Opinión
Sólo preguntas
Por Blasfemo de Talampaya
«Incertidumbre», Estela Pelaitay
Estaba yo disfrutando de la paz de mi pozo de fuego, cuando la vieja máquina (una de fax de 1995) comenzó a escupir papel con datos e improperios. Entre los datos, se me invitaba a la exposición de Estela Pelaitay y Humberto Costa en la Sociedad Israelita (Córdoba 139 oeste) a las 20 hs. del día 30 de marzo del 2022. Entre los improperios, figuraba la idea de poner más tinta y más papel en las explicaciones; más vómito de odio. Por un momento me pregunté: ¿disfrutarán leerme?
Tomé mi capa, mi tridente y me fui hacia allí, a ver «Convergencia». Debo decir que al principio me pareció una caradurez, un desparpajo el hecho de que toda la obra estuviera cubierta por un halo terapéutico; sin embargo, tras un momento de pensarlo y ver tranquilamente todo aquello me pareció no solo “auténtico” sino también sincero y honesto. Esto es así (terapéutico) ¡y no vamos a esconder nada!; si te gusta, ¡bien! y si no ¡también! me clamaba a gritos toda aquella exposición. ¡Y me entregué!
Estela y Humberto son personas entrañables, libres, que se aman. De esos amores a los que nos hemos desacostumbrado y solo aparecen (uno o dos párrafos) en las historias de ficción. Pero no me malinterpreten; no es de novela, de esos amores de Shakespeare o de culebrón de media tarde. Es de esos amores, que en sí mismo son una obra de arte. Un paraíso en la otra persona.
Por otro lado, la Sociedad Israelita tiene el alma de una escuela en fiesta patria. Vos sabes que es una escuela; cada ladrillo habla de eso; un lugar de recompensas y castigos, pero de vez en cuando se da una tregua para festejar la vida. Como dato, funciona allí, la escuela de violín más importante de la provincia. Si el amor incondicional y una escuela en tregua no son suficientes como preludio al arte; ¿Qué más podría serlo?
«Portico», Humberto Costa
«Igneos», Estela Pelaitay
Entregado, me dejé caer en esta afable exposición con caricia de abuelo. Y me mañosearon protocolarmente hasta hacerme sentir un niño bueno. Comencé de a poco, de lejos… 8 a 9 metros… reticente a la labor terapéutica. Son todas imágenes abstractas, paisajes de lugares imaginarios y míticos. Desde la distancia tiene un dejo de simbolismo.
Algunos trabajos parecen paisajes del infierno e inmediatamente recordé la isla de los muertos de Arnold Böcklin. A la cercanía (1 a 2 metros de distancia) la cosa cambia y ya no son paisajes sombríos y caóticos. Se vuelven afables y comienzan a conversar de otro modo y a decir otras cosas hablando de un vértigo de sensaciones, mostrándome gigantescos espacios; universos distantes no transitados. Se vuelven orgánicas y dejan de ser inquietantes. Hay técnicas de relieve sobre los lienzos, volviéndolos escurridizos, dulces como pastel. La obra te aconseja, sin sugerencias binarias (bien/mal). Mientras observaba, me pregunté: ¿serán paraíso e infierno el mismo lugar?
«Palimpsesto», Estela Pelaitay
Lucila Mónica Riofrio directora de la biblioteca Sarmiento (Legislatura provincial) había hecho en su presentación de la obra, un llamado al pensamiento: “la palabra correcta, lleva a la acción correcta” (frase de un activista de la guerrea de Corea al que no logré localizar por google) y de forma inmediata me repregunté: ¿Me estaré haciendo las preguntas correctas?
Fue en ese mismo instante cuando abordé la mesa y me mandé, de un trago, un vaso con tinto. De alguna forma mi vulgaridad me estaba abandonando y no podía permitírmelo. Después de todo estaba ahí para hablar mal y no, para andar haciéndome preguntas correctas o incorrectas sobre infiernos o paraísos de dudosa procedencia binaria.
Pero a medida que el tinto inundaba mis neuronas, más preguntas me hacía; todas incorrectas, por supuesto. Definitivamente la obra, de ambos, es inspiradora. Un llamado a ser mejor sin saber a ciencias y a ciertas que es: “mejor”. Una charla sin adjetivos calificativos.
Yo sé que mi demonio editor/a se ofuscará por esto, pero acaso “las preguntas incorrectas”, a veces, por una mera cuestión azarosa, te llevan a las acciones correctas. Es una de las cosas que me suelen pasar como diablillo. Intentando hacer tanto mal que al final sale “el bien”. Pensando el trabajo “artístico terapéutico” como algo menor, como algo que no tiene el nivel que esperamos, en contraposición, al pintor atrapado, convulsionado envuelto en fantasmas retorcidos.
Esperando que este nos lleve al lugar de inspiración que queremos y necesitamos. De alguna forma creo que no nos hace falta. La labor de Estela y Humberto nos lleva hasta allí; el lugar de la inspiración, sea por el camino equivocado o el correcto. Te conducen de la mano por el sendero afable y cariñoso de un abuelo sin la necesidad del trago amargo de lo retorcido y lúgubre.
La noche estaba fresca y el amor podía percibirse en el aire. Abandoné el edificio de la Sociedad Israelita con más preguntas que respuestas. Susurrándome a mí mismo, acaso el artista envuelto en fantasmas ¿no es también, alguien que hace una tarea terapéutica exorcizando sus propios demonios al pintar? Y busque otra botella de tinto que me anestesiara hasta la próxima exposición, no sin antes, darle 4 estrellas sobre 5 a Estela y Humberto. Como dije; había amor en el aire.
«Astral», Estela Pelaitay