Opinión
Mensajes que no llegaron a tiempo
Por Sonia Parisí
13/04/2024
Plaza 25 de Mayo, obra de Juan Failla
En la manzana definida por las calles General Acha, Rivadavia, Mendoza y Mitre, la Plaza 25 de Mayo constituye el núcleo alrededor del cual se desarrolla la mayor actividad social y comercial de la ciudad de San Juan. Además de ser la plaza principal, el sitio marca el kilómetro 0 de la provincia. El Club Social, el Club Español, y la moderna Iglesia Catedral son algunos de los edificios que tienen su frente hacia la plaza. Fue trazada en el momento de la fundación de la ciudad y desde entonces constituye un ícono de aquella idiosincrasia fundacional.
Entre las anécdotas que contaban mis abuelos, en la plaza, cada fin de semana sonaba la retreta militar por músicos del ejército. Era el momento “casual” en donde la juventud acudía a conocerse. Mientras los mayores asistían al concierto, las jóvenes tomadas del brazo giraban alrededor de la fuente en una dirección mientras los muchachos lo hacían en la contraria. En cada encuentro se miraban, sonreían, saludaban y se producían las oportunas presentaciones a través de algún contacto entre las amistades.
Un momento no tan feliz que ellos me contaron, fue el encuentro que se produjo entre mi padre y mi abuelo horas después del terremoto de 1944. Entre las ruinas, los lamentos y el caos, mi abuelo –como tanta gente- buscaba a su familia. Los rescatistas instruían a los niños a identificarse inmediatamente y cuando mi abuelo por fin encontró a mi padre -que por entonces tenía seis años- después de un emocionado abrazo, mi papá le dijo: “Hola papi, mi nombre es Armando Bernardino Parisí Varas…”.
Sin lugar a dudas, esta plaza ha sido y sigue siendo punto de encuentro para expresiones sociales en general: festivas, religiosas, deportivas y políticas.
Mis padres –por dar un ejemplo- siendo alumnos de secundaria, se conocieron en una procesión de “Corpus Christi” que se realizaba alrededor de la plaza. De ese mismo lugar, tanto quinceañeras, como egresados y recién casados, hicieron un estudio fotográfico al aire libre para inmortalizar sus momentos importantes.
Nuestros triunfos en las gestas deportivas más trascendentales, se celebraron multitudinariamente en la Plaza 25. Por recordar sólo algunos, Argentina campeón mundial de fútbol en 1978, 1986 y 2022, donde la algarabía de una multitud jubilosa tuvo lugar sobrepasando cualquier tipo de control policial “o llamado al orden”.
Existen además documentos que testimonian innumerables manifestaciones de diverso tinte político, a favor –o en contra- de distintas medidas de los gobiernos de turno. Asimismo celebraciones o conmemoraciones patrias.
Los espacios públicos dentro de las ciudades, son “pulmones” no sólo para renovar el aire sino también las ideas.
Las artes visuales por su parte, se apropiaron del lugar no sólo en cuanto al diseño arquitectónico, sino en los detalles de sus esculturas, farolas y ornamentos de la fuente. La plaza, albergó la producción de nuestros artesanos y artistas callejeros: malabaristas, titiriteros, mimos, payasos, murgas y batucadas. Finalmente, algunas novedosas intervenciones artísticas al espacio público también se dieron allí cita.
La plaza 25 de mayo, nuestra plaza principal, ha sido históricamente también foro del pueblo. Cabe hacerse entonces la siguiente pregunta ¿Puede pensarse el arte sin territorialidad?
Según el diccionario de la Real Academia Española, “entendemos por territorialidad a las formas e intenciones de apropiación, organización y control material y simbólico del espacio, de parte de distintos actores, haciendo uso de ciertas prácticas, estrategias e instrumentos determinados espacial y temporalmente”.
