Opinión

Una bruja embrujada

Por Blasfemo de Talampaya

 

Microhistorias-para-fortalecer-el-cambio-social-4

«Transformación»  – Graciela Faedo

A Graciela Faedo se le nota lo de bruja por sus zapatos charol naranjas de gran hebilla circular verde metalizada. Sin esbozo de reconocerlo, se puede ver en su mirada que se siente orgullosa de serlo.

No se trata de una bruja según el estereotipo occidental; más bien (estéticamente hablando) parece un hada blanca. De hecho, su ropa holgada es de colores claros y recuerdan a las tres hadas de Disney (Flora, Fauna y Primavera) de la película animada de 1959. Lejos de insuflar miedo; insufla respeto, como esa señora a la que no conocés, que te viene a curar el empacho o el dolor de cabeza con un plato a medio llenar de agua y te dice: ¡Tranquilo; esto no va a doler!.

Faedo es una de nuestras paisajistas. Enamorada de un lugar de la Patagonia argentina nos ofrece su versión de paisajes tehuelches. Bajo un sentimiento de deuda (un embrujo) nos empuja a mirar desde sus propios sentimientos hacia ese paisaje mediante el óleo y el acrílico. La sensación es tremendamente satisfactoria. El café del Sirio Libanés, la amabilidad de su atención, la cordialidad de Graciela, hizo sentir al público como en casa.

«Deteniendo el tiempo» – Graciela Faedo

Los cuadros

De técnicas son variadas, puede verse en ellos la búsqueda de Graciela para que el lector de la obra se enamore de ese lugar (un lugar que parece un paisaje; pero que en el fondo no lo es). Como elementos distintivos: las montañas a pincelada firme, las bellas fichas de cerámica esmaltadas que claman a gritos “Esta es mi visión…” y los polémicos alambres de púas; símbolos de contención, de etapas, escollos a sortear, de límites.

Son estos elementos los que no hablan de: “una paisajista clásica” sugieren más el retrato de un “camino”, un camino personal; en contraposición a algo contemplativo y estático. Graciela cuenta lo que ve en esos caminos sin senderos, en esos valles agrestes sin tiempo. Por otro lado, las fichas (16 en total) hablan justamente del “tiempo”. Lo que evidencia más la imagen no plasmada de un camino.

El gran esfuerzo de Graciela en este trabajo termina por dar buenos frutos. Pintando caminos embrujados sin senderos, sin referencias, sin vacíos. La postal definitiva de detenerse un momento a mirar el paisaje que ofrece vida. La obra carece de sabor terapéutico. Pueden percibirse el aroma a campo, flores silvestres, vientos y polvoso atelier. Hay definitivamente algo que aprender y valorar.

 

 

«Buscando el atajo» – Graciela Faedo

El vil metal

Las obras no son caras: U$S200 – unos $21.276,06 (hoy) las de 70 x 90 cm ideales para un café, sala de espera o living. Las obras más pequeñas de 40 x 40 en unos $10.000.

 

Como punto final, este servidor le da 4 estrellas (sobre 5)

Café Tres Cumbres, 1° piso, Club Sirio Libanés, 8.30 PM viernes 11/02/2022

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