Opinión

Pasión documental

Por Sonia Parisí

Retrato en San Juan

El género del retrato -que evoluciona en estilos, técnicas y variadas formas de manifestación- ha sido fundacional en el proceso de institucionalización de la enseñanza artística en San Juan, exhibiendo en el siglo XIX una época de gran producción en cantidad y calidad, lo que implica un reconocimiento especial a sus principales representantes y un compromiso afectivo para con nuestra historia.

Durante el siglo XX esta práctica comenzó a decaer por dos motivos fundamentales: por un lado, la importación de las vanguardias artísticas europeas y por otro, la competencia del retrato pictórico con el auge de la fotografía. Esto produjo una considerable merma en la oferta y demanda de la práctica del retrato clásico de nuestros pintores, quienes tuvieron que reciclar su estilo y su técnica para ajustarse a los requerimientos de las nuevas tendencias.

Luego, de una época de oro de este género hacia fines del siglo XIX – donde se destacaron figuras como la de Franklin Rawson, Procesa Sarmiento y la cámara de pintores locales que fueran sus discípulos, el retrato de estilo representativo-realista, fue progresivamente migrando hacia el ámbito del lenguaje fotográfico.

En un contexto de avance vanguardista el retrato, por su requerimiento hasta entonces documental, como los que realizara en la técnica de la tiza pastel hasta la segunda mitad del siglo XX Armando Parisí, subsistió en la práctica de nuestros fotógrafos retratistas que merecen el recuerdo al menos de los apellidos más destacados, como Colecchia, Carmona o Suero.

Retratar a la sociedad es también retratar su entorno, el paisaje tanto urbano como rural, los usos, los gustos y las costumbres del lugar. Es decir, retratar a la sociedad es también retratar la ciudad y viceversa.

Un retrato es una visión de una persona, en la cual el autor decide qué rasgos esenciales va a plasmar del retratado y que sin necesidad de describirlo totalmente den cuenta importante de su personalidad.

De este modo, la eficacia en la comunicación del retratado requerirá por parte del artista una indagación psicosocial acerca de su modelo, tan importante como el referente fisonómico.

Aún el maestro más avezado necesita referencias directas o indirectas acerca de la personalidad, la actividad y el entorno que influyen o influyeron en la vida -por tanto- en la fisonomía de quien será representado. Sabido es que nos vamos “mimetizando” con el paisaje y la cotidianeidad que habitamos. Así, el entorno influye en nuestras ideas y sentimientos y ello se refleja en las actitudes que van modelando nuestro cuerpo.

Quizá como una “cicatriz” esta afición por el retrato tenga que ver con las pérdidas producidas por los terremotos. Aunque no se puede obviar la previa y melancólica costumbre documental de los inmigrantes que poblaron nuestro suelo. 

Retratar a la sociedad es también retratar su entorno, el paisaje tanto urbano como rural, los usos, los gustos y las costumbres del lugar. Es decir, retratar a la sociedad es también retratar la ciudad y viceversa.

Un análisis interpretativo local permite valorar en este género y su evolución hacia la temática de costumbres, del entorno o del paisaje, un interés de registro testimonial.

Y en este punto es justo mencionar a Santiago Paredes quien no sólo retrató a personajes históricos valiéndose de algunos documentos fotográficos, sino también a integrantes de nuestra sociedad, personajes anónimos y gente común del pueblo. El interés retratístico de Paredes va más allá cuando retrata las costumbres, el paisaje, la arquitectura y hasta las consecuencias de los desastres naturales como el terremoto.

Y como si esta tierra “invitara al retrato”, posteriormente retrataron nuestra ciudad reconstruida a manera de croquis, arquitectos foráneos radicados en San Juan como Jorge Eduardo Grizas y actualmente lo hacen  desde el dibujo “Los croquiseros urbanos” y “El bus del croquis», como también los artistas agrupados enLa imagen pensativa” a través del retrato fotográfico.

Quizá como una “cicatriz” esta afición por el retrato tenga que ver con las pérdidas producidas por los terremotos. Aunque no se puede obviar la previa y melancólica costumbre documental de los inmigrantes que poblaron nuestro suelo. Podría decirse que quienes “perdieron el suelo” como inmigrantes o sobrevivientes del terremoto son los que demuestran ferviente vocación documental.

En la actualidad nuestra “pérdida de suelo” o estabilidad sería la revolución digital, cuyo signo es el consumismo y el ritmo vertiginoso del cambio, lo cual nos deja en constante amenaza de pérdida de registros fidedignos, no editados, inmediatos, auténticos; profundizando así nuestra urgencia testimonial.

A lo antedicho podría agregarse que la protección de los bienes históricos que determina la ley, no se logra con su sola declaración y que la legislación no está contemplando este patrimonio -en riesgo por ser parte de nuestra historia reciente- de la misma medida en que lo haría con la arqueología prehistórica, o las cuestiones paleontológicas.

En la actualidad nuestra “pérdida de suelo” o estabilidad sería la revolución digital, cuyo signo es el consumismo y el ritmo vertiginoso del cambio, lo cual nos deja en constante amenaza de pérdida de registros fidedignos, no editados, inmediatos, auténticos; profundizando así nuestra urgencia testimonial.

Quien se dedica a la enseñanza de la historia del arte en San Juan, puede advertir la ausencia de estudios realizados en este campo y la necesidad de contar con relevamientos, registros y documentación volcada en material de consulta actualizado, especialmente en cuanto se refiere al retrato y su evolución histórica.

Lo mismo puede advertirse acerca de las escasas investigaciones interpretativas de las colecciones de retratos en nuestra provincia o de las intenciones que pueden leerse de la técnica o el estilo actual de nuestros retratistas.

No puedo dejar de recordar la galería de retratos pictóricos de gobernadores constitucionales de nuestra provincia que se encuentra en la casa de gobierno y de la cual muchos comprovincianos ignoran su existencia, quizá porque la misma no es de acceso público, ni personal ni virtualmente, lo cual debiera al menos revisarse.

 

La legislación no está contemplando este patrimonio -en riesgo por ser parte de nuestra historia reciente- de la misma medida en que lo haría con la arqueología prehistórica, o las cuestiones paleontológicas.

Hace aproximadamente una década, desde la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan, se viabilizan a través de proyectos de extensión acciones tendientes al rescate de la práctica de nuestros retratistas como patrimonio cultural intangible.

De alguna manera, estas acciones han revitalizado la vocación retratística representativa que en nuestra provincia había quedado apenas sostenida por artistas como el mencionado Armando Parisí a quien prosiguió durante más de una década, Eduardo Arancibia.

Aunque no podemos dejar de mencionar en otro estilo, los maravillosos retratos expresionistas de Malena Peralta, los retratos caricaturescos de Hugo Vinzio, los retratos en historietas de Jorge Rodríguez, como así también la serie de retratos escultóricos que se destacaran por el virtuosismo técnico con que fueran realizados por el Dr. Ricardo Bustos y finalmente aquellos bustos que se realizaron a pedido desde el Centro de Creación y Museo de artes Visuales Tornambé y que se encuentran emplazados en distintos lugares de nuestra provincia.

Con características diversas, felizmente hoy el retrato pictórico vuelve a aparecer remozado en la obra de Jamile Apara, Mariela Corzo, Alejandra Carabante, Daniel Balderramo, Claudio Domínguez, Eduardo Tejada y seguramente muchos más.

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