Comentario
Un chispazo
Por Blasfemo de Talampaya
25/09/2022
Como dije en el episodio anterior (Solo evidencias -la sala 3-) me faltaba el vino. Me mandé una copa de jugo Bonano… y decidí seguir recorriendo el museo en estado de sobriedad, muy a mi pesar. Descontento, decepcionado y un poco encaprichado subí a ver la muestra de Roberto Jacoby: “No soy un clown” (sala2) curada por Santiago Villanueva & Roberto Amigo (Igor). El chispazo que te suelta la baranda de la escalera del museo me enervó aún más. Es como un electro shock que te despierta, con el único propósito, de que te enteres que: ¡estas vivo!
Roberto es un POETA disidente…y mi diablillo interior se convirtió en demonio descontrolado…
Al entrar a la sala, el ambiente disconformsita, terminó por completar mi estado de ánimo. Roberto es un “POETA disidente” … y mi diablillo interior se convirtió en demonio descontrolado… me había contagiado sin decir nada, en lo absoluto. Bajé las escaleras, casi sin ver la muestra, decidido a destruirlo todo. Enfermo de ira, estaba determinado a patear el dispenser de juguito y pintar el piso pulido a espejo con ese brebaje naranja. Hay que aclarar que este servidor (Blasfemo de Talampaya) se alimenta de poetas y narradores (ver otras ediciones en plataforma GAIA) y no le caen nada bien, los poetas, a menos que estén en una parrilla.
Envuelto en una nube de locura, mi cabeza repetía: …ya no te dan vino en este museo!!!… y ahora traen poetas!!!… esto ya no es lo que era antes!!!… chispazo… ¡…y maldita sea!… ¿A dónde vamos a llegar? Al acercarme al cuello de botella, en la mitad del museo chorizo (profundamente enojado), me la encontré a la Bruja Embrujada, que me reconoció y me vio con la cara desencajada dispuesto a todo.
Botas verdes puntiagudas, para variar, me preguntó directamente: – ¿qué te pasa, diablillo? A lo que le respondí: voy a cargarme el museo; ¡NO HAY VINO! – Por el amor de Dios, esto es San Juan de la Frontera; y en mi museo FR.: ¡NO HAY VINO! – Graciela Faedo con la dulzura de una madre me contestó: – El vino está en la sala Vip; por el pasillo… en la biblioteca. Sin mediar un “hasta luego”, (y se lo debo) comencé a remar entre la gente. Tras sortear unas 15 almas a los besos, logré llegar a las puertas de la biblioteca donde había un inmenso y serio patovica con alambre en la oreja y lentes oscuros. Pensé que no me dejarían entrar. No sé si fue mi cara, o que el hombre es un verdadero profesional, pero me regaló un gesto amistoso y me abrió la puerta del Vip.
Un par de mujeres maduras me preguntaron que si yo era un artista. Con ese tono inquisidor que te destruye… con ese aire de pertenencia que te hace sentir un outsaider…
En el lugar había de todo y se encontraba prácticamente vacío. Canapés, sanguchitos, el plato de empanadas sin tocar y la mesa bellamente adornada con cosas que no vi nunca antes en ninguna otra muestra. No podía pensar y no tomé la foto. Pedí un vino y me lo dieron… hasta que me preguntaron de qué variedad quería… y yo solo respondí: ¡Tinto!
Mientras me mandaba aquella copa a pecho, un par de mujeres maduras (la únicas en la sala, además de los mozos, otros guardianes y yo) me preguntaron que si yo era un artista. Con ese tono inquisidor que te destruye… con ese aire de pertenencia que te hace sentir un outsaider. Como el vino comenzaba a hacer efecto, y ya me sentía debidamente anestesiado, respondí: – ¡a veces!
