Opinión

Un maridaje no tan híbrido

Por Sonia Parisí

Livia Mund

«Sin título», Livia Mund (2008)

En general, es bien conocido que la palabra fotografía significa dibujar con luz. Y desde que la fotografía existe, este proceso se ha complejizado yendo desde el mínimo gesto de plasmar una silueta sobre un papel, enmascarando y posteriormente exponiendo a la luz una superficie fotosensible, hasta replicar escenas de obras icónicas de la historia de la pintura como lo hace -por ejemplo- Marcos López.

Marcos López es un artista fotógrafo argentino que se ha consolidado como figura del arte latinoamericano contemporáneo. Comenzó a tomar fotografías en 1978. En 1982 abandonó sus estudios de ingeniería para dedicarse por completo a la fotografía. En 1982 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes. Se trasladó a Buenos Aires y estudió en talleres de prestigiosos fotógrafos. La década del 2000 al 2010 ha sido muy fructífera para él, recibiendo premios, realizando exposiciones y observando cómo sus trabajos se publican y se incluyen en colecciones de todo el mundo.

Marcos López

Asado en Mendiolaza (detalle), Marcos López

Pero volviendo a la fotografía, la seductora idea de “dibujar con luz” que es un inmaterial, ha tentado y provocado a la humanidad a realizar variadas y múltiples experiencias, desde la recreación performática de ritos ancestrales como danzar sosteniendo una antorcha o correr olímpicamente con ella para entronizarla, hasta estudiar el trayecto lumínico de los automóviles en una carretera demorando el tiempo de exposición de una toma nocturna.

Dentro de los procesos experimentales para hacer fotografía sin toma, es relevante como antecedente de este vínculo entre la fotografía y la pintura, la técnica del revelado desigual. Esta técnica consiste en exponer el papel fotosensible, previamente pintado con revelador diluido o concentrado. Se procede a enmascarar el papel fotosensible y luego manchar las partes que van a ser expuestas con un pulverizador o una esponja. Una vez que las manchas realizadas alcanzan la oscuridad deseada, se pasa la copia al líquido de paro y finalmente al fijador.

Otro ejemplo lo constituye el arte del “Light painting” que es una disciplina que ha evolucionado desde el siglo pasado. Picasso fue cautivado por esta técnica en 1949, cuando el fotógrafo Gjon Mills le ofreció dibujar con luz. Gracias a él, hoy podemos acceder a esos minotauros y otras obras cubistas trazadas con linternas en el aire y registradas con tiempos lentos de exposición.

Mucho antes y desde que la fotografía “vio la luz”, comenzó este coqueteo con la pintura que culminó en un (no tan híbrido) maridaje. Y es que durante más de un siglo la pintura se ha servido de la fotografía tanto como la fotografía de la pintura.

La historia del arte, por su parte y como sucede normalmente, no consideró en principio la fotografía como “arte”, luego la consideró como “disciplina de soporte” sin embargo hoy integra el cuerpo de obras seleccionadas en salones nacionales de “PINTURA”.

Durante la Edad Media Europa vivió el auge de las ciudades, en las cuales se asentó una nueva clase social de artesanos que no estaba sujeta al régimen de servidumbre. El trabajo realizado por los artesanos tenía varias características diferenciadoras: escasa división del trabajo, sin periodización clara del tiempo de trabajo, producción muy vinculada a la demanda, libre control del proceso y de los medios de producción, valor a la destreza y calidad, extensión de la producción local a mercados lejanos, agrupaciones en oficios y gremios.

Recreando de algún modo la manera medieval, actualmente y desde hace un siglo, los artistas consagrados trabajan colectiva e interdisciplinariamente, incluyendo en su equipo técnico a un fotógrafo profesional, cuya tarea es considerada tan esencial como la del curador, el gestor, el diseñador o el montajista, que constituyen el resto del colectivo.

En este marco de gremios y colectividades se puede abordar también el concepto de “Clínica de arte”. El uso de este término se aplica a un análisis pedagógico sobre una obra en particular, donde uno o varios especialistas opinan desde su experiencia ante una audiencia entendida que hace preguntas. Con frecuencia, hoy se constituyen en conversatorios, textos curatoriales o visitas guiadas.

