Opinión

Una velada paqueta

Por Blasfemo de Talampaya

 

Microhistorias-para-fortalecer-el-cambio-social-4

Con poca y nada de ganas, hundí mi cara en un pote de talco viejo. Me calcé el pelucón con rizos plateados y me mandé al Club Social de San Juan (Rivadavia 68 Este). Ya no exigen saco y corbata como antaño, se han modernizado, y la única exigencia masculina para acceder al club es: llevar bien puestos los pantalones largos. Pisos de perfecto parquet de madera (brillante), lámparas doradas, sillas con tapicería (nada de plástico) dispuestas en semicírculo de hasta 5 filas y un piano de cola negro perfectamente lustrado. El lugar tiene una mezcla de rococó con modernidad en perfecta armonía. Paredes con espejos, y las que no, cortinas blancas vaporosas. Mientras subía la escalinata de mármol cuya alfombra ya no está, me sentí transportado casi de inmediato al siglo XVI o XVII, en las inmediaciones de la plaza 25 de Mayo.

La noche de San Juan ya no transita por el centro neurálgico y esta magia de otras épocas parece escapar por los ventanales y extenderse por calle Rivadavia esquina Gral. Acha el sábado por la noche. El salón se vestía de aristocracia para nuestra local burguesía. No quiero que me malinterprete; me pareció lindo ser un aristócrata francés por un ratito. Vivir en un tiempo en que la cosa era otra cosa. En realidad, no se trata de una exposición plástica, más bien es un concierto con instrumentos de cuerda (y flauta) con el decorado de algunas (si es que no las mejores) obras del arte de Adela Cortínez. Estos cuadros no quedan expuestos al público y solo se podían ver aquella noche.

Adela tiene todas las medallas que hay que tener. Parte de la élite artística más vernácula. Los grabados que tienen fecha 2006 / 2007 aguafuertes, aguatintas, meso tintas y puntas secas, forman parte de la serie que llamó: “Impedimentos para el Matrimonio”. Sus grabados dialogan con una obra literaria de comienzos del siglo XVII (17) “Debates o discusiones sobre el santo sacramento del matrimonio” un tratado escrito por un Jesuita español de nombre: Tomás Sánchez de Ávila (o alguien así, que no logré encontrar con precisión en google) que fue publicado tras su muerte en 1613.

Los trabajos de Adela consisten en constructos eróticos de fragmentos de cuerpos que entran en disputa con el sentir de legislar sobre la intimidad sexual en el matrimonio. Una nueva discusión entre Tomas y Adela de cómo es: “el ama”, y de cómo hacerlo. No poseo un abanico extendido sobre gustos y sensaciones; pero el momento en el que presentaban la obra se acercaba al preludio a hacer click en el link de Pornhub y comenzó la música. Una obra de Bach que desató primaveras en el salón rococó interpretada por Gabriela Mini (flauta), Emilio Mini (violín) y José Luis Di Marco (violonchelo). Sensaciones a las que mi vulgaridad no está acostumbrada. Sensaciones de alegría y jolgorio que decían con delicadeza “la vida se disfruta así” y me volvieron las ganas al cuerpo.

El proyecto cultural “Brindis con el arte” arrancó esta temporada de forma austera (no había brindis) pero muy; muy sensual.

Entre el allegretto y el adagio hay un espacio de silencio musical en el que no se debe aplaudir, una espera, un instante que sirve al músico para acomodarse y acomodar sus partituras, pero yo aplaudía con fuerza. Para mí, era primavera.

Las miradas del público a mi desubicada actitud fueron primero acusatorias, luego se tornaron en clemente y más tarde educativas. Solo la mirada, una señora mayor, con peinado de peluquería, me dijo: ¡Vos aplaudí, cuando me veas aplaudir a mí!

Hacía tiempo que había dejado el lenguaje de las miradas en el cajón de la mesa de luz, pero en este lugar todavía se usa. Una herramienta de gran utilidad cuando hay barbijo de por medio y solo se te ven los ojos. Otra mujer muy bella me dijo: ¡vos no sos de aquí…! …pero espero que vuelvas.

No es fácil usar este sistema simbólico ya que la primera oración es siempre condenatoria y hay que sostener la mirada arriba, a los ojos del otro, para poder ver la segunda o tercera oración. Aquí no está la afabilidad de la sociedad Israelita, ni la movilidad, de una exposición, de museo sanjuanino donde el cuerpo también conversa con su entorno. Aquí hay códigos, distintos, sutiles con engranajes en desuso. A mí me pareció un lindo lugar donde volver a ejercitarlos y practicarlos. 

 

Como punto final, este servidor le otorga 4 estrellas (sobre 5)

Club Social de San Juan,21.30 PM sábado, 02/04/2022

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