Sergio Feferovich, músico y docente

“La adicción a la tecnología es un virus que nos carcome la vida”

Regresa a San Juan el espectáculo “La música de las ideas”, una experiencia donde el director y pianista propone una exploración de emociones, sentimientos y pensamientos que se esconden en las notas musicales. En una charla con Plataforma GAIA, expuso que es necesario retomar la práctica de las artes para volver a “humanizarse”.

 

Federico Strifezzo

Raúl Caliva I 15-04-2026

¿Te has preguntado alguna vez cómo la música puede ser una fuente inagotable de inspiración? Bajo esta premisa se desarrolla una novedosa experiencia teatral dirigida por el renombrado director, pianista y educador Sergio Feferovich quien desde hace varios años recorre diferentes escenarios del país con esta propuesta.

En “La Música de las Ideas”, combina su profundo conocimiento musical con un toque de humor y una lúdica forma de transmitir en escena, para mostrar los estados de ánimo y cómo las experiencias de la vida influyen en la creación de ideas, tanto en el mundo artístico como en otros ámbitos sociales y culturales.

A través de vivencias e historias, Feferovich invita a descubrir con otros ojos obras musicales clásicas y populares. Con cada pieza, el público se sorprenderá con las emociones que subyacen bajo las melodías, transformando lo oridinario en extraordinario. Pero, además, busca que la platea juegue con él para tener un coro en plena función que genere todo un clima de armonía colectiva. Este enfoque divertido hace que el encuentro sea un momento único en comunidad.

No es la primera vez, que el pianista se encuentra con los sanjuaninos, sin embargo, vuelve para seguir en su misión inspiradora de despertar más conciencias con uno de los lenguajes más sanos y universales de todos: la música.

Este domingo 19 de abril, “el viaje fantástico a través de los sonidos” tendrá lugar en el Cine Teatro Municipal de San Juan y en la espera por su retorno, Feferovich habló con Plataforma GAIA sobre la necesidad de darse el tiempo para cortar con la ultra dependencia de las pantallas y revincularse con aquellas cosas que restauran un grado de “humanidad” a las relaciones sociales.

Para la propuesta de «La Música de las Ideas», más que una celebración de la creatividad y el arte, es un recordatorio poderoso de que la inspiración puede surgir en cualquier momento. A medida que Feferovich explora la conexión entre la música, la creatividad y la salud mental, invita a descubrir cómo el arte puede ser tanto un refugio para la ansiedad moderna como un motor de innovación para el futuro.

 

– ¿Qué hace que cada función sea única y novedosa?

– Para empezar, “La Música de las Ideas” tiene ya un tiempo recorrido, pero lo interesante es que a donde va, en cada función, se vuelve una novedad porque la participación misma del público lo vuelve sorprendente, hasta para mí. Si bien, se magnifica en redes o en un streaming, lo que sucede en el teatro, es lo importante. Recuerdo la última vez que estuve con los sanjuaninos en esa gran sala (la del Teatro del Bicentenario) que me encantó. Así que veremos con qué me pueden sorprender ahora para que salga algo de muy buen nivel y ojalá que se dé así.

– ¿Será, quizás, porque la esencia se mantiene inalterable?

– Me parece que parte del éxito de “La Música de las Ideas” se basa en que no neguemos el progreso de la tecnología. Como decía Verdi: “volvamos a lo antiguo y será un progreso” (Torniamo all’antico e sarà un progresso) -que hace referencia a que la música antigua parece estar más viva que la contemporánea- sino que la cosa pasa por sentarse un ratito a disfrutar, a escuchar música. A reírse, aprender y eventualmente, me parece que eso nos hace falta más que nunca. No solo en lo que respecta a la música. Sino que hace falta aplicarlo en cualquier otra disciplina o ámbito.

– ¿Hacia dónde creés que vamos como sociedad cuando la inmediatez nos quita la perspectiva?

– Es cierto lo que decís, en el café, en el compartir una charla con amigos; hoy en día ves que pasa en cualquier bar o restaurant donde muchos están con el celular frente a su cara. Uno puede conversar o chatear por WhatsApp, pero el mirar la cara del otro, el sentir las impresiones de la voz, eso me parece que estaría bueno no perderlo, lo mismo pasa en los medios de transporte, en el tren, en el colectivo. Sí, parece que la gente está inmersa en otro mundo paralelo, a mí también me pasa. Es parte del desafío el buscar los momentos para conectarnos con otro cara a cara. Por eso soy un gran defensor de la música compartida. Particularmente, en la figura de los coros.

– ¿Qué lo hace especial?

– Los coros son espacios de música colectiva que, además, cuando estás escuchando o cantando, en un coro no podés mirar el celular, porque estás haciendo una actividad en conjunto que se supone que disfrutás y elegís estar con otros cantando. Ese me parece un gran antídoto para esta sociedad que, paradójicamente trae aparejada la tecnología que nos invade por todos lados.

El mirar la cara del otro, el sentir las impresiones de la voz, eso me parece que estaría bueno no perderlo.

– Al estar en el escenario ¿cómo reaccionás cuando ves que los espectadores no pueden dejar su teléfono? ¿hasta dónde llega tu tolerancia?