Se puede afirmar que en el ámbito de la clínica de arte y a la manera del trabajo de un forense, la fotografía se ha empoderado como herramienta fundamental ya que facilita ver detalles, procesos, posibles evoluciones y en definitiva trazar desde una retrospectiva una prospectiva a determinada trayectoria artística, tarea que a simple vista y sin esta información fragmentaria y ampliada, es más difícil dilucidar.

 

Hoy es inevitable en el ambiente de las artes hablar de las “experiencias híbridas” y de qué manera nuestro acceso al soporte de las obras es inexorablemente mediado. De hecho, las obras se comunican a través de e-books, páginas o sitios virtuales tanto como la preselección para integrar importantes salones se hace de manera virtual, fotográficamente mediada.

Por otra parte, hoy es inevitable en el ambiente de las artes hablar de las “experiencias híbridas” y de qué manera nuestro acceso al soporte de las obras es inexorablemente mediado. De hecho, las obras se comunican a través de e-books, páginas o sitios virtuales tanto como la preselección para integrar importantes salones se hace de manera virtual, fotográficamente mediada.

Siguiendo el diccionario, las experiencias híbridas son aquellas que se llevan a cabo en un lugar físico con un aforo presencial limitado, al que también asiste una audiencia en línea e interactiva. El evento híbrido es un canal que recientemente y durante la pandemia, ha ganado una gran relevancia. En este formato asistimos a talleres de arte, seminarios, workshops, clínicas de arte y visitas guiadas.

Pero lo cierto es que mucho antes y desde que la fotografía “vio la luz”, comenzó este coqueteo con la pintura que culminó en un (no tan híbrido) maridaje. Y es que durante más de un siglo la pintura se ha servido de la fotografía tanto como la fotografía de la pintura.

Por la necesidad de “mímesis” -concepto estético que significa imitación, similitud no sensible o representación- se puede afirmar que el género del retrato es el que más se ha servido de la fotografía. Un retrato es un homenaje, un reconocimiento que generalmente se hace a una persona ausente o fallecida, motivo por el cual, al no poder hacerse con modelo vivo, se necesita recurrir a la documentación fotográfica. También se ha usado la fotografía para retratar a niños o ancianos, dada la dificultad que tienen ambos para sostener una pose.

El hiperrealismo es un género de pintura y escultura que se asemeja a la fotografía. Es considerado un avance del fotorrealismo por los métodos utilizados.​ Actualmente, en la obra de muchos pintores la fotografía constituye una instancia ineludible. Pintores hiperrealistas, no pueden realizar su obra sin contar con una serie de registros fotográficos. De hecho, algunos proyectan -o directamente imprimen- la foto sobre la tela tensada para pintar sobre ella.

Existen variados tipos de fotografía, según su objetivo: comercial, documental, forense, narrativo, científico, artístico, etc. y es que la fotografía inicialmente utilizada por el periodismo, parece no resignarse a un mero rol de registro documental y se desafía compitiendo –por ejemplo- en el campo de las artes, ostentando las mismas categorías lexicográficas de la pintura.

La pintura digital es la técnica empleada para crear un objeto artístico de manera digital mediante el uso de softwares gráficos. Esta técnica adapta los medios tradicionales para crear una pintura (como lo son la pintura acrílica, la pintura de aceite, la tinta, la acuarela, etc. Existen múltiples y variados programas de edición digital como el Photoshop para transformar fotografías en pinturas, pudiendo aplicarse diversidad de efectos. A través de la aplicación de estos filtros, la fotografía se transforma en una pintura digital, categoría que por su parte también ha logrado recientemente ser considerada para participar en concursos y salones de pintura.

Las meninas

Las meninas, (1656) Diego Velázquez

Para finalizar, quiero traer a la memoria una pintura emblemática de la historia del arte, como lo es “Las meninas” pintada en 1656 por Diego Velázquez. Tan estudiada y comentada por historiadores, semiólogos, estetas y críticos de arte, aún nos sigue sorprendiendo.

Como si se tratara de la confesión de un visionario, y a modo de caja oscura de una cámara fotográfica analógica, Veláquez incluye en su pintura un espejo al fondo de la escena. En un juego de doble reflexión, en ese espejo se refleja la pareja real que está ubicada en el punto de vista del observador de la pintura, pero que a su vez está siendo mirada y retratada por Velázquez que está plasmando la imagen de estos que miran y a su vez están siendo mirados. ¿Casualidad, intuición, visión? No se sabe… pero no deja de fascinarnos.

 

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