Tarde de perros

Arturo Sierra

Demonio Urbano I 22/04/2023

La cosa empezó mal. Tuve que sortear calles y accesos cortados para poder llegar a la inusualmente temprana inauguración de la muestra «Instantes fragmentados». El breve espacio de nuestra emblemática Biblioteca Franklin repleto de gente y en el momento en que yo ingresaba comenzaban los aplausos que obviamente no iban dirigidos a mi funesta presencia en el lugar.

Llegué tarde a mi primer día de trabajo. Malhumorado por demás, me acerqué a apreciar la bastante concurrida exposición compuesta por una decena de obras de pequeño formato.

“Tarde de perros” debió haberse llamado la muestra. Perritos por aquí, perritos por allá y de vez en cuando el rostro de alguna persona. Son raros éstos artistas, me dije… histeria pura que los diablos sub-ocupados tenemos el trabajo de decodificar.

Como además de ser un demonio resentido soy bastante ignorante en todo lo que pretenda agregar belleza a este mundo, me interné en el gentío para hacer mi indiscreta pesquisa.

¿Qué nos quiso decir la artista con su obra? Me sentía tan ajeno como en mis años de secundaria sentado en el banco de la escuela y en clase de “Plástica”. De plástico eran mis neuronas…

¿Qué nos quiso decir la artista con su obra? Me sentía tan ajeno como en mis años de secundaria sentado en el banco de la escuela y en clase de “Plástica”. De plástico eran mis neuronas incapaces de hacer una sinapsis frente a los tachones, manchones y demás deformidades plasmadas en un lienzo que aquella profesora se esmeraba en hacernos entender como “arte”.

Me costó bastante dar con algún grupo de personas que estuviera comentando algo acerca de la obra expuesta. Se hablaba de los cortes de calle que los habían hecho llegar tarde, de las enfermedades que algunos asistentes estaban cursando y de ¡cuánto tiempo hacía que no se encontraban! Mmm… -me dije- la mano viene difícil.

Mientras tanto, Jamile Apara (así se llama la expositora) posaba para los flashes con diversas personalidades en composé con un fondo de perritos.

Casi se me cae un lagrimón de autocompasión cuando me ví tan necesitado de aquellos conocimientos que en la secundaria me resistía a adquirir y de los cuales esta noche dependía mi puchero.

Como además soy un diablo ciclotímico, decidí cambiar la estrategia y disponerme a la contemplación, a la propia deducción, a ver “qué me quería decir la obra”. Y evidentemente lo nuestro era un diálogo imposible ya que entre ella y yo se producía una constante interferencia de transeúntes.

Mi mirada entonces traspasó la frontera del mero estímulo visual para conectar con una remota infancia de pueblo y provincia del interior, donde “los chocos” eran propiedad del vecindario y todos los queríamos como nuestros.

Entonces empecé a mirar para adentro, buscando alguna luz en ese cavernoso y oscuro interior. Me autopercibí como un demonio introspectivo y romántico… ¿Por qué no? Los demonios también tenemos nuestro lado cursi. “Como en la vida misma”, me dije. Diablo pedorro, te pasa como en la vida misma. ¡Quizá eso es lo que te quiere transmitir la obra!

Y sí, mi mirada entonces traspasó la frontera del mero estímulo visual para conectar con una remota infancia de pueblo y provincia del interior, donde “los chocos” eran propiedad del vecindario y todos los queríamos como nuestros. Sentimiento de pertenencia compartido y avalado por madres, hermanas y toda la comunidad filo-perruna de la que formábamos parte.

Después de todo y quizá por ósmosis, los conocimientos que allá a lo lejos aquella profesora de plástica intentaba transmitirme me habían penetrado. En el mejor sentido de la expresión lo digo ¿eh?

Después de un par de horas en las que aconteció lo que aquí les cuento, salí del lugar corriendo para esta vez, sí llegar temprano a mi infierno. No sin antes casi por casualidad, de refilón, por accidente (como ocurre todo lo bueno que me pasa en la vida) alcanzo a enterarme de que la expositora –a modo de reconocimiento- había invitado a hacerle la presentación a quien fuera su primera maestra de plástica.

“Nobleza de la que careces, diablillo…” me dije con picardía y orgullosamente.

 

Epilogo
Por llegar tarde, los reproches de la cúpula de demonios que regentea este infierno fueron tan duros que, como castigo tuve que regresar al día siguiente, aunque también olvidé anotar los títulos de las obras. Mala mía.

La muestra

«Instantes Fragmentados», está compuesta por 10 obras de pequeño y mediano formato realizadas en grafito, óleo y acrílico. Podrá visitarse hasta el 15 de mayo en la Biblioteca Franklin (Laprida 63 este)

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