrutan tanto como si estuviéramos cuando nosotros éramos jóvenes. Es un lindo ida y vuelta que nos une a ellos.

Las armas con las que hoy se cuenta para producir y crear, son un montón, ahora los chicos pueden ponerse un estudio de grabación en casa. Pero me parece que lo esencial, es que, para crear cosas nuevas hay que conmover, porque esa canción es la que queda en la gente, en el inconsciente colectivo, para asimilarlas, para quererlas.

– ¿Con 67 años encima, te quedaron cosas pendientes por hacer?
– Hay un montón de cosas nuevas por hacer. Cada día nuevo que Dios me regala, es un milagro poder disfrutarlo, sea en lo personal, en lo musical, en lo familiar y eso me da la energía para seguir adelante, haciendo música con en esta maravillosa banda y también con otros artistas, con amor y esmero.

– Aunque te identifican mucho con el rock, pocos saben que también tenés un gusto por lo criollo y lo folklórico.
– ¡Totalmente! Es cierto, me encanta el folklore, me emociona. Por aquí, en Belgrano, está la plaza donde todos los sábados hay gente que pone música en la glorieta a escuchar, tocar y bailar. Hay tango y folklore y los chicos ponen temas que los escuchaba cuando yo era niño y me emociono un montón hasta las lágrimas. Soy amante de toda la música en general, pero el folklore sí, es algo muy especial que quiero. Es nuestra música y te confieso algo, no me gusta eso que ahora, le meten batería a lo criollo y es un detalle que la verdad, prefiero no escucharlo. No me gusta, soy del palo más de Los Coplanacu que están bombo y guitarra. Nada eléctrico, todo autóctono, es así.

 

Cada día nuevo que Dios me regala, es un milagro poder disfrutarlo, sea en lo personal, en lo musical, en lo familiar y eso me da la energía para seguir adelante, haciendo música con en esta maravillosa banda y también con otros artistas, con amor y esmero.

Para saber

“Gringui” Herrera comenzó a tocar la guitarra a los 8 años de edad. Sus primeras incursiones estaban ligadas a las chacareras y a las zambas. Pero a partir de los 15 años, formó su primera banda, llamada Carolina. En ese momento también comenzaba a componer sus primeras canciones. En 1978, conoció a Andrés Calamaro en la secundaria y juntos forman la Elmer’s Band de puro punk rock. Aunque en ese tiempo, habían tenido experiencias con un grupo llamado La Chorizo Colorado Blues Band, en Elmer’s Band haría presentaciones en un restaurante francés y en conciertos domésticos. Cuando termina el colegio secundario, se fue a vivir a España con su grupo Carolina, apadrinados por el periodista Vicente “Mariscal” Romero y su sello “Chapa Discos”. En 1980, “Gringui” retornó al país y fue parte de la banda de Raúl Porchetto entre 1982 y 1983. Hasta que Calamaro, siendo tecladista de Los Abuelos de la Nada, lo invita a participar a los ensayos. Desde entonces, formó parte del grupo y en el primer disco de 1982, incluye una canción de Herrera llamada “Tristeza de la ciudad”, que se convirtió rápidamente en un hit. En 1985, tras el alejamiento del guitarrista Gustavo Bazterrica, Herrera forma parte de la banda como guitarrista invitado. Ese mismo año graba su disco solista llamado “Tu imagen sigue aquí” y en octubre deja la agrupación para continuar trabajando en los proyectos solistas de Calamaro. Para la década de los ’90 hace gira con Fito Páez presentando la placa “Euforia”. Actualmente sigue en la banda de Andrés, de Alejandro Lerner y nuevamente en Los Abuelos de la Nada.

 

Para agendar

Los Abuelos de la Nada actuarán el martes 21 de abril a las 21:30 hs. en Teatro Sarmiento (Alem 34 norte). Las entradas están en Platea Baja A: $50.000; Platea Baja B: $45.000; Platea Baja C: $40.000. Pullman A: $40.000. Pullman B: $35.000. Gradas: $30.000. Quienes accedan al espacio de uso exclusivo para silla de ruedas, deberán presentar el Certificado Único de Discapacidad (CUD) al momento de ingresar. Sus acompañantes deberán comprar sus entradas en Boletería del Teatro. Venta de entradas por boletería y por EntradaWeb.

 

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