Releyendo a Mafalda
Por Gargo I 08/10/2023
☆☆☆☆☆
La docuserie «Releyendo a Mafalda» que llegó hace pocos días a las pantallas por medio de las plataformas de Disney+ y Star+ (y formó parte de la selección oficial del festival Canneseries 2023) no sólo es un gran documental, más que eso, es un tremendo homenaje a Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón, 1932-2020) y a su obra más conocida y emblemática.
Es un relato estructurado en 4 episodios, dirigido por la realizadora Lorena Muñoz (y producida por Juan Pablo Miller y Diego Guacci) en donde confluyen las voces de grandes dibujantes de hoy, de América, España e Italia que examinan en profundidad sus formas narrativas, esas mismas que terminaron cambiando el cómic para siempre.
Además participan familiares del creador, investigadores y estudiosos de la historieta, entre otras personalidades de los medios de comunicación, del espectáculo y el deporte. Tales testimonios se intercalan con un valioso material de archivo con entrevistas realizadas en diferentes épocas al autor. Los protagonistas analizan y repasan sus experiencias de lectura, disfrutan de compartir anécdotas, recuerdos y vivencias en relación a los personajes de la tira Mafalda que se publicó entre 1964 y 1973.
La serie cuenta en su primer capítulo los inicios de la tira, y de qué manera evolucionó a lo largo de los años. El segundo episodio se centra en los personajes icónicos que la acompañaban a Mafalda: Manolito, Felipe, Susanita y Miguelito a los que se sumaron más tarde su hermano menor Guille y Libertad. Todos personajes entrañables que calaron hondo en la sociedad argentina y que incluso trascendieron límites geográficos, linguisticos y temporales. El tercer capítulo es una observación de las herramientas narrativas de Quino y sus relaciones, como por ejemplo “el globo terráqueo” y el épico y magnífico Citroën 2cv del papá de Mafalda. El cuarto y último capítulo es a mi modo de ver el que mejor condensa los valores que transmite la tira.
Mafalda, que se caracteriza por su humor mordaz y su crítica social, es hoy reivindicada por ser profundamente feminista y protoambientalista, llena de un sinfín de ideales de la generación de los años ’60 que, a la fecha, hacen tanta falta en la sociedad actual. Ella encarna la crítica social de Quino hacia una época que terminó en una revolución que no fue.
Mafalda es la literatura más exquisita de este grupo de jóvenes que luchó contra el consumismo, el materialismo y el capitalismo vernáculo, la hipocresía, las desigualdades de clase y de género, cuestionando el statuo quo y reclamando un mundo mejor y más equitativo. Si… Mafalda es un fracaso lleno de esperanza. Un fracaso que no se ve como una pérdida y se lee siempre con una gran sonrisa. Mafalda es un conjunto de pequeñas migas de pan que nos marca un camino que los humanos no hemos recorrido y que está ahí… como una eterna materia pendiente.
Al parecer los hippies todavía tratan de enseñarnos algo que no aprendimos ni manejamos. Al parecer solo aprendimos lo peor de ellos: drogas, amor libre y música a volumen alto. Y a estas alturas, ‘Releyendo a Mafalda’ nos preguntamos: ¿Qué fue de todo lo demás? Es que, en el fondo, Mafalda es una niña hippie viviendo en el seno ecuménico de la clase media argentina. Sus padres son la tradición por excelencia del “deber ser” de una familia tipo en los años ’60. Ella y sus amigos están atrapados ahí… sin poder crecer, sin poder ser, por el resto de la eternidad. Estos critican, sufren y se quejan, sin poder hacer nada para escapar de ese mundo hostil que los limita y aplasta.
Mafalda es un llamado a la revolución, siempre lo fue, pero sin dejar ni el amor, ni las sonrisas de lado. Una revolución sin violencia, entendiéndonos todos, como lo hacen Mafalda y sus dispares amigos, embanderando ideales como paz, justicia, libertad y fraternidad.
La serie tiene una duración de 4 episodios (y no le hace falta más). Si me preguntan dónde pondría a Mafalda, respondería como lo hizo en su momento Rep y sin que me tiemble la mano, en la misma estantería donde está el Martín Fierro (1872), de José Hernández, Ficciones (1944), de Jorge Luis Borges y Rayuela (1963), de Julio Cortázar. Y si me preguntan ¿por qué? Pues, porque en esas páginas hay poesía ejecutada sin letras en un lenguaje único de tinta china y zonas en blanco.
La serie, podría llamarse también: «Destripando, amablemente, a Mafalda y a Quino…» porque hace un análisis muy detallado no sólo del contenido de la tira, sino de los recursos gráficos y la psicología de los personajes sin perder nunca de vista el contexto histórico que le da marco a la historia.
Sugiero leer los libros o el libro, o lo que encuentres de Mafalda antes de ver la serie. Esto te dará la oportunidad de vivir con alegría tres o cuatro mundos desconocidos del pasado …y este es el mejor consejo que puedo brindar. Es que la serie no está mal, pero el libro es fantástico. Al trabajo de Quino le otorgo siete estrellas sobre cinco… ☆☆☆☆☆☆☆ y sugiero tomarse una tarde de primavera en el patio y acompañar la lectura de este material con un jugo de naranja y un toque de vodka.