Opinión
¡Quiero un pedazo de ti!
Por Blasfemo de Talampaya
Voy a contarles de los NFT. Pero antes necesito hacer un prefacio. Un marco teórico & filosófico que vi en uno de los viejos libros de mi pozo de fuego.
El arte: para quien lo “necesita o lo desea” no es más que un profundo amor por algo. Pero este “algo” no es un objeto tangible que se pueda meter en una bola de plástico y llevártelo a casa. No es lo mismo el arte para un artista, que para el comprador o persona que quiere la obra. No, no; el arte no es lo mismo para todas las personas. Para el artista, “una obra”, es una muestra de un mundo imaginario que vive dentro de él, sea cual sea esta ensoñación o pesadilla. El artista termina por ejecutar con la “obra” un nuevo y pequeño signo, extraído de ese mundo de fantasía, al que nadie puede acceder, sino a través de él. Para el “otro” (el comprador) ese mundo en la cabeza del artista es un relato que maravilla, inspira y trasciende. Hay un deseo de posesión sobre él. Pero también, la necesidad económica de obtener algo único e irrepetible. Lo que para el artista es un pedacito de sus sueños, para el otro (comprador), es un símbolo de poder, estatus y demostración social de condición única, que se encuentra más allá de la belleza o no de la obra en sí. Es un objeto para lucir y sobresalir. Un lujo. (Del libro: “Yo tengo, ¡vos no!” – Emilio Belial – Editorial Tridente 2018) (* Continúa al fondo)
Nos encontramos en un momento histórico del desarrollo de herramientas digitales para el arte. A una velocidad de progreso difícil de procesar, donde otras disciplinas, como la justicia, comienzan a actuar como protagonista en el escenario. NFT es la sigla para: Non -Fungible Token. En el sistema jurídico, existen bienes: “fungibles” y bienes: “no fungibles”. Los bienes fungibles son aquellos de los que existe exceso, teniendo un valor en función de su número, medida o peso (ej. una trincha de pan, la cabeza de un poeta etc…). Y los bienes no fungibles son los que no son sustituibles, es decir: IRREEMPLAZABLES (ej. Mi cuadro, en el pozo de fuego). En tanto que “Token” es la palabra en inglés para: símbolo. Se traduce entonces; NFT como: Símbolos no reemplazables o símbolos insustituibles. Este invento tiene como base, la idea, de una firma original que garantice su autenticidad y su dominio.
Yo me hice algunas fotos, y las colgué en el sistema. Los artistas informáticos no dan a luz objetos físicos. En el interior de la herramienta (computadora) son todas copias. Una vez que el trabajo está terminado, se pueden hacer miles de copias de esta obra sin que sus características varíen. Por ello es importante una “firma digital” y no está mal la idea… pasa que este paquete está envuelto en trampas.
Una vez que el trabajo está terminado, se pueden hacer miles de copias de esta obra sin que sus características varíen. Por ello es importante una “firma digital” y no está mal la idea… pasa que este paquete está envuelto en trampas.
La primera de las trampas es: “EL MERCADO” (la página), a merced de una inteligencia artificial que hace variar el valor según la conveniencia de los dueños de la plataforma (los que cobran un % por la transacción) No hay mercaderes del arte; lo que hay es una gran feria. La segunda, de estas, es la moneda con la que se hacen los negocios, que también se encuentra bajo el dominio de este “mercado AI” (AI – Inteligencia Artificial) Y si; ¡es posible vender las obras en un mercado global! … pero siempre bajo sus términos. Las condiciones de negociación aquí, equivalen a una carrera entre una bicicleta y un tren bala.
Hay otra trampa más oscura y retorcida en el fondo. Para garantizar esta firma, hace falta miles de procesadores. Un nuevo trabajo que explotó durante la pandemia de 2020: “LOS MINEROS”. Esta tarea de minar consiste en comprar ordenadores y ponerlos a trabajar al servicio de internet. A estos mineros informáticos se les paga también, con criptomonedas (o divisas digitales) en función de la capacidad y tiempo de procesamiento de sus máquinas. Para alimentar estos ordenadores hace falta una gran cantidad de electricidad, ya que, además, hay que enfriarlos permanentemente con aires acondicionados. Esta gran cantidad de energía necesaria para sostener este mundo virtual, proviene de en su mayoría de combustibles fósiles. Un minero está consumiendo de la red eléctrica por cinco viviendas promedio para alimentar de algoritmos: monedas digitales y firmas electrónicas. Bah!; que consumen, lo mismo que un infierno.
