Opinión

Veo tu voz, oigo tu mirada

Por Sonia Parisí

La historia sin fin

Amarillo, rojo y azul; Kandinsky (1925)

Desde que inició la pandemia que por supervivencia nos obligó a usar barbijo o tapabocas, además de preservar nuestra salud y la vida, hemos podido valorar lo que significa andar “a cara descubierta”.

Descubrir la cara conlleva beneficios que no habíamos percibido, tales como despreocuparse de llevar y no olvidar el barbijo, llevar uno tal que con su uso no se te empañen los lentes, volver a maquillarnos sin que se nos ensucie con rubor o lápiz de labio el tapaboca, despreocuparnos de que el elástico se nos corte o enrede con el cabello o los aros, etc.

Pero a mi criterio hay tres motivos fundamentales por los cuales celebro ir prescindiendo de su uso: en primer lugar por poder respirar profundo y llenarme los pulmones de aire, en segundo lugar por poder besar piel a piel sin trapo mediante y en tercer lugar por una mejor calidad en nuestras comunicaciones.

Porque si bien es cierto que nos comunicamos con los cinco sentidos, el tapabocas nos había privado de nuestras vías o canales fundamentales de comunicación que son la vista y el oído. Aún no queda muy claro si nos costaba entendernos porque no escuchábamos bien la voz de la otra persona o porque no podíamos leer sus gestos o sus labios.

No voy a negar que tanto un perfume especial como una caricia sutil o una cena exquisita comunican… ¡Y cómo! Pero creo que el sentido del olfato, el tacto y el gusto entran en juego en una segunda etapa de la comunicación, dejando así a la vanguardia a la vista y al oído.

Este “maridaje” entre ojo y oreja no es nada nuevo. Desde el antiguo teatro griego, pasando por el nacimiento y desarrollo de la ópera hasta el cine mudo y las pantallas de Hollywood, en la historia del arte hemos podido apreciar innumerables ejemplos de su servicio mutuo.

Expresiones artísticas más contemporáneas como los caligramas y las esculturas sonoras son algunos ejemplos. El caligrama es un poema visual que recrea en una imagen el ritmo, la entonación y el contenido de un texto manuscrito. Es decir, que le pone imagen al sonido. De manera inversa, en las esculturas sonoras se le pone sonido a la imagen. La escultura sonora es una forma de arte intermedia en la que el objeto escultórico produce sonido.

Ya a principios del siglo pasado, el célebre artista, músico, pintor, investigador y docente ruso Vasili Kandinsky publicó en 1926, su libro “Punto y línea sobre el plano”. Este texto es la continuación de otro al que tituló “De lo espiritual en el arte”, y debe su origen a las investigaciones que el autor realizó en la Bauhaus desde 1922.

Si bien como mencioné antes la estrecha vinculación entre las artes visuales y musicales es de antigua data, es innegable el aporte que hasta la fecha constituye la obra teórica de Kandinsky para echar luz sobre esto.

De manera genial y sin prejuicios, expone que en el fenómeno de la percepción, desde una perspectiva biológica que excede lo cultural, se activan simultáneamente todos los sentidos pudiendo vincularse entre sí los colores con las formas, la temperatura, el ritmo, el movimiento y los sonidos, de los cuerpos en el espacio.

En este marco, conforma grupos de correspondencia como:
A- El color amarillo, con la organización vertical, la forma triangular, la temperatura cálida, el movimiento ágil y el sonido agudo.
B- El color azul, con la organización horizontal, la forma circular, la temperatura fría, la quietud del reposo y el sonido grave.

Pero Kandinsky no fue el único que investigó en este sentido. Aquí en Argentina también lo hizo otro célebre artista como fue Xul Solar. Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, fue un pintor, escultor, escritor, músico, astrólogo, esoterista, inventor y lingüista argentino. Desde 1916, las obras de Xul son combinaciones de signos y símbolos. Fue creador de la “panlengua” un lenguaje verbal y visual particular que coincide con la búsqueda de sus intereses espirituales; también creó un teclado de piano en el que vinculó sonidos con texturas y colores.

En San Juan contamos con valiosos hacedores que desde distintos lenguajes se han agrupado formando colectivos artísticos, entendiendo que la amplitud de perspectiva que permite la conjunción de diversos abordajes, no puede cubrirse desde una sola y única disciplina ¿para qué reunirnos entonces, sino para enriquecernos? La pluridisciplina otorga profundidad, densidad de contenido. Sin este sentido, el agrupamiento peligra de una visión estrecha, sesgada, elitista y excluyente que termina auto-devorándose.

Por nombrar sólo algunos notables y recomendables ejemplos locales de colaboraciones artísticas interdisciplinarias, puedo mencionar al músico Adrián Rússovich compositor de la obertura de la ópera “Sarco”, en cuyo acervo motivacional cuenta la obra pictórica “Inocencio XIII” de Francis Bacon.

También es oportuno recordar que existen composiciones musicales del maestro Carlos Florit Servetti, uruguayo radicado en San Juan, inspiradas en la obra de pintores célebres como José Cúneo, Francisco de Goya y Vasili Kandinsky.

No puedo dejar de mencionar a nuestro entrañable poeta y escritor, Jorge Leónidas Escudero, a quien le atraía también el mundo de la música y compuso un libro de canciones, “Aires de Cordillera” (1994), con sus letras y la música de Hermes Vieyra y José Luis Aguado. Una de esas canciones, Guitarrita de minero, fue grabada por Jorge Cafrune en 1974. También produjo “San Juan a la redonda” (2004) donde invitó a Jorge Darío Bence y a otros artistas, con dirección musical de Rolando García Gómez. En la lista está también “Busquedades” (2008) compuesto junto al cantautor Pablo Maldonado. Musicalizaron poemas de Chiquito: Tito Oliva, Hélida López y Nahuel Aciar.

Por su parte, sobre las imágenes de la obra literaria de Escudero, que provocaran a tantos músicos, también inspiraron su trabajo reconocidas artistas visuales sanjuaninas como Malena Peralta, Virginia Castro, Silvina Martínez, Alejandra Carabante y Alcira Núñez.

Con seguridad se me olvidan varios ejemplos más. Pero para ir concluyendo, voy a nombrar al Prof. Miguel Angel Scebba, reconocido pianista y compositor ítalo-argentino, quien por encargo de su colega, el Prof. Miguel Angel Sugo, a fin de enriquecer el acervo del “Ensamble Contemporáneo Andino”, compuso en el año 2015 “Las 6 Visiones de la Muerte”. La composición se inspiró en imágenes evocadas por seis poemas de autores diversos, de diferentes épocas y países como Dante Alighieri, Borges, Mario Benedetti, José de Espronceda, Eugenio Montale y Sergei Yesenin.

Finalmente -y muy especialmente- quiero recordar a Cristina Bravo quien en su (recusada) propuesta de Tesis de Licenciatura en Educación Musical, planteaba que:

«El modelo curricular de la escuela secundaria en Argentina, en Educación Artística, no ha podido conformar la diversidad del alumnado. Para ello, debieran contemplarse diferentes trayectorias formativas en función de esa heterogeneidad. Mi propuesta de Tesis, pretende ser un aporte desde la transdisciplina, como recurso áulico abarcador de los distintos modelos representacionales… Involucrar a futuro las diferentes disciplinas dentro del área artística; ya que hoy la enseñanza de los lenguajes artísticos se da de manera aislada y desvinculada, cuando en el fenómeno de la percepción se vinculan todos los sentidos en la acción de descubrir el mundo de manera simultánea e interconectada.

¡GRACIAS Cristina Bravo, por todo lo que me enseñaste!

 

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