– Soy muy tolerante porque como dice ese dicho “lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro”. O sea, si le estoy hablando a alguien y no me escucha por alguna razón y bueno, es un problema de él. Debo decir que en el espectáculo es raro quien saque el celular. Quizás uno sale a registrar o hacer una foto. Por lo general como todo se da de manera dinámica, no da tiempo para que saquen el teléfono para ver mensajes. Me pasa también a menudo y lucho contra esa invasión de los celulares en nuestra vida. Cuando estoy en una reunión y ya me aburro, saco el celular. Es como una especie de remedio casero contra el aburrimiento. Sin embargo, un amigo me dice que el aburrimiento es el mejor momento para generar ideas y ahí está el punto. A los jóvenes y adultos les falta esta parte, hay que aburrirse un poco, porque es una manera de generar nuevos espacios para otros pensamientos, para que otras ideas surjan.

– ¿Cómo percibís esa sensación de rechazo al aburrimiento que está generalizado en nosotros?

– En parte es un abuso que se da en los medios y en el uso de los aparatos. Hay un nivel de ansiedad tan alto nunca visto, como también niveles de depresión, de angustia, que no hubo tanto en generaciones anteriores. La verdad no soy especialista en el tema, pero estoy seguro que volver al refugio de la música, resulta un gran antídoto. La música permite conectar con las emociones primordiales, permite disfrutar, cantar si querés, de hacer juegos y de volver a ser más humanos. Cuando se da en un cumpleaños o en una cena, vienen los chicos con ganas de comer, pero antes, sacan primero la foto. Y me pregunto: ¿Qué es lo más importante? ¿Disfrutar de la comida o mostrar lo que estás comiendo y subirlo a las redes? Está comprobado que las redes son grandes generadores de angustia, ansiedad y depresión. Te dictan que todo lo que hay que subir es “felicidad” y “bello”. Me parece que debemos redireccionarnos a otro lugar. No solo hacer o sentir la música, las artes en general o hacer deporte, no digo nada nuevo. Son las cosas que vienen haciendo los humanos hace hace siglos. La adicción a la tecnología es un virus que nos carcome la vida.

– ¿Cómo pasamos del deseo de habitar el mundo virtual a la necesidad urgente de recuperar lo real?

– Porque no se puede dejar de valorar el contacto humano y hay más conciencia en los jóvenes con esto me parece. Y sí, creo que llegará el día en que, si estás en una reunión, usar el celular delante de todos terminará siendo de mala educación. Como lo fue en su momento fumar en lugares cerrados. En algún punto habrá que ponerse un límite. Evidentemente en este rumbo sin fin, terminamos más angustiados, con menos motivos para brindar, para celebrar y hay que tratar de construir otro futuro.

– ¿Cómo te llevás con esa sensación de estar en alerta permanente, porque parece que en horas se viene el “fin del mundo”?

– Es desesperante y a la vez, ya nos produce indiferencia. Las malas noticias siempre tienen más prensa, es irremediable. Pero no dejo de ser optimista, en que hay en algún otro lugar, gente haciendo cosas por nosotros, gente muy solidaria que va en otra dirección. Claro, los horrores y las cosas feas se conocen más rápido, pero creo que la humanidad tiene mucho que aprender todavía. Este tema de la esperanza, es quizás más individual e influido por la sociedad. Pero, no hay que dejar de poner fichas para construir un mundo mejor. Debemos ser fuertes para este virus que nos invade y que esta desesperanza general se vuelva pasajera. Es más, la tecnología tiene que ser una herramienta para conectarnos con las cosas buenas.

Las malas noticias siempre tienen más prensa, es irremediable. Pero no dejo de ser optimista, en que hay en algún otro lugar, gente haciendo cosas por nosotros, gente muy solidaria que va en otra dirección.

– ¿Qué nos pueden enseñar todavía los maestros clásicos de la música?

– Los clásicos, son modelos, paradigmas de todo lo que vino después. Entonces, para empezar la música es algo muy humano, porque nos hace recordar, nos hace emocionar y también proyectar. La experiencia del coro o de una orquesta es la mejor enseñanza. Son para mí, organismos ideales para una sociedad. Porque si uno desafina, desafinamos todos. Todos tenemos que poner lo mejor de cada uno para que se toque el instrumento lo mejor posible. El mundo funcionaría mejor si actuase como un coro, donde tratemos de escuchar cada una de las voces, de manera que el resultado total sea mucho más importante que el individual. Ser un todo es mucho más que la suma de las partes. Por tal motivo, les digo a los chicos que, si quieren hacer música, cantar, tocar un instrumento, formar una banda, de lo que sea, de rock, de cumbia, son actividades que los unirán con las emociones y que, al menos los harán más y mejores humanos. La música nos humaniza la existencia.

– Por fuera de esta gira, ¿Qué otros proyectos más te ocupan?

– Sigo dirigiendo coros, una orquesta, doy clases en la Universidad de Buenos Aires y la verdad, no me alcanza el tiempo para todo lo que hay. Pienso en una nueva versión del show y trato de disfrutar en familia también de los ratos de ocio, en especial me gusta jugar al ajedrez. Pero, sobre todo, me entusiasma tanto el cariño de la gente que va al teatro. Me llena de energía y de alegría, es una bendición poder hacer esto y que, por otra parte, sea un trabajo. Tengo esa dicha de hacer lo que me gusta.

 

Todos tenemos que poner lo mejor de cada uno para que se toque el instrumento lo mejor posible. El mundo funcionaría mejor si actuase como un coro, donde tratemos de escuchar cada una de las voces.

Para agendar

La Música de las Ideas, con Sergio Feferovich. El domingo 19 de abril a las 21:30 hs. en el Cine Teatro Municipal de San Juan (Mitre 41 este). Entradas: Platea Baja Filas 01 a 10: $42.000; Platea Baja Filas 11 a 16: $38.000. Disponible en boletería y en EntradaWeb.

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