Pero es que hay más trampas… Un usuario cualquiera podría, si quisiera, tomar una captura de pantalla de esa obra digital, imprimirla y colgarla de su pared. También podría hacer unas 100 copias papel y venderlas sobre una manta en la peatonal o mercadillo de artesanos. Ninguna de ellas es: “el original”; sin embargo, es legal (o más o menos). A la altura de un pecado venial. Por otro lado, alguien que nunca se entrenó en la capacidad de dibujar o pintar puede contratar los servicios de “DALL-E 2” (otra AI) y generar arte como si se tratara de galletas, ponerlos en la plataforma y venderlos con una firma digital a su nombre. Lo que nos lleva a preguntarnos: El arte digital: ¿es fungible o no? ya que, por estos días, cualquiera puede llevar a imágenes, su mundo interior.
Este es el otro trabajo del soñador… hacer o desencadenar “algo – ritmo” lo suficientemente impactante para desatar historias…
Desde la invención de la fotografía todos podemos tener una copia de la “La Gioconda” en casa. El arte se ha masificado y es posible adornar nuestras paredes con casi cualquier cosa. La Gioconda original, se encuentra solo en el Museo del Louvre de París, pero es accesible para cualquiera que tenga un celular desde el banco de una plaza. Los NFT están jugando bajo los mismos términos. Todo el mundo puede verlos e imprimirlos; pero solo una persona (o grupo de estas) en el planeta, es el dueño/s.
Y la trampa más siniestra de todas: ¡No es posible quedarse fuera! Ser uno de los primeros en entrar a la fiesta, siempre tuvo la ventaja de obtener una copa limpia. Los artistas requieren entonces de la misma y vieja moneda del renacimiento: FAMA. “La fama traerá la fortuna…” rezan las biblias del mercado artístico vernáculo. Y… es así que nos pegamos en esa telaraña. Este es el otro trabajo del soñador… hacer o desencadenar “algo – ritmo” lo suficientemente impactante para desatar historias… Este hecho de “impacto” sale de cualquier rincón y se mueve de boca en boca como si de fuego se tratara. Ninguna obra vale por sí misma. Vale por la sumatoria de historias que se cuentan a su alrededor. La Gioconda por ejemplo, vale por 7 películas de 3 horas y media c/u. Y es aquí donde descansa el verdadero valor… las historias son bienes no fungibles. Por cada boca que pasa (como en el teléfono descompuesto) se le agregan párrafos, emoción y un montón de otras cosas / no quiero entrar en el tema del lenguaje y la comunicación / que de seguro conocen bien. Los NFT son en definitiva otro nuevo mercado, en el que, ésta mosca ya está atrapada. Un nuevo mercado, para otro nuevo tipo de artistas que son iguales a los tradicionales, en tanto, que toman signos de sus sueños y lo hacen cuadro, ofreciendo así, pedazos de sí mismo!!!
*Pero es que, en el arte, hay cosas más interesantes que el simple lujo! Imaginemos por un momento entrar en la cabeza del artista y hacer turismo por todo ese universo interior… un paseo por las ideas de ese creador de mundos. Se podrían tomar fotos, ver historias completas, e inclusive, interactuar con los protagonistas que viven ahí… Podríamos tomar una copia de este mundo y llevároslo… para visitarlo a gusto y placer cuando se nos dé la gana. En algunos casos podría ser fascinante… en otros no tanto. Si alguna vez se han preguntado por el sentido de la vida; es justamente este: “Apoderarnos de los sueños de alguien más” en un sentido más amplio y profundo que el de la esclavitud… editar estos mundos imaginarios, poner otros personajes u otros escenarios, como en el minecraft … Estamos hechos de sueños, pero también nos alimentamos de ellos… y los NFT son solo, otra cuchara nueva… – “Yo tengo, ¡vos no!” – Emilio Belial – Editoria: Tridente 2018-