Comentario

Un lugar en el infierno

Por Blasfemo de Talampaya

 

Mi pozo de fuego se había vuelto un laberinto. Por alguna razón, la pila de libros había llegado a crecer tanto, que ya no me dejaba espacio para moverme. Tiré un par de libros al fuego para avivar la llama y así calentar el agua para el mate. Mis propias historias, mis libros, me estaban encerrando, angustiando.

En la parte superior de mi caverna hay un hueco, alguien arroja libros por ahí como si se tratara de un basurero. Al caer, estos van formando una gran pila. Mientras tomaba mate, analizaba cómo caían, también, pequeñas gotas de agua (o es lo que creo). La idea de que pudiera ser otra cosa líquida me asaltó sobrecogiéndome con un tiritón de cuerpo. Que pasen estas cosas, es normal; después de todo estoy siendo castigado en el infierno. Visitar muestras artísticas es parte de eso también.

Recuerdo cuando era un mortal y los libros tenían un gran valor. Se los cuidaba y se los acomodaba en estantes delicadamente, por tamaño y por tema… y jamás, jamás se los prestaba por ninguna razón a nadie. Los libros eran casi como un tesoro… y ahora en el infierno ese tesoro, era mi perdición.

Como ya no me quedaba espacio vital, tomé una carretilla y pala mediante la llené de libros, debía deshacerme de ellos a como diera lugar. Aparté la capa superior de ejemplares reventados y húmedos y comencé a cargar los que se encontraban sanos y secos. Mi querida amiga Lucila Riofrio Montoya me daría una mano con eso. Llené el asesor de Caronte con una pequeña biblioteca entre lo que se encontraba una colección completa del suplemento “Tiempo libre” de Diario de Cuyo 1997-1998. Al bajar del asesor, en San Juan, llovía a cantaros… algún demonio, no quería que aquellos libros y revistas, llegaran secos a su destino: La biblioteca Sarmiento de la Legislatura. (Como pa´que se sienta, el ¡castigo!)

Pablo Henríquez Micheletti, sin saberlo, tiene un gran problema. Por casualidad, una copia desactualizada de su prontuario había caído en mi pila de libros. Por esas cosas de la vida, y sin tener nada más importante que hacer, mientras tomaba mate, antes de arrojar aquella carpeta al fuego, comencé a leerla. Carpeta gorda, de esas que ya no cierran. Con un detalle exhaustivo estaba documentada toda su vida. Y 18 páginas de razones por las cuales Henríquez debía terminar en el infierno… Los demonios fiscales, suelen ser inquisidores… y se pasan un poquito también. Tiene asignada una celda, 30 pisos más abajo del mío. Al parecer, alguien de más arriba, había hecho un resumen y arrojó; esta obsoleta a mi pozo de fuego. El infierno puede parecer caótico; pero de alguna rara forma, funciona.

Estas muestras están siempre a reventar; pero también jugaba Boca. Y aunque Boca no jugó… (gases mediante) las salas no se llenaron. Pablo Henríquez nos trae esta vez una muestra más personal… más desde lo humano que de lo político. En “Tela para cortar”, Pablo, aborda el paisaje sanjuanino desde una perspectiva puramente personal. También expone otra serie: Caballadas… (Caballos & hadas). Más onírica, fantástica y colorida; diferente a lo que nos tenía acostumbrados con los troyanos y los peones.

Presentando la muestra, se encontraba don Humberto Costa (Solo evidencias): “…El trabajo de Pablo, se centra en una simbiosis de elementos que configuran escenas pobladas de vibraciones…” Tras las palabras de don Humberto, y del propio Henríquez, la muestra quedó inaugurada.

Pablo es mendocino de cuna y a estas alturas, él cree haberse recibido de sanjuanino… y en este sentir; asumido como parte del pueblo del Zonda; no puede dejar de ser crítico y se le nota. Este punto de inflexión parece una tontera… pero los sanjuaninos pueden recibir críticas de cualquier lugar del mundo… de ¡cualquiera! pero cuando vienen de Mendoza la cosa cambia. El aire se torna espeso. Las sonrisas impostadas.

Y en el fondo la crítica (que, en esta muestra de Pablo, casi ni se nota) molesta, no por ser honesta y directa; sino más bien porque viene de un mendocino al que se lo ha criado. En lo profundo del corazón del zonda; y sobre la crítica… hay como un murmullo con sabores a traición.

Hay muchas obras con esas pinceladas cínicas de críticas menducas… el bufete era espartano y esto desataba sentimientos… la que me pareció más evidente, fue una de la serie “Caballhadas”. Un caballo, que ya no es troyano, con alas de mariposa, pasea por un bosque de árboles podados, con escasos frutos; donde reza un epígrafe: “Yo soy como La Maleza / Que nadie está esperando: No la arrancan por (x) mala; si no por lo que sabe de campo”. Por alguna razón (como a mis libros en el pozo) sentí ganas de salvarlo. Me acerqué a Pablo, le puse 3 estrellas (sobre 5) en el bolsillo y le dije: Escapa; ¡ESCAPÁ! Mientras puedas… ¡ESCAPÁ! ¡Que te han visto…!

error: Este contenido es propiedad de Plataforma GAIA !!
Share This