Opinión
Buscando su lugar
Por Blasfemo de Talampaya
20hs. Edificio anexo del Poder Legislativo de San Juan. Estaba hambriento, hace días que los poetas escasean. Quizás por eso es que estoy más sensible de lo habitual. ¡En fin! Esta vez asistí al primer conversatorio de la Cámara de Diputados de San Juan. Es un ciclo de extensión cultural que tiene como escenario el auditorio Emar Acosta.
Un pedazo de lugar, que ni se lo imaginan. El ciclo continuará y los invito a asistir a esta grata experiencia. Inmerso en este superestudio de televisión y estrenando la butaca 4 de la 3era fila me senté a escuchar a: Eduardo Rodolfo Tejada. Con Jamile Apara como conductora y Lucila Mónica Riofrio co-conductora.
No voy a mentirles, fue una introducción largaaaaa… Contando las medallas de Tejada en el mundo artístico – que no son pocas y tampoco menores. No voy a hacer eso aquí. Tejada es un buen muchacho Jachallero (36). Tan bueno es, que se prestó a dibujar en vivo y en directo un autorretrato con un espejo a su lado.
Si existe algún castigo maligno y depravado para un artista es: dibujarse a uno mismo. Pero como dije; el jachallero es bueno de alma, le gusta el trabajo y no le teme a ninguna tarea. En cierta forma, y bajo sus propios términos; tampoco es cuestión de andar entregándolo todo.
Eduardo comenzó a dibujarse (en idioma televisivo) en un primerísimo primer plano. Es decir, sin un pedazo de la cabeza y sin un pedazo del mentón (elementos que quedaban fuera del marco de trabajo).
Su prominente barbilla no estaría en la obra. Esto puede ser pura maldad; pero me hubiera gustado que una psicóloga me acompañara; tal vez pudiera ver cosas más allá de lo evidente. Dibujaba trazos duros (lentes, cejas…) con pocas curvas cuando hablaba de su pasado como estudiante de ingeniería.
En un par de videos, proyectados en una pantalla HD, uno que incluía a un amigo de su padre y el de su madre, surgía un estigma social: “Mejor ingeniero que artista” ambas personas se autocastigaba pensando: “podría haber sido nuestro ingeniero” – “le faltó muy poco”.
Las conductoras hablaron de caminos, mientras Tejada a trazo limpio contaba de las matemáticas y proporciones que requiere un buen dibujo y no parecía muy atormentado por el estigma. Lo que me llevó a pensar, ¿que sería mejor?: ¿Son en nuestra sociedad sanjuanina, más valorados los ingenieros que los artistas? ¿Cuál de las dos tareas es más necesaria? Un debate en el que no me atrevo a ingresar. (Las calculadoras solucionan problemas, pero no fabrican sueños / NOTA al margen / borrar).
Hasta aquí, la obra (autorretrato) tenía la cara del David de Miguel Ángel, y si; Eduardo pinta y dibuja con un estilo (sabor) renacentista o barroco, si se quiere. Su maestro parece ser el Greco… o es solo algo que me parece. Todo esto sin abandonar trazados que indudablemente remitían a su propio rostro. Tejada busca que el objeto representado tenga conexión visual real, lo que para muchos de los detractores del arte vanguardista es una muy buena cosa. Su estilo parecía ser crudo, perfeccionista y poco liberado. La cosa se puso interesante cuando Eduardo comenzó a dibujar su pelo. El jachallero tiene en su cabeza una infinidad de rulos en color negro y las curvas y contra curvas en el lienzo comenzaron a hacer ruido a la aplicación del grafito sobre el lienzo. De repente, podía dibujar y hablar al mismo tiempo.
Comenzó a contar de su pareja (su musa), del placer de la liberación, los amigos… a soltarse y comenzó la música. Estaba soñando; una vida no parece alcanzarle, le hubiera gustado también ser músico… y contó que ya es medio poeta. Ante esta situación, me entró más hambre.
Eduardo tenía puesta una camisa blanca, y me llamó la atención que no se ensuciaba con el grafito. Por momentos dibujaba caminos, por otro parecía dibujar mapas mientras le daba forma a su pelo. Finalmente cambió de grafito a algo más negro y definitivo. Cuando acariciaba sus propias pupilas pude ver su pasado como dibujante de Manga / Anime; hay cosas que no se olvidan y siempre estarán ahí, más allá del Greco.
Terminó por liberarse y ensuciarse y hacer rechinar al pedazo de carbón, brindándonos un valiente espectáculo. Hay pasión por el trabajo en él… por su propio trabajo, y tiene una predisposición sorprendente a hacerlo. Su humildad, su vocación y su destreza dejaron un buen sabor a la presentación. Para terminar, este servidor, le otorga 4 estrellas sobre cinco.