La verdad es que tras dejar la copa en la mesa y agradecer a los mozos, estuve tentado de devolverles la pregunta… ¿Son ustedes artistas, también? y ¿cómo es que yo no las conozco? ¿Expusieron alguna vez? A la misma tonalidad y con la misma inflexión de voz en petulancia. Pero como dije… ya estaba bien. Las buenas y sanas costumbres habían regresado a mi cuerpo, y mi alma a él. Y otra vez aquellas escaleras, chispazo, “estás vivo”, y a remar con los besos y con salutaciones esta vez, más auténticas.
Llegué a las puertas de la sala 2 donde ya habían comenzado las lecturas. De hecho, llegué a la última de Roberto; “Inferno”:
Roberto: Estoy cantando “Bésame mucho” / en el escenario chico / de un gran cine porno / llamado Inferno, / en el microcentro. / Hay cinco salas: / gay las más grande, / hetero hay dos / y la última, trans. / Como soy lindo y varonil / siempre me llaman / para que cante boleros…
Definitivamente Cine & teatro Inferno, no se parecía al mío, pero ¡sonaba bien! … era el relato de otros lugares y otras vivencias, ajenas y lejanas a mí. Roberto Jacoby me invitaba a hacer turismo por ellas. Con su voz suave, de acento afable me llevó de la mano por aquellas imágenes en un tránsito; que, en otras épocas, me hubieran parecido insondables.
No se trata de una muestra de arte tradicional… (es extrañamente fascinante) y es la primera vez que me encuentro con algo así… Los cuadros son, como anecdóticos y no parecen ser el nudo de la muestra, tiene un aire mediático publicitario… Todo esto, es acompañado por una performance, que le da vida y significado a: “No soy un clown”… El vino, la voz de Roberto y el ambiente se confabularon regalándome un destello de sublime empatía y comencé a vislumbrar errores. A veces el interlocutor, ve lo que es; y otra para donde se le escapa el pato.
Roberto Jacoby sigue leyendo inferno: …Lo más raro son las lesbianas / que se entregan a los tipos / a ver si se curan. / En los recovecos / se ensamblan pelotones / de seres sin ropa / que se entreveran / y semejan gusanos de lejos / En el tabique de la izquierda / se recuestan los de traje y corbata / y cada tanto alguno, hincado / le reza a San Pito. / Inferno tiene el mote que merece: aquí no hay nada / que no huela a pecado…
¡Si! ¡errores! De repente me sentí mal por tener acceso a la sala Vip. ¿Por qué yo sí, y los otros no? ¿qué podía tener yo que me hacía “persona muy importante”? Es que acaso: ¿no merecíamos todos, un vino? “Vip”: atenta contra todo lo que alguna vez me pareció bueno: libertad, igualdad y la fraternidad. Y me invadió la culpa. Las palabras de Jacoby me cambiaban; me transformaban; me acercaban al grupo de botellines estudiantes de arte, que se agolpaban frente al botellón de Juguito Bonano en el nudo del FR.
Jacoby, lee: (…) …Pero si observo ese agite / me desconecto, / se me esfuma la letra / o recula el sentimiento. / Creo que con todo lo que sucede aquí / escribiré una canción. (Jacoby 2018)
Al mirar al público aplaudir, pensé por un momento, que les pasaría lo mismo que a mi… y se les escaparía el pato. Pero Marciano comenzó a cantar y el jolgorio y la algarabía, invadió otra vez la sala 2, diluyendo la bruma de ideas revolucionarias de fraternidad. Por un momento fue sublime… por un momento. Como el chispazo que te deja la escalera al bajar.
Altamente recomendable para todo público… La experiencia, se puede hacer en perfecto estado de sobriedad sin que la psiquis esté alterada por el alcohol. El cambio de paradigma debía ser explicado de alguna forma y me tomé, más que una copa, un par de licencias narrativas – y todavía estoy mareado. Me había olvidado de las estrellas, y pegué 5 (sobre 5) en el espejo del ascensor para Roberto Jacoby / Santiago Villanueva & Roberto Amigo … no volvería a subir… pero esa… Esa es otra historia.