Comentario

Sólo evidencias

Por Blasfemo de Talampaya

 

21/09/2022
Humberto Costa 1

Sabrán que cruzar el Parque de Mayo siempre es un problema para un diablillo. Crucé la calle 25 de Mayo a la altura de Ortega y sin respirar, como quien se toma un remedio, me interné en el siniestro y conversador Parque de Mayo a la hora del crepúsculo…. Era la gran exposición de mi querido (a esta altura amigo; Humberto Costa) y no podía faltar al gran Museo de Bellas Artes FR. Cerca del puente, en la calle interna, por donde pasaba el viejo trencito, los árboles susurran cosas indecibles.

Con las manos en los bolsillos y preparado para lo peor, caminaba a pasos largos, esperando por la tortura de las palabras. Mágicamente, no pasó nada. Los árboles cantaban melodías con promesas, lo que me sorprendió sobremanera. Los árboles hablaban de otras cosas: de amor, de flores, de ninfas… ¡casi que hablaban de cosas bellas! Completamente desconcertado pregunté a un pino, al final de la glorieta: ¿por qué dejaron de hablar de maestros malditos y de alumnos enajenados? El pino de buen ánimo me contestó: Es la primavera Blasfemo; ¡la primavera! La verdad es que fue un placer cruzar el parque aquella tarde-noche.

Al llegar al semáforo, un plátano petiso y retorcido, todavía con bronca, hablaba mal de las autoridades policiales. …que ni un beso se pueden dar los enamorados… la PQP… policías inquisidores… ¡dejen que el amor sea!… decía; mientras esperaba la luz verde del semáforo para cruzar la frontera que me separaba del museo. A lo lejos, más allá de la fuente/rotonda de la Libertador, maestros protestaban por un mejor salario rodeados de fuerzas policiales. Evidentemente el tema vive en este sector de la ciudad, me comentaba a mí mismo mientras cruzaba la calle.

Otra vez llegué temprano… pero no estaba solo. Mis queridos amigos Humberto Costa y Estela Pelaitay estaban sentados en el “nada cómodo” banquito junto al foso, esperando que comenzara todo aquel festival. Humberto fue distinguido con la Mención de Honor (premio) “Mario Perez” de la cámara de Legisladores de San Juan y el museo exponía una serie de cuadros de toda la trayectoria de Humberto a lo largo de su vida artística. Un resumen finamente curado por Alberto Sánchez Maratta en la sala 3. Casi que un lujo.

Humberto Costa 2

 

 La visita al museo es siempre desbordante; como una matiné de 3 películas: “película Internacional (sala1)”, “película Nacional (sala2)” y “película Local (sala3)”. Siempre son 3 exposiciones y cada una, da mucha tela para cortar. Así que decidí contar esta muestra/matiné en 3 capítulos distintos. Son muchas las obras, y es mucho para ver y disfrutar. Intento ser un buen profesional y contar todo de un solo plumazo es desperdiciar más del 80% de los acontecimientos e historias. Así que, en este capítulo: “Humberto Costa y la Sala III (película Local)”.

Ya he asistido a 3 (y otra vez 3) muestras de Humberto y Estela: “Solo preguntas” en la Sociedad Israelita; “Solo respuestas”, en la Bibloteca Frankin y ésta, lo que lo hace, por lejos, uno de los artistas más prolíficos de la provincia. Es que Humberto pinta y dibuja hasta por las dudas. Sin intención de encasillarlo: es un buscador, un detective del arte, un insatisfecho que en algún momento confundí con terapéutico (¡mala mía!).

 

 

La visita al museo es siempre desbordante; como una matiné de 3 películas: “película Internacional (sala1)”, “película Nacional (sala2)” y “película Local (sala3)”. Siempre son 3 exposiciones y cada una, da mucha tela para cortar.

No quiero abrumar aquí con datos técnicos, pero: Humberto fue uno de los grandes palenques de Mario Pérez. Un amigo; un mentor. Alguien con quien Marito discutía sin pelearse, vinos mediante. La noche sanjuanina ha dado buenos frutos y este es uno de ellos: La Amistad.

En consecuencia, la “sala 3” del museo, lejos de toda variante, estaba empapada de emociones… y para variar, otra vez: Alberto Sánchez curando la muestra. No malinterpreten, no me estoy quejando, muy por el contrario, lo bueno nunca es demasiado. Antes de ir al grano, hay que aclarar que la sala 3 se encuentra estratégicamente posicionada en el medio del museo junto a las empanadas y al patio para fumar, donde viven los músicos. Caminar por este cuello de botella a la “hora cumbre”, cuando el buffet se encuentra operativo, se vuelve casi imposible.

A lo nuestro: En otros escritos he comentado los cuadros vanguardistas de Humberto; bellos mapas de mi pedacito de infierno (o así me gusta verlos). Pero aquí voy a comentar un trabajo que podría parecer intrascendente. Un ejercicio de rutina de sus primeras épocas, pero que a mí me sorprendió. El cuadro se encontraba escondido a las espaldas, tras el patovica que custodia que los visitantes no entren a la sala con las copas de juguito Bonano en la mano. Sé que Maratta lo escondió ahí, a propósito. Se trata de una copia de un retrato de Velázquez.

 

Humberto Costa 1
Humberto Costa 1

Esta obra es la evidencia definitiva que Humberto pinta como un maestro ¡Es idéntica! Podría parecer que no tiene ninguna gracia pintar algo; que alguien más pintó, por eso lo escondieron. Oscuro, sórdido, aterrador… y si me lo permiten, el de Humberto se ve más aterrador aún. Supongo que por los óleos.

Alguien, alguna vez, me dijo que Picasso no sabía pintar. Pero si buscas en Google, se puede ver que el tipo podía; si quería, pintar como cualquier otro. El problema es que no quería pintar como otros… él quería pintar como Picasso. Al mirar este ejercicio: El retrato de Luis de Góngora (original de Diego Velázquez 1622) reversionado por Humberto / una especie de cover en el arte – 1978 / te das cuenta; es la prueba final de que Humberto Costa pinta como Humberto Costa. Y en esta decisión final que ha tomado… ha decidido pintar: Mapas de mi infierno. Ha tomado la determinación, por convicción propia, que sus cuadros transiten una explosión de colores y formas.

Salí muy satisfecho de aquella sala, internándome en el tumulto de gentes, en busca de mi copa de juguito Bonano, totalmente convencido que me faltaba el vino, y junto a la jarra naranja, dejé 5 estrellas (sobre 5) a Humberto; a Alberto y al museo FR en la mesita del bufete. Como dije; me faltaba el vino… pero eso será, para el próximo capítulo…

 

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