Puede deducirse que todas las manifestaciones narradas son expresiones de territorialidad, incluidas obviamente las manifestaciones artísticas. Y es que a mi entender, para eso están proyectados y construidos los espacios públicos dentro de las ciudades, son “pulmones” no sólo para renovar el aire sino también las ideas.
En la última década, una de las manifestaciones que mayor número de personas logra reunir en el principal espacio público de la ciudad es el 8 de marzo en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En ese marco, se realizan cada año numerosas intervenciones artísticas y manifestaciones populares con movilización y marchas por las calles de la ciudad.
Este año, desde el Instituto de expresión visual-FFHA-UNSJ, se propuso como actividad complementaria una acción de arte público en la fuente de la Plaza 25 que no tuvo cobertura por parte de los grandes medios de comunicación de la provincia. Sin embargo, vale resaltar la relevancia de este hecho cultural que paradójicamente tuvo como título “Mensajes que no llegaron a tiempo”.
Esta consistió en llenar un centenar de botellas pequeñas, plásticas y transparentes con mensajes que, como gritos de auxilio provenientes de un náufrago, pedían ayuda a quien pudiera recibirlos. A modo de información y de reflexión, los mensajes contenían un código QR que remitía a datos recogidos por un observatorio nacional sobre los femicidios cometidos durante el último año en Argentina.
La intervención propuso evidenciar la ineficacia de las políticas sobre violencia de género y de los organismos que las llevan a cabo, responsables en definitiva de que los femicidios sigan siendo el flagelo por el que mueren asesinadas cientos de mujeres al año
El objetivo de esta acción consistía en que las personas que transitaban por la zona pudieran retirar las botellas que se encontraban flotando sobre el agua de la fuente y acceder al mensaje contenido en su interior.
Por ser un espacio público, se comunicó a las autoridades municipales sobre la realización de dicha acción artística programada, mediante una nota emitida desde la Dirección del Instituto de Expresión Visual y dirigida a la Sra. Intendenta de la ciudad, Susana Laciar.
El arte y la cultura en general, encuentran siempre lugar para visibilizar lo que nos pasa.
Sorpresivamente y sin mediar negativa alguna como respuesta, la intervención no pudo llevarse a cabo porque ambas fuentes: tanto la de la Plaza 25 de Mayo –desde donde partiría la marcha-, como así mismo la fuente de la plaza del Bicentenario –donde concluiría la marcha- se encontraban valladas y con custodia policial, que impedía su acceso.
Por este motivo, las botellas en vez de “rescatarse desde la fuente” se pasaron improvisadamente de mano en mano en “un mar” de mujeres que como olas participaron ese día de “la marea” de la marcha.
Ya estamos en abril, a más de un mes de aquella frustrante experiencia, pero hay cosas que aún nos siguen pasando… ¿Y qué nos sigue pasando? Creo que vivimos incomunicados por saturación. Intoxicados de información. Distraídos. Por eso los mensajes importantes no llegan a tiempo.
Si lo pensamos desde la rutina cotidiana ¿acaso es posible –para el ciudadano común- revisar diariamente, atender y entender diez grupos diferentes de WhatsApp? Terminamos normalizando el “me colgué” o el “clavar el visto” en el mejor de los casos. El “Multitasking” en este caso, es una pandemia que termina inhabilitándonos.
Pero el arte y la cultura en general, encuentran siempre lugar para visibilizar lo que nos pasa. Trascienden los circuitos oficiales. Exceden las galerías y la academia. Toman las calles. Se transforman en graffiti, pegatina, tiktok, trap o meme, viralizan e incurren en las redes sociales, se cuelan como agua por los intersticios. Exponen lo que no se quiere ver.
Para terminar y volviendo a nuestra intervención “Mensajes que no llegaron a tiempo”, la reflexión que me queda es que de algún modo, nuestro periplo replicaba el trayecto que con un final “improvisado” en nuestro caso, podía resultar trágico e irreversible en muchos otros. Mensajes de quienes avisan y denuncian sin ser escuchadas a tiempo por la ineficacia de las instituciones del Estado.