Comentario

Rumores de ciudad

Arturo Sierra

Por Blasfemo de Talampaya I 15/11/2022

La cúpula de demonios que regentean este infierno, al parecer, estaba muy contenta con todo el daño social que había desencadenado con mi trabajo como crítico de arte… no podía sentirme más que orgulloso y andaba con el pecho inflado.

Durante el 2022 había desatado todo tipo de confusiones con mi delicado sofismo. Me había animado a tratarla de “bruja” a Graciela Faedo en plena revolución feminista, (a esta altura ustedes recordarán a la bruja embrujada); había mostrado las medias de Juan Failla, (en ‘Ocultos tras el zapato y el pantalón’) detrás de todos los telones, y le había asentado un golpe devastador a Pablo Henríquez, (reservándole un lugar en el infierno) inmerecidamente (si vale la aclaración).

Con mis acciones, por momentos descaradas, por momentos insultantes, había recogido una gran cantidad de amigos y también de enemigos circunstanciales y aún así no dejaba de recibir invitaciones, muchas más de las que podía asistir. Había silenciado muchos corazones apacatados, bermuyalizados, de fango provincial, con alguna frase imaginativa y siempre de doble o triple lectura.

Pero aquel día no sería uno más. La ciudad estaba tibia, calma… como esperando que las luces se encendieran para dar comienzo al festival. El Club Artify se preparaba para inaugurar la muestra “Habitar” del querido Leo Venerdini (que todavía pueden visitarla). Él es el niño mimado de los 18 mundos, uno de mis preferidos. Es un romántico de la nueva generación, pero de la vieja escuela.

Pinta ciudades y montañas de luna. Barba espesa, esbelto e impecable, y siempre con una amplia sonrisa de bienvenida para quien se acerca a saludarlo.

Donde mirara veía ciudades… mis ciudades, mil ciudades

Sus obras tienen ribetes de preludio para mi… yo no lo sabía en ese momento, pero sus cuadros me hablaban del futuro. Las voces en la galería se tornaban intensas, intensas hasta la sordera… y el ambiente era distendido y agradable.

Carolina Schvartz lanzó un poema de Khalil Yibrán para inaugurar la muestra, que me conmovió:

La Vida me tomó en sus alas y me condujo a la cumbre del Monte de la Juventud. Después me señaló a su espalda y me invitó a que mirase hacia allá. Ante mis ojos se extendía una ciudad extraña, de la cual emergía una humareda oscura de múltiples matices, que se movían lentamente como fantasmas. Una tenue nube ocultaba casi completamente la ciudad de mi vista. Tras un momento de silencio, exclamé: -¿Qué es lo que estoy viendo, Vida? Y la Vida me contestó: -Es la Ciudad del Pasado. Mira y reflexiona. Contemplé aquel escenario maravilloso y distinguí numerosos objetos y perspectivas: atrios erigidos para la acción, que se erguían como gigantes bajo las alas del Sueño; templos del Habla, en torno a los cuales rondaban espíritus que lloraban desesperados o entonaban cánticos de esperanzas…

Cientas son las ciudades que Leo ha dibujado y en ese momento… justo en ese momento, me vi navegando baldosas amarillas de veredas deformes… Donde mirara veía ciudades… mis ciudades, mil ciudades; las de Leo y me embriagué de deseo… Conmovido e inquieto a la vez me mandé una empanada con un buen trago de vino tinto para que no se me notara tanto el sentimiento.

A veces, no es la misma ciudad, la que abriga el peligro. El riesgo de transitarla viene con nosotros, como un descuido, como los cordones desatados que anuncia tropezón y golpe.

Él sabe que caminar las ciudades conlleva peligros. Y a veces, no es la misma ciudad, la que abriga el peligro. El riesgo de transitarla viene con nosotros, como un descuido, como los cordones desatados que anuncia tropezón y golpe. Intenté tomar la foto, pero fue inútil. Les hace tres nudos a los cordones de sus zapatillas para evitar “el peligro” a toda costa… Pero ¿es que no hay diablillos para desatar los cordones de las zapatillas de los transeúntes? Y aunque me llevó trabajo tuve que hacerlo con Leo. Le desaté los cordones con sus tres nudos a ver si tropezaba con una baldosa desencajada, de una de sus ciudades… pero no, él sabe de diablillos y me regaló otra de sus sonrisas.

Voy a dejar aquí unas fotos de la obra, que no voy a analizar, de ninguna manera… y, a las que antes de partir les dejé mis 5 estrellas (sobre 5).

 

Paraíso recobrado

Al llegar encontré la carta. Sobre rojo satinado con el escudo marcado a fuego del Aquelarre de mi infierno.

 

Estimado blasfemo de Talampaya

En vistas a las 534 cartas de reclamos recibidas por esta entidad, por la nefasta e ingeniosa labor realizada durante 2022 se le ordena el cese de las actividades en museos y sitios de exposición. Debido a su mal proceder; tenemos el convencimiento que se encuentra llamado a recibir no solo castigos más grandes, sino también, a otorgarlos. Las autoridades de este infierno han decidido designarlo en una nueva posición como agente del desorden y el caos.

 

Mientras leía, las voces otra vez se volvían intensas en mis pensamientos, hasta la sordera. Por las razones correctas o equivocadas, no podía dejar de repasar en mi memoria las ciudades en los cuadros de Leo e imaginar aquello que no se veía, pero que inevitablemente les daba forma.

Me preguntaba ¿Todas las ciudades son las de George Orwell, las de Huxley o las de Ray Bradbury? Y de pronto recordé las de Italo Calvino y no pude más que abandonarme al deseo de encontrar la ciudad soñada (el paraíso en medio del infierno), esa que todos buscamos aún sin saber si la encontraremos.

Pensé que quizá él tenga razón y las ciudades sean el sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles. Sin poder olvidar sus palabras, que venían una y otra vez a mi memoria, también me vi buscando quién y qué en medio de mi propio infierno no es infierno con el deseo de dejarle espacio, de hacer que dure…

 

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