Opinión
Yo no entiendo a los artistas
Por Blasfemo de Talampaya
Recostado en mi colorida pero desteñida reposera de 1960, por casualidad leía la columna de Damián López: “El gusto es todo mío”, publicado hace unas semanas en la Plataforma Gaia. Esta nota de opinión me llamó a la reflexión. Dicha reflexión, no se encaminó sobre lo que Damián habla en su nota; sino más bien hacia otros lugares más oscuros y perversos de mi condenada existencia.
Durante la lectura me hice algunas preguntas, la primera de estas fue: ¿Todas las personas de este mundo son artistas? Mientras daba vueltas, lentamente, el rostizado de la pata izquierda de un poeta de Trinidad en mi pozo de fuego, me respondí a mí mismo que: “Sí”. Toda persona de este planeta alguna vez en su vida hizo algo tan brillante, lo suficientemente importante, como para llamarlo: “Arte”.
Pero ¿Qué es el arte? Científicamente / filosóficamente se lo ha intentado atrapar con una definición a lo largo de la historia, pero estos esfuerzos han sido fútiles. Nadie, a 2022 tiene una explicación (en una oración) que pueda encapsularlo en toda su magnitud. La definición de arte con la que me muevo habitualmente reza: “El arte es: un trabajo bien hecho”. Lo que encaja perfectamente con mi pregunta anterior. “Todas las personas en algún momento de su vida hicieron alguna vez un trabajo del que estar orgulloso”. Así es que para mí; todos somos artistas de una u otra forma, determinado por un breve, pero brillante momento de su existencia.
Como ejemplo he de poner a mi abuela. Para mí, la más brillante de las artistas culinarias del siglo XX (…de mi historia). Mi abuela cocinaba obras de arte. Su público nunca superó las 15 personas y sus recetas tampoco fueron de una creatividad que superara la media. El pastel de papa que confeccionaba solo poseía: “perfección”. Sin embargo, nunca dejó de ser “un pastel de papas” para convertirse en algo superior. Es aquí donde entra la “mirada del otro” (o el paladar del otro) Es el “otro” el que entiende cosas, en un pastel de papas, que van más allá de lo inteligible. Y es el “otro” quien decide si eso se trata de una obra de arte o no. “El gusto es todo mío” como dice perfectamente Damián en su nota de opinión.
Todos somos artistas; pero ¿Por qué solo algunos exponen cuadros y otros no? La pregunta (sigo con Damián) “porque pueden”. Hace falta una gran inversión de tiempo y dinero para presentarnos a una exposición. Es decir que alguien tiene en su poder los 3 bienes sociales más preciados del ser humano: 1- Recursos (dinero para comprar bastidores, pinceles, óleos o tintas de todo tipo, espacio – atelier – alimentos de calidad y enseres de limpieza y objetos varios etc… es decir: vivir bien) 2- tiempo (ya que tiene la vida comprada en el punto 1). Por lo general el ser humano de a pie tiene que correr diariamente tras el plato de sopa que ha de poner en su mesa, su única forma de “vivir bien” es hacer tareas para otro en contraposición al trabajo artístico. 3- Contactos. (amigos; otros).
En esta clase de tarea a la que me refiero, el artista (pintor, escultor, etc…) parece actúa para sí… No hay un capataz que dicte horarios y/o tareas. No está expuesto al castigo económico (inmediato) como los simples mortales; y es, desde ese lugar, desde donde el artista construye su lenguaje y su discurso.
Puede parecer un lugar bastante cómodo, pero no lo es. Está obligado a decir en sus cuadros y pinturas “algo” que alimente a la cultura de nuestra pequeña sociedad sanjuanina. Puesto, en otros términos: DEBE INSPIRAR A OTROS. Construir cultura.
Una especie de efecto dominó local que ayude al hombre de a pie, (al público, al crítico…) a ser más, a soñar de otra forma. Pero hay más. Un artista podría estar diciendo con su obra, algo a la sociedad que todavía no está preparada para escuchar o entender. Un discurso que podría parecer, al ser evaluado a priori, como: “algo sin importancia” – inmediata – (en base a las herramientas socioculturales del momento) pero que, con el tiempo, este se vuelve casi indispensable de ver.
¿Cómo reconocer a un artista bueno de uno malo? No hay forma de hacerlo. La inmediatez del momento priva a todos los analistas de arte (críticos y público) de entenderlos a todos/as. A sabiendas de esto, un crítico podría estar “insultando” (destruyendo) la que podría llegar a ser, una de las grandes obras maestras de los próximos siglos. Pues no tenía, al momento de la exposición, las herramientas culturales para la evaluación. De esta forma “NO ENTENDER ALGO” es buena cosa. Y de esta forma: no volví a preguntarme por qué cocinaba poetas en mi pozo de fuego.