Comentario
Benditos aquelarres
Por Blasfemo de Talampaya
No voy a decir: “de fábula”, pero casi… Los demonios habían organizado un gran festival aquelarre para la misma noche de la muestra y la cosa se había puesto tensa. Los preparativos eran intensos. El ascensor de Caronte no daba abasto. Demonios con pack de fernet, demonios con cocas, otros con pan, desfilaban por la boca central del túnel para la gran celebración, y yo, a contramano de toda aquella columna inapropiadamente bella.
La ópera prima de Mercedes Yacante estaba programada para las 19:00 horas en Artify y no podía llegar tarde, así que me tiré sobre una pirámide de damajuanas vacías en el ascensor de Caronte para subir a tiempo al mundo de los mortales. Llegué tan a horario, que la banda de música, recién se estaba acomodando. No había mucha gente en la sala y el personal que se encontraba ahí, era casi todo, del mismo Club Artify. Afinando detalles, preparando la escena para que la presentación fuera perfecta. Inmerso en los entretelones tuve unos instantes de la exposición, solo para mí.
Mercedes es deliciosamente Dark. «Entre símbolos y sueños» me abrazaba de forma confortable y sin oponer ningún tipo de resistencia dejé que lo hiciera. Y me van a perdonar; ¡pero me entregué!
Mientras miraba todos aquellos cuadros, recordé a mi Demonio Editora y sus clásicas y deliciosas ideas sobre la muerte. Como si me hablara antes de escribir. Un hechizo maléfico de pensamientos tortuosos surgía de las obras de una forma amigable y serena. La muestra parecía reflejarse sobre ella y el conjunto de gentes en los preparativos, un espejo del festival al otro lado del plano mortal.
Recordar a veces es mala cosa, y vino a mi memoria que yo estaba encargado de llevar la sal al inframundo. Sin tiempo para esperar que la muestra comenzara protocolarmente, me marché por las escaleras rumbo al supermercado. Compré la sal a la carrera y la despaché como venía por el ascensor para volver a la sala rápidamente. Al aterrizar nuevamente en Artify, la fiesta estaba en su apogeo.
La banda de músicos de «La pluma mágica» envuelta en luces estroboscópicas de todos los colores tenía al público entretenido. Moviéndome como una pieza de puzzle logré llegar al rincón donde está la mesita en la que viven las copas al momento en que el conjunto practicaba sus últimas notas. Las tradicionales dicroicas se encendieron, todos aplaudieron, y como por arte de magia, yo estaba otra vez ahí; de nuevo, para sorpresa de algunos que me habían visto marchar. Sí, me perdí de todo; las palabas de presentación, la inauguración, la música y las luces estroboscópicas. Aunque pude ver la repetición por internet.
Mercedes Yacante tiene óleos y acrílicos increíbles pero mis preferidos son los de la serie “Azul” de 2021. En particular una obra de título: “Luna” (o es lo que me pareció), donde seis mujeres desnudas vuelan en ronda, en torno a un fuego. Un óleo sobre lienzo de 120 cm x 85. Brujas netamente sanjuaninas en una bella noche de aquelarre. Evidentemente esta imagen de Mercedes ya estaba en mi cabeza, vaga, difusa… como mito tradicional, supongo, pero ¡estaba ahí! … Fue como encontrarme con uno de mis sueños.
El fuego, la luz, y el relato de superchería que habitan el inconsciente colectivo de trabajos secretos en Albardón en una noche de aquelarre. El cuadro es acompañado por un breve texto o poesía semejante a una oración: “Luna”: Invocamos en presencia del fuego, / el poder que yace dentro la Luna, / que afecta en nuestros interiores. / Siempre lo supimos, pero volvemos a olvidar, / una y otra vez sin cesar, / el universo experimentándose, es lo que somos, / pero libre te enfrento Caos, Diosa que todo lo observas, / ofrecemos esta danza a cambio de tus conocimientos infinitos.
Y los papeles con escritos, escondidos tras las columnas, guardaban aún más secretos. A esta altura del partido, el club Artify estaba a desbordar. Todos habían llegado entre las 19:30 y las 21:20. Un desenfreno de horarios que trastocaba mi agenda. En la galería, ya no había posibilidades de apreciar los cuadros desde una distancia prudente sin pisarle los pies a alguien. Un ambiente de algarabía inundaba el recinto.
Todos parecían haber encontrado su imagen y se movían con una sensación de provecho, agrupándose en torno a la preferida. Y en este lugar donde el vino fue siempre el gran protagonista, apareció el champagne. Siempre afable, el Club Artify me sorprendía con cosas nuevas; la música, el champagne y la iluminación estroboscópica. Objetos que no habían estado presentes en otras muestras. Y si lo estuvieron, yo no los había notado.
Entre el laberinto formado con personas, cuadros y charlas de la sala, me topé de repente, con un poema de Eric Díaz. Eric se dedica a surcar mundos y dimensiones. / Hoy vive esta experiencia humana y en sus tiempos / libres interpreta sueños y obras de arte, como en esta ocasión. / Actualmente trabaja en la empresa familiar, pero nunca / deja de lado el misticismo y la búsqueda espiritual.
Lo que me distrajo de la belleza de los colores de Mercedes. Sombrío y profundamente familiar estas letras retumbaron en mi cabeza. Impresas en Gadugi Bold estaban queriéndome decir algo… que no se, si interpreté bien… y el hambre se me desató. Las empanadas tenían olor a promesas; intenté controlarme… pero ya saben… Entre tanto, el celular ardía a mensajitos de demonios inquietos que auguraban el festival definitivo del inframundo. Tenía ganas de marcharme, pero también de quedarme… y me quedé, por lo que duran una o dos copas de vino más… Dejé en la mesita del cráneo, tras la columna, cuatro estrellas (sobre cinco) antes de marcharme… para llegar justo a tiempo al último viaje de Caronte por el ascensor al inframundo… pero esa, es otra historia.