La Sonámbula

Arturo Sierra

Por Gargo I 24/09/2023

☆☆☆☆

Cuando llegó el día de estreno, un 24 de septiembre de 1998, aquellos espectadores que ingresarían a la sala a ver el título en cartel, no se encontrarían con una explosiva historia de unos austronautas tratando de reventar un meteorito en el espacio para evitar que impacte en la Tierra, como el suceso de Armageddón. Tampoco apareció en pantalla un robot del futuro a garantizar el exterminio de la humanidad como en Terminator o a la manera de Blade Runner, donde la condición humana está puesta en crisis. Ni mucho menos, una ópera espacial que muestra a toda una galaxia muy, muy lejana en medio de una guerra política. Nada de eso. No había la parafernalia y espectacularidad que nos ofrece Hollywood con legendarias historias de ciencia ficción.

Lo que sí fue sorprendente, es que en aquel tiempo, la película de ciencia ficción, fuese argentina. No es algo para que pasara desapercibido. Porque de hecho, marcó todo un precedente que también aquí pueden contarse buenas historias y con mucha creativiad.

Hoy, se cumplen 25 años del debut de ‘La Sonámbula: recuerdos del futuro’, la ópera prima de Fernando Spiner. Plantear un drama postapocaliptico, en una Buenos Aires distópica, sin recuerdos, sin pasado y sin esperanzas, fue más que un desafío, una apuesta osada de representar lo mejor de la tradición fantástica que tiene la literatura argentina en lenguaje cinematográfico. Para aquella década, con tan modestos recursos tecnológicos, pero con un tratamiento estético y labor artesanal, resultó ser toda una aventura audaz hacia lo desconocido, o al menos poco explorado.

Este relato, con guión co-escrito por el propio Spiner y el escritor Ricardo Piglia, cuenta con los papeles protagónicos de Eusebio Poncela, Gastón Pauls y Sofía Viruboff. Al iniciar, nos lleva directamente a una Buenos Aires futurista del 2010, donde el gobierno está realizando pruebas experimentales con una nueva sustancia química llamada Nihl-2, que tiene el potencial de causar amnesia. Un accidente provoca que el Nihl-2 se libere accidentalmente en la atmósfera y se propague por toda la ciudad. Como resultado, millones de personas pierden la memoria y se quedan sin identidad.

La trama se centra en la vida de una joven llamada María (Viruboff), que es una de esas víctimas que han perdido la memoria. Se despierta en un hospital sin saber quién es ni cómo llegó allí, finalmente logra escapar de la internación y comienza a vagar por la ciudad, tratando de encontrar su camino. A lo largo de su viaje, la chica se encuentra con otras personas que también han perdido la memoria. Juntos, forman una comunidad de personas que están tratando de reconstruir sus vidas. También se dan cuenta de que el gobierno está tratando de encubrir el incidente del Nihl-2.

El film muestra una historia oscura y a la vez esperanzadora, que explora los temas de la identidad, la memoria y la resistencia. Es una película compleja que puede interpretarse de muchas maneras y vale la pena verla, ya que ofrece varias aristas para pensar la historia argentina.

Por un lado, puede leerse a esta ciudad distópica como una metafora de aquella otra Buenos Aires con una sociedad sometida por la dictadura cívico-militar de 1976. En otro aspecto, la sustancia química Nihl-2 puede representar también a los diversos conflictos y crisis que han afectado a Argentina en el siglo XX, como la crisis económica de 2001, la guerra de las Malvinas y -más recientemente- la pandemia de COVID-19. Y si se quiere ir más allá, puede verse como una metáfora de la condición humana. Todos somos susceptibles a la amnesia, ya sea física o mental. Todos podemos perder nuestra identidad y sentido de propósito. La obra nos recuerda que debemos luchar por nuestra autenticidad y por encontrar un sentido de comunidad.

Otra posible interpretación es que es una advertencia sobre los peligros del poder autoritario. El gobierno en la película está tratando de encubrir el incidente del Nihl-2, lo que sugiere que está dispuesto a mentir y manipular a la gente para mantener el poder. Esto puede ser visto como una advertencia sobre los peligros de los gobiernos autoritarios, que a menudo están dispuestos a violar los Derechos Humanos para mantener el control.

Sin embargo y a pesar de todas las dificultades que enfrenta los personajes durante el escape, éstos nunca se rinden. Siguen luchando por su identidad y por encontrar un lugar para vivir en paz. Siempre hay esperanza, incluso en los momentos más oscuros.

La fotografía de Javier Aguirresarobe es hermosa. Captura la belleza de Buenos Aires, tanto en su forma urbana como rural. Aunque hay algunos problemas narrativos. El ritmo es lento en algunas partes y la trama es un poco predecible. Quizás el final deja una pequeña puerta para que la trama quede inconclusa en cierto punto, lo que puede dejar al espectador algo confundido.

Los efectos especiales son convincentes. El Nihl-2 se ve real y los efectos visuales de los sueños de María son impresionantes. Las actuaciones son buenas, especialmente la de Sofía Viruboff como María. En este punto me detengo, Viruboff crea un personaje complejo y conmovedor con el que es fácil empatizar. Como dice Juan Rúas podría ser “un recuerdo de los que fuimos y lo que seremos”. Es un film que envejeció bien en lo narrativo, en lo técnico por otro lado es cuestionable.

En este 25 aniversario de su estreno, es una buena oportunidad para verla, con grapa que siempre viene bien.

Dónde verla: https://www.youtube.com/watch?v=rerh1ycD564&t=2530s

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