Daniel «Pito» Campos

“Hay que pintar poniendo el cuerpo”

El ilustrador y artista plástico cordobés es un abanderado de la acuarela. La reivindica no solo en sus retratos y paisajes, también en la lucha cotidiana de sintetizar la realidad. En entrevista con Plataforma Gaia tomó posición respecto al uso de herramientas digitales y el auge de la inteligencia artificial en los procesos creativos. Ante un contexto de conflicto, crisis y ajuste económico, Campos no abandona sus principios y plantea resistir ante un panorama “oscuro” para la cultura.

 

Fogón

Por Romina Maina I 22.03.2024

Muchas veces no hace falta ver la firma en una obra artística para asociarla inmediatamente con su autor o autora. Ya sea por la elección temática, los trazos empleados e incluso el uso de una paleta cromática particular, son rasgos suficientes para saber que se está frente a un artista cuyo nombre se puede reconocer, o al menos intuir.

Lograrlo no es sencillo, sin embargo, algunos desarrollan ese estilo personal que se convierte en una marca distintiva como le ocurrió al artista cordobés Daniel Campos, más conocido como “Pito Campos”, tal como firma en sus obras.

Con más de diez años dedicado a la acuarela, reconoce que nunca fue del todo consciente de la construcción de esa identidad artística hasta que comenzó a recibir las devoluciones del propio público respecto a su trabajo y que fue tomando forma a lo largo de su carrera.

Sus obras, por lo general, son el resultado de un diálogo permanente con otros campos de formación como la arquitectura y el diseño gráfico que transitó antes de encontrar en las artes plásticas el lugar donde poder desarrollar su verdadera pasión y a la vez, su principal instrumento de comunicación.

De esta manera, fue explorando conceptos, técnicas, modos de ver y sobre todo, acumulando experiencias diversas para poder dar lugar a su propia voz artística.

“Terminamos siendo una especie de hijo de Dr. Frankestein porque estamos hechos de pedazos de varios y en el camino vas navegando, estudiando y nutriéndote de distintos artistas”, dice al recordar el devenir de su trayecto profesional en un extenso diálogo con Plataforma GAIA.

Con la acuarela a todos lados

Campos dicta clases de acuarela y realiza workshops a nivel nacional e internacional. Sus trabajos pueden encontrarse en bares, revistas como Servicio de Cable, Desterradxs o La Luciérnaga; en libros y medios gráficos como La Voz del Interior y La Nueva Mañana de Córdoba, hasta en un muro en la estación Pasteur-AMIA de la Línea B de Subte, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Pero su obra no se limita al acto de pintar. Viaja también por distintos lugares del país con la firme convicción de enseñar la técnica y reivindicar su valor artístico. Con este propósito estuvo hace pocos días en San Juan donde ofreció un workshop de paisaje urbano y rural en el parque de Chimbas, realizó pintura en vivo en formato demo en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD-UNSJ) y finalizó con una charla abierta en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ sobre su experiencia como ilustrador editorial.

Está convencido de que es necesario otorgarle a esta técnica el lugar de relevancia que merece y por eso se autodefine como un militante de la acuarela y así lo fundamenta: “La acuarela es una técnica que está totalmente bastardeada incluso por el mismo mainstream de las artes plásticas. Al utilizarse como medio para realizar un boceto o tomar un primer apunte y llevarlo luego al estudio fue considerada como una sub-técnica. También por la poca durabilidad del soporte que es el papel. Hoy ya eso se revirtió, pero ha quedado apartada de los espacios de difusión incluso no tiene presencia en museos, o es muy poca.”

Hay que pintar con la tripa, no con la mano y que esa sea la extensión que vaya al papel.

Aunque no goce del mismo reconocimiento que otras técnicas como el óleo o el acrílico, la acuarela es compleja de abordar y su dominio requiere de mucha disciplina, aunque también se logran cosas únicas. «Si vos dejas correr el agua vas a ver que van a ir apareciendo cosas inclusive mas bonitas que las que vos querias pintar. No pasa con otras técnicas» resalta.

Para contar la experiencia de trabajar con la acuarela, el artista hace un paralelismo con un matrimonio en tanto relación en la que intervienen dos partes que deben negociar y ceder para que el vínculo funcione. “Acá sos vos y el agua” dice. Lo que hay en el medio es algo de azar al pasar el líquido sobre el papel y un tiempo en que el artista deberá tomar el pincel para dirigir las manchas con la intención clara de comunicar.

Por eso en cada taller intenta transmitir que se trata de un lenguaje que hay que conocer y explorar hasta encontrar una voz única y personal. “Hay que pintar con la tripa, no con la mano y que esa sea la extensión que vaya al papel”, sostiene Campos quien siente y habla del arte con mucha pasión: «Para mi pintar es respirar, por eso yo pinto todo el dia. Necesito estar conectado», agrega.

