Comentario

En lo gris de la vidriera

Por Blasfemo de Talampaya

 

Arturo Sierra

Hacía días que mi Facebook e Instagram, se habían llenado de fotos de New York, Contemporary Abstract Art y otros cientos de link a páginas como esa, de todo el globo. En alemán, en francés, italiano y sobre todo en inglés. Ya no se veían las publicaciones de los amigos… solo cuadros, arte visual y plástica. Como un niño, que va al centro por primera vez se queda maravillado de alguna cosa…y te dice: ¡papá, papá!!! ¡mirá esto! Mirá esto otro… mirá aquello…

Su cabeza está a reventar. No sabe cómo hacer que las cosas sucedan. Piensa, respira, se abstrae del mundo de objetos que lo rodea, que desea. Hace fuerza… y en un instante… la frase le sale, con ese subidón de adrenalina: Papá; ¿me podés comprar esto? Frase directa, con interrogaciones marcadas… Hay mirada a los ojos, hasta le da un poco de vergüenza pronunciarla. Esa pregunta inquisitiva queda flotando en el aire, esperando una respuesta inmediata… determinada “positiva”. El niño se sentirá frustrado cuando papá conteste: – ¡Ya vamos a ver!

Del otro lado de la moneda, (en la cabeza de papá) la frustración se arrastra desde que despertó esa mañana de paseo por el centro. Papá quiere comprarle el juguete a su hijo, pero el dinero no alcanza. Se sabe, es una historia recurrente. De esta forma, todo el mundo parecía querer, que yo escribiera sobre ellos, como los niños. ¡Mal, bien… no importa… vos escribí!; me decían los demonios del pasillo vecino, para alentarme. Pero las palabras ya no me alcanzaban para todos. Estaba recibiendo el castigo de una forma satisfactoria… no solo para los demonios, sino también por los artistas. ¿Realmente había que seguir escribiéndolo todo? San Juan se había vuelto una galaxia de imágenes y el mundo me parecía infinito… ¡inabordable! Todo esto, es mucho, para solo, un pobre diablillo, me decía mientras agachaba la cabeza.

El grupo social de la plástica me había comenzado a identificar y no me la hacía fácil… ya me habían sacado la ficha. Como ese amigo, que no es tan amigo, y dudas de invitar a la fiesta de cumpleaños.

Por otro lado, el grupo social de la plástica me había comenzado a identificar y no me la hacía fácil… ya me habían sacado la ficha. Como ese amigo, que no es tan amigo, y dudas de invitar a la fiesta de cumpleaños. Se cuidan, como los niños, de las palabras que van a decir y las que no, frente a la vidriera. Cuando estoy a su lado, me esquivan si se sienten vulnerables, o me entretienen, para que mire hacia otro lado… Intentan que mi percepción se acople a la de ellos… en una demanda lasciva de doblegarla y controlar mi mirada hacia el lugar más conveniente; más de vidriera.

En el fondo haciéndome sentir una especie de parásito / sin ofender / al que hay que estrujar para que siga dando buenas tintas. ¿Cómo llegué hasta aquí? Como siempre, de la forma más equivocada posible (buscando en la vidriera como los niños). Me preguntaba ¿Cómo se hace esto correctamente? No lo sé. La verdad, es que no había hecho nada de la forma correcta en toda mi vida… y mis pecados dan cuenta de ello. En San Juan hay más eventos culturales de los que solo un diablillo puede procesar y ahora el mundo me pedía más de lo que mi cuerpo podía dar. Sé que fue una introducción larga, pero a alguien se lo tenía que contar y Ud. se ha ganado esta miserable lotería.

 

En San Juan hay más eventos culturales de los que solo un diablillo puede procesar

Hay otra pregunta: ¿Cómo es que terminé con todas estas ideas en la cabeza? Resulta que la semana pasada me invitaron a la muestra de “Bailando con tu sombra” de José Luis Godoy en la Sociedad Israelita (Av. Córdoba 139 Oeste). Y aquí, en “la escuelita”, las cosas se pueden percibir de una forma más clara y contundente. José es un hombre de profundas raíces sanjuaninas.

En su amor por este valle, decidió pintar su paisaje, su tierra y su gente. Con algo de impresionismo, algo de puntillismo y algo de realismo, José logra imágenes de una vieja provincia de frontera. Poseen algo histórico antiguo con profundo carácter volumétrico que es aceptado y bienvenido dentro de los grupos sociales del arte. Sobre todo, por los que buscan belleza decorativa sobre denuncias o criticas sociales constructivas.

Entrañable por momentos, José Godoy es un dispenser de imágenes de un San Juan añorado de antaño, alternativo al cemento de capital, épocas donde la vida era más simple, más clara, más humana. Sus trabajos se alejan de los niños de las vidrieras; sin embargo, pone al interlocutor de ese lado… es decir: frente a la vidriera. Esto se traduce contando, que muchos de los trabajos fueron negociados ipso facto o por lo menos la reserva.

Paraíso recobrado

El cuadro que analizaremos es casi un pequeño infierno, semejante a todo esto que les estoy contando. Cinco obreros cargan una carreta hasta el pecho de bordelesas de vino bajo la mirada inquietante; supervisadora de un patrón, bañado en grises. En el fondo, los portones de la bodega, abierta, con una oscuridad luminiscente. La rampa por donde hacen rodar los barriles con escalones de maderas que han perdido su color al igual que la carreta. Verlos trabajar así, es un reflejo de mi propia esclavitud. Estaba bailando con mis propias sombras… No quería verme como uno de los empleados de la Bodega subiendo esa bordelesa a la carreta. Así que me acerqué a la mesa a comer unos deliciosos knishes. Para cambiar de tema, es en el único lugar de San Juan donde los puedo comer… y son deliciosos. Por alguna razón de origen religioso, que no me atreví a preguntar… esta semana no había vino. Supongo que era el vino que se llevaban en la carreta. No lo saben, pero el infierno moishe es tan parecido al nuestro. De esta forma, dejé 3 estrellas (sobre 5) a esta muestra junto al dispenser, por si alguien las quiere ir a buscar.

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