Opinión
Exorcizando maleficios
Por Blasfemo de Talampaya
Esta semana me habían invocado para asistir a una muestra en el bonito Museo “boutique” Tornambé. Cada vez que se ha realizado una muestra en este emplazamiento, durante el año, venía con alerta de fuerte viento Zonda, casi como una maldición. En algún caso, hubo que suspender todo y postergar la exposición… Esta no sería la excepción. Con la alerta de viento zonda sobre su cabeza, el Tornambé inauguró su cuarta muestra del 2022. Expo Cromía, Acuarela en vidrio – “una selección de trabajos realizados en “Taller Sur” donde las alumnas han podido encontrarse con la espontaneidad y la fluidez propias de esta pintura…” reza el brief de Candela Tascheret (profesora).
En realidad, todo esto era un exorcismo para el fantasma del Zonda realizado por: Claudia Angillieri, Patricia Quiroga, Elizabeth del R. Reta, Ana Catalina Aguiar, Adriana Videla, Yanina Giménez, Analía Makowski, Claudia Avalo, Griselda Riveros, Claudia Sánchez, Gladys Fernández, Mónica Méndez, Myriam Giménez, Graciela Difonso, Daniela Navarro, Susana B. de Turcumán y Marcela Guell… En un solo grito: “QUE LA PRIMAVERA LLEGUÉ YA!!!” – ¿cómo logré escuchar este grito?; Fácil; vi la muestra. Flores, flores y más flores… por todos lados; flores de acuarela sobre vidrio… árboles, árboles abstractos, con flores, cactus, cactus con flores… flores abstractas…etc. Un aquelarre anunciando el solsticio de esplendor y florecimiento que indudablemente llegará el 21 de septiembre. Al parecer, el conjuro, tuvo éxito; estaba anunciado zonda para el 12 de agosto, (día de la muestra).
Hay un par de vidrios que no tienen flores o atracciones. La temática del viento Zonda no es original, pero en el caso particular de esta placa de vidrio, hay que sacarse el sombrero. Ha sido ejecutada de forma personal y auténtica, lo que me llamó poderosamente la atención. Entre tanta flor y color, un zonda sobresale y se eleva sobre el resto de los trabajos pegándose a mi retina como si fuera de chicle.
En el Tornambé, el ágape, se realiza en el fondo del museo, al aire libre; es un patio pequeño con piso de baldosa, casi íntimo que necesita obligadamente de la compañía del clima para su funcionamiento óptimo. Mientras me camuflaba entre los asistentes (vino mediante) encontré un pasaje por la izquierda a los fondos del museo, más allá de la cocina. Una serie de artistas han dejado aquí su marca sobre las paredes… ecos de maestros y alumnos jugando a esto que llamamos arte.
Pueden verse aquí obras boceto de épocas pasadas… nadie me había dejado pasar, pero tampoco nadie me lo impidió… De repente entré a la zona mágica entre las sombras. Un lugar poco iluminado y no abierto al público. El tiempo en los fondos del Tornambé parece retroceder a 1960 / 70… Hay un inmenso taller… el sueño de todo artista. Hay herramientas de todo tipo y tamaño hablando… ¡ven tómame!; ¡hagamos arte juntos!…
El fondo es más grande que toda el área de exposición… y las herramientas están delicadamente ordenadas en lo que parece un “gallinero bóveda”… fascinante!!!! Todo aquí te invita a jugar, es un disneylandia para artistas, administrado por profesores/as y alumnos/as avanzados de los que solo hablan las paredes. Limpio, ordenado, antiguo… inspirador. Al parecer las primaveras en el Tornambé, han tenido otros sabores… en el pasado… susurros de herramientas en el taller. Hay un aula de madera semejante a las casas de los cuentos de hadas con techo a dos aguas y un escenario que hace esquina, adornado con placas parecidas a los telones blancos y vaporosos de grandes teatros… esperando a la banda para tocar al aire libre. Un rincón que te guiña el ojo y te invita a la aventura.
En el museo ya era primavera, con aquellas placas de vidrio forjadas en hornos calientes que durante el invierno habían dado a luz todas aquellas flores.
El lugar no me dejaba ir, pero temía que me descubrieran y reprendieran… Si me descubrían, podría aplicarme: “La casa se reserva el derecho de admisión” … También hay un miedo que lo habita y no quería despertarlo. Las obras de arte que han quedado aquí, hablan de él, y no muy bien. Volví al patiecito del vino a esconderme entre la gente sabiendo que las contramedidas para el maleficio del Zonda habían sido exitosas – El Zonda llegaría al otro día.
En el museo ya era primavera, con aquellas placas de vidrio forjadas en hornos calientes que durante el invierno habían dado a luz todas aquellas flores. Sin más, dejé en el libro de entrada (un gran tomo en blanco donde los visitantes escriben sus ideas e impresiones) tres estrellas sobre cinco con la idea de visitar este taller en su hora más viva… y por supuesto, con la esperanza, de visitar al Tornambé en primavera.