Opinión

El cine en los tiempos de streaming

Por Daniel Gil

Microhistorias-para-fortalecer-el-cambio-social-4

Al principio fue Netflix

Si la historia es como se cuenta, las cosas sucedieron más o menos así: Reed Hastings un oscuro profesor de matemáticas alquiló un buen día, en un blockbuster cercano a su casa, la película “Apolo XIII”. No sabemos si en algún momento la llegó a ver, porque en realidad lo importante en esta historia es que olvidó devolverla en tiempo y forma. Casi un mes después del alquiler, Reed volvió con la película a la cadena y en ese momento fue apercibido de que tenía una deuda de unos impresionantes cuarenta dólares en concepto de atraso de devolución. Después de pagar, Hastings empezó a pensar en la posibilidad de un sistema de alquiler de películas en donde el cliente solo tuviera que pagar un cargo fijo mensual para ver la cantidad de películas que quisiera. Así, nació Netflix.

La empresa se fundó en el año 1997 y la inspiración para el modelo de negocios fue la exitosa compañía de Jeff Bezos, Amazon. Netflix en sus comienzos no fue otra cosa que un servicio de alquiler de películas. La novedad radicaba en que el cliente accedía a las mismas por una tarifa fija sin importar la cantidad y la comodidad de que no debía trasladarse al Blockbuster, ya que las mismas le llegaban en el mismo día que las elegía por correo. Esto también fue posible porque el mercado estaba cambiando de las voluminosas cajas de VHS a los DVD, lo que permitía la sencillez de los envíos.

Contra todo pronóstico la idea fue un éxito, y en poco tiempo, Netflix paso de ser una pequeña compañía de 30 empleados y 900 películas disponibles en su catálogo, a poseer más 100.000 títulos con 130 millones de suscriptores.

A comienzos del año 2000, Netflix comenzó a combinar big data y herramientas de análisis para recomendar videos a los usuarios, conduciendo en cierto modo el gusto del público por determinadas películas pero, sin duda el gran salto de la compañía fue luego de percatarse, del potencial del ancho de banda que en ese momento Internet podría proporcionar. Así fue que, en el año 2007 Netflix lanzó la transmisión de video en línea, y finalmente en 2013 la empresa lanza una serie producida por ellos mismos, “House of cards” logrando un enorme éxito de público. Ya no solo sabía qué querían los usuarios, sino que lo podían llegar a fabricar. Después de esto, la industria audiovisual no volvió a ser la misma.

El público es cada vez más reacio a abandonar la comodidad de su casa, y la motivación para asistir a una sala debe ser ahora bastante fuerte…

Streaming vs Salas de Cine

En la actualidad, Netflix no posee el monopolio del streaming, y una batalla campal se ha desatado entre distintas compañías (HBO, Disney, Amazon) por disputarle el mercado. Lo cierto es que más allá de estas cuestiones comerciales, las plataformas de streaming han propiciado un profundo cambio en la forma en que consumimos contenido audiovisual. Este cambio, como no podía ser de otra manera, también ha influido en la forma de producción y distribución de películas y series y en definitiva, lo que ha mutado es la forma de hacer cine. Este fenómeno, que se venía profundizando desde hace una década atrás, hace eclosión en estos últimos dos años, por obra y gracia de la pandemia y el confinamiento al que fuimos sometidos. En este último tiempo, las ventas de entadas de cine han caído por debajo de sus límites históricos, mientras que, por otro lado, las plataformas de streaming han captado un mercado de clientes pagos que se ha incrementado en más de un 75%.

Si miramos estos números, la primera evidencia que se presenta es que para cualquier persona es mucho más conveniente pagar una tarifa mensual, para tener desde su propio hogar un acceso ilimitado a una cantidad inmensa de películas y series, que desplazarse a una sala de cine pagando casi la misma cantidad para ver un solo film. Estos datos nos podrían llevar a la conclusión apresurada de que el cine está muriendo a causa de las plataformas de streaming; sin embargo, en su corta historia al cine se lo dio por muerto una infinidad de veces (la primera fue a manos de la televisión). Al cine sin duda, le quedan muchos años de vida en donde -demás está decirlo- tendrá que convivir y conciliar con el streaming, sus modos de producción y distribución.

El futuro de las salas no parece estar seriamente amenazado (por el momento) más allá de los vaivenes pandémicos. Lo que sí es cierto, es que el público es cada vez más reacio a abandonar la comodidad de su casa, y la motivación para asistir a una sala debe ser ahora bastante fuerte, por lo tanto, la disyuntiva para las productoras de Hollywood ahora, es qué producciones poseen la suficiente fuerza para ser lanzadas en exclusiva en cines y cuáles por contrapartida, programar directamente con un sistema mixto de distribución o directamente, solo en las plataformas de streaming que estén asociadas a sus compañías.

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