Frente al papel, se aleja de la representación gráfica y la búsqueda de la mera belleza estética para conmover. “Lo que quiero contar es una sensación. La temperatura, el horario, el ruido ambiente en un escenario urbano o la frescura de una sombra”, cuenta. En efecto, que la obra pueda activar los distintos sentidos y para esto no es necesario la definición ni la perfección en un dibujo. «La idea de la mancha es pintar como mira el ojo que hace foco y todo lo que es periferia queda fuera de foco. Trabajo el detalle y al resto lo abandono de tal manera que lo podes llevar hasta la abstracción total logrando una síntesis. Eso es lo que me gusta, que yo vea una obra y que me pueda transmitir la sensación de un olor por ejemplo».

 

 

Arte tradicional en la era digital

En un mundo donde avanza la automatización de procesos, la inteligencia artificial, el énfasis en los soportes técnicos, las pizarras y lápices ópticos y en una vorágine digital del pensamiento como moneda corriente en el ámbito de la creación, surgen dudas sobre el futuro de oficios y prácticas tradicionales que parecen encontrar nuevas respuestas en el mundo digital.

Ante la pregunta, Pito contesta. “Yo sigo siendo analógico”. Y esto no significa que se niegue al uso de las herramientas digitales a las que a veces recurre para algún trabajo en particular, sino que lo hace por decisión personal.

En la relación con el soporte, el artista establece un vínculo particular porque es el contacto con el material a través de todo el cuerpo lo que disfruta al momento de crear. “Eso no me pasa con lo digital”, señala y amplía “tengo tableta, soy diseñador gráfico, pero me parece una cosa totalmente fría, impersonal que carece de un original. También milito esto. Hay que pintar poniendo el cuerpo, vibrando al momento de pintar, más allá de que la obra sea buena, linda, fea porque eso es subjetivo”.

El desafío es poder transmitir esas sensaciones a las nuevas generaciones nativas digitales,  pero lo hace sin renegar del potencial de la tecnología porque reconoce en estas otras posibilidades, incluso las que ofrece la Inteligencia Artificial en la creación de imágenes: “A mí me parece bueno que esté. La máquina funciona porque nosotros le damos esa información. Consulta en ese gran banco de datos y ese banco lo generamos nosotros. Somos la raíz de eso. Pero para mí el contacto con el material es irremplazable. Hay gente que se ha encolumnado en que esto nos va a quitar trabajo. Yo no voy a gastar energía en esa lucha. Por ahora no. La ilustración convive con la fotografía. Puede estar también la IA», explica.

Arte y política

Como ilustrador de medios gráficos como el diario La Nueva Mañana de Córdoba, Pito Campos ha podido canalizar también las preocupaciones de la época en imágenes que retratan el contexto de ajuste y de crisis económica y política como el actual.

En ese marco reflexiona sobre la importancia del arte y fundamentalmente el rol que asumen los artistas en tanto actores sociales: «Creo que es necesario que desde lo cultural haya manifestaciones de posición porque sino no nos podemos hacer fuertes y que la gente consuma también otra opinión y no solamente lo que muestran medios hegemónicos que te bajan la línea».

Aunque sabe que a veces se paga el costo político de manifestarse públicamente, define también la propia identidad.“Hoy que es moneda fuerte el número de seguidores o cuántos ‘likes’ tiene una publicación, me ha pasado de que alguien diga ‘qué lástima lo que pensás porque te admiraba y seguía tu trabajo’. Yo no transo con eso y no hace que no me manifieste, no es un filtro para mí”, asegura.

 

Con esa misma determinación defiende también su posición ante la línea editorial de un medio y marca sus propios límites. “Somos personas políticas y yo no puedo ilustrar algo en lo que no coincido. Entonces me niego y empiezan a correrte de algunos espacios porque obviamente no estás identificado con la línea editorial, ahí si que no cedo. Si no es algo que yo comparta cuesta ilustrarlo. Pero después la parte plástica he cedido algunas cosas que no he tenido problema”, cuenta.

Como artista inmerso en el momento actual y ante la situación que atraviesa el sector cultural mostró también su preocupación y trató de convocar a comprometerse para revertir esta crisis: “En función de todo lo que viene pasando y lo que puede llegar a suceder es un panorama oscuro, es bien oscuro y creo que lo vamos a tener que transitar de la mejor manera con nuestras herramientas de lucha desde el lugar que sea. La situación anterior no era la ideal, pero habíamos generado nuestros espacios, se había hecho mucho en cultura y ahora se está desmoronando todo. Vamos a transitar días oscuros. Esto hay que revertirlo y tengo mucha fe en que se va a revertir si trabajamos todos y no aflojamos, pero ahora estoy preocupado. La cultura es vital”